Hace un año, el 24 de diciembre de 2015, el periodista del diario La Nación Antonio de Turris apuñaló a su pareja Claudia Servino en el chalet de Banfield donde ambos vivían, en el sur del Gran Buenos Aires. Quizás por su condición de hombre de medios, el femicidio fue uno de los que menos cobertura tuvo y desapareció enseguida de las páginas de los diarios y de los noticieros.
La autopsia determinó que Servino recibió 79 puñaladas, muchas de ellas en la espalda, cuando intentaba escapar y fue atacada en el garaje de la casa, donde se resbaló antes de poder llegar a la vereda. Se supone que el cuchillo, cuando ingresó en el cuerpo una y otra vez, golpeó con alguno de los huesos y por eso se terminó doblando.
Para la Justicia no hay dudas de que De Turris fue el asesino de Servino, la mujer de la que se había enamorado, luego de haber sido presentados por una amiga en común. Las dudas de la Justicia pasan por determinar si el periodista es inimputable; estos es si era consciente de sus actos.
De Turris tiene un tumor cerebral y recibe medicación psiquiátrica. Algunos de los médicos y psiquiatras que lo revisaron a lo largo de este año nunca dieron una opinión concluyente. La tesis de quienes lo defienden es que ese tumor afectó su conducta y que apuñaló a su pareja porque creía que ella lo iba a matar.
Sin embargo, los testimonios de las amigas que declararon en la causa son coincidentes: De Turris tenía una actitud controladora, dominante, y golpeaba a Claudia muchos antes de que se le hubieran diagnosticado el tumor. Ese rasgo eran enfermizo que De Turris obligaba a su pareja a que le enviara una foto cada vez que tenía una salida con sus amigas.
Hace un mes, la jueza de Garantías de Lomas de Zamora, Laura Nini, que entiende en la causa, se negó a decretar el sobreseimiento de De Turris pedido por la defensa oficial, antes los informes contradictorios de los profesionales que examinaron al homicida. Y ordenó al Cuerpo Médico forense que designe a tres psiquiatras para realizar un nuevo peritaje al acusado.
La jueza le pidió a los peritos que determinen, entre otros elementos:
- Si en el momento del crimen, De Turris poseía “alguna alteración morbosa de sus facultades”.
- Si se encontraba en condiciones de comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones.
- Si al momento del hecho era peligroso para sí y para terceros.
- En qué momento se convirtió en peligroso para sí o para terceros.
- Si en la actualidad es peligroso para sí o para terceros.
- Si en la actualidad tiene ideación delirante o paranoico.













