Pablo Felizia/De la Redacción de UNO
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Saber cuántos duermen la siesta no es fácil de determinar, y menos encontrar un porcentaje que aporte el dato y dé un panorama. De todos modos hay indicadores. Los mismos demuestran que por lo menos para los paranaenses, ese período del día es sagrado y esperado desde temprano. La capital de la provincia no para de crecer demográficamente y ya es una urbe cercana a los 300.000 habitantes, con ciudades satélites que amplían su nivel de actividad. Y la provincia se ubica entre las siete más grandes del país.
El ritmo de vida y el crecimiento aún no le pueden ganar a la siesta
El ritmo de vida atenta todos los días contra algunas costumbres arraigadas desde siempre. Los horarios de trabajo, llegar a fin de mes y la velocidad que exigen los nuevos tiempos, atentan contra ese dormir un rato después de la jornada matutina. La siesta es sin duda uno de los momentos más esperados por muchos y tiene una explicación científica, o por lo menos hay profesionales de la salud de diferentes ciudades de Entre Ríos que hablan sobre ello.
No queda nadie
Paraná concentra, por ejemplo, el parque vehicular más grande de la provincia. Durante 2012 se registraron unas 30.746 motos y de esas, 4.723 corresponden a compras hechas en la capital. Además, en enero de este año se registraron y patentaron unas 16 por día. Incluso se estima que hay un auto cada 3,5 habitantes, mucho más que la media del país y ubican a la ciudad entre los primeros lugares.
Sin embargo un estudio indica que decae el 75% de la circulación pasadas las 13.45; el descenso es abrupto y la ciudad se vacía. Recién comienza a recuperar el ritmo a partir de las 16.45.
En ese período de tiempo, Paraná queda con el 25% de lo que circula a la mañana y no lo recupera del todo hasta el otro día. “Seguramente dormir la siesta hace bien porque descansa el cerebro. Por ejemplo es habitual recomendarlo en pacientes con traumatismos cerebrales. Lo ideal es que sean ocho horas de descanso nocturno y luego un tiempo después del mediodía para completar. De todos modos en la época que corre, no muchos pueden, sobre todo por los horarios de trabajo”, dijo a UNO Felipe Taleb, médico clínico del hospital 25 de Mayo de Diamante. También agregó: “Dormir la siesta es sano. Sobreexigir al organismo nunca es bueno, pero algunos no se acostumbran a dormir siesta, sobre todo cuando trabajás jornada completa y a veces te pasás”.
El comercio también es una fuente que permite vislumbrar esta característica. Salvo algunos bares, kioscos, drugstores, las verdulerías 24 horas, los grandes supermercados y en verano las heladerías, a la siesta todo lo demás se cierra.
Incluso es posible ver cómo la Peatonal se vacía. El cambio de movimiento se da en tan pocos minutos y es tan grande la diferencia, que llama la atención a quien se detiene a observarlo. Además hay quienes se apuran: los que salen más tarde que el resto de sus trabajos aprietan el paso para llegar a sus casas aunque tengan todavía varias horas por delante.
Una breve pausa
Durante este período del día, el cuerpo pide descansar como una breve pausa para recuperar energías, el cerebro requiere el descanso para que no sea molesto ni se altere el ciclo de sueño nocturno. La mayoría de los médicos recomiendan y aseguran que cada persona debe dormir entre seis y ocho horas corridas por noche, pero a veces no se puede.
“Todo depende de las horas de sueño. Si no se llega a las ocho horas hay que completarlas pero no es lo recomendable; lo mejor es dormirlas de corrido. Hay actividades laborales o deportivas que necesitan un mayor gasto energético y se necesita descansar. Al dormir, el único gasto es el de un metabolismo más alto”, dijo Gonzalo Pellenc, médico de la guardia del hospital de Cerrito.
Costumbres
El ritmo de vida se modifica con el paso del tiempo y atenta de alguna forma contra esta costumbre arraigada. A las 13 aproximadamente, los al menos 54 empleados públicos cada 1.000 habitantes de la provincia, comienzan a retornan a sus hogares. Entre el colectivo, caminar, y volver en moto o auto, son aproximadamente unos 45 minutos lo que se demora en vaciar la ciudad. En promedio, un empleado público por cada 18 habitantes son los que retornan a sus hogares a la hora antes descripta y ya completaron su jornada.
Cuando la marea de inmigrantes llegó al país, a comienzos del siglo XX, los obreros y las obreras en las grandes ciudades se levantaban de dormir y otros inmediatamente ocupaban sus lugares.
Se llamó “a cama caliente”, esa forma de vida que imprimía sobre las espaldas de los trabajadores una jornada laboral que se extendía en el tiempo. Incluso existió la ‘maroma’, que eran sogas amuradas a la pared a la altura de los hombros. Quien optaba por ese método o no tenía otra opción, debía pasárselas por debajo de las axilas y dejar caer el peso del cuerpo: dormían parados.
Descansar a la siesta a veces es una necesidad, otras una costumbre. En la época de los romanos, existía la Regla de San Benito: norma que incluía la obligación de guardar reposo y silencio después de la “sexta hora”, es decir, del mediodía en el momento de mayor calor.
Algunos sostienen que ahí tuvo su origen la palabra “sextear” que después se deformó en el popular “sestear” o “guardar la siesta”.
Como sea y a pesar de todo, ese momento del día aún hoy es sagrado, y si no, es posible coincidir con una frase que le pertenece al general Perón o atribuida a él como tantas otras: “Para el que duerme la siesta, amanece dos veces”.
Ruidos molestos que alteran la calma
En el Centro de Mediación de la Defensoría del Pueblo se atienden casos por ruidos molestos. Muchos de ellos y en un gran porcentaje son por discusiones y peleas entre vecinos, por molestias a la hora de la siesta. Sin embargo no es fácil determinar ese período del día porque es diferente en cada persona o familia.
Irina Chausovsky, titular del Centro, dijo a UNO: “En la mediación no se tiene en cuenta la legislación; es combinar intereses y preocupaciones. Con esos casos, lo que se busca es que las partes entiendan que tienen distintos horarios. A veces uno trabaja y otro no y por eso llegan a la discusión”.
Sostiene que en realidad tiene que ver con una costumbre que para algunos comienza a partir de las 14 y se extiende a las 16 y para otros, por ejemplo, comienza a las 13 y termina a las 15.
“Es así como hay gente que si no vuelve a su casa a la siesta no se entera del ruido de una construcción al lado. Son casos muy comunes y lo que se busca es la posibilidad de conversar”, agregó, como un método eficaz para el entendimiento entre vecinos.
Recomiendan que en los niños de 5 años se deben priorizar las horas de actividad
Muchos padres mandan a sus hijos a dormir la siesta, incluso cuando ellos no quieren. “Porque si no después se duerme temprano”; “Para poder descansar uno”; “Porque les hace bien”, son algunas de las frases que se escuchan habitualmente.
Jorge Rebot es un médico pediatra de la ciudad de Concordia y tiene una experiencia profesional de 50 años.
Consultado por los beneficios de que los niños duerman la siesta, señaló: “Es siempre una pregunta difícil de responder. Es así porque depende de la edad que tengan los niños. No es lo mismo un chico de 2 años que otro de 12”.
En este sentido indicó que si son muy pequeños es conveniente que duerman, de hecho es lo recomendable. Por el contrario, si ya son mayores y tienen entre 5 y 6 años no hace falta, e incluso puede que no sea bueno. “De acuerdo con la edad es necesario que duerma, sobre todo cuando son bebés, pero después se debe priorizar la actividad del chico el máximo posible de horas y no recomendar que duerma tanto la siesta”, agregó.
Los recién nacidos o con pocos meses por lo general duermen como un hecho natural. “Necesitan dormir mucho por sus actividades cerebrales. Cuando lo hacen el cerebro continúa su trabajo y tiene que absorber todos los informes de cuando está despierto. Eso lleva su tiempo y lo realiza durmiendo. Por eso los chicos pequeños que hoy tienen tanta estimulación deberían dormir lo más que puedan. Por el contrario, los más grandes y más desarrollados, lo que necesitan es recibir cada vez más información porque la procesan mas rápidamente y no es necesaria la siesta”, explicó el experimentado pediatra.
Además dio como ejemplo una situación cotidiana. Sostiene que los chicos de 5 y 6 años en promedio, duermen la siesta cuando los padres los mandan, pero por lo general no les gusta o no quieren, prefieren hacer otras cosas, como por ejemplo jugar al aire libre o con la computadora. “Tienen que desarrollar su actividad y aprovechar las horas y muchas veces el adulto, por comodidad, trata de que duerma pero no es algo que a esa edad se considere necesario”, remató.














