Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO
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A preparar los afiches, que termina el Mundial
A la cumbre del fútbol mundial le queda menos del 20%. De 64 partidos se han jugado ya 52, y si bien la docena que queda incluye los más emotivos; muchos ya están pensando en lo que viene después. Y la dirigencia política no escapa a este pensamiento.
El evento deportivo fue tomado/impuesto como una fecha clave en el desarrollo de las campañas electorales pensadas hacia 2015, incluso en las de aquella que saldrán a la luz con posterioridad a su finalización.
El Mundial marca tal vez el último evento que, con certeza, atraerá la atención de la amplia mayoría de los ciudadanos, y por lo tanto es inútil intentar captar la atención masiva durante este período. Ya sea por el descubrimiento que hicieron muchas mujeres del gran futbolista Ezequiel Lavezzi, por la discusión sobre el adelantamiento de Júlio César Soares Espíndola en los penales contra Chile o por el opaco paso de Cristiano Ronaldo por el torneo; pero todos hablamos de fútbol, en los medios, en la escuela, en la calle.
Sin embargo, ya hay varios que decidieron remojar el engrudo para salir de campaña proselitista en la provincia apenas las cosas retornen a la normalidad. Lo hacen convencidos de que durante la segunda mitad de 2014 se configurarán varios parámetros del 2015 electoral que se viene.
Más allá de la duda de los precandidatos oficialistas sobre cuándo será el momento adecuado, es posible pensar que tras el Mundial el panorama de candidaturas provinciales irá tendiendo a aclararse, aún en su complejidad. En el oficialismo el menú de aspirantes para suceder a Sergio Urribarri es amplio todavía, pero más acotado que hace seis u ocho meses. Los ministros Adán Bahl, José Lauritto y Pedro Báez; los intendentes Gustavo Bordet y Juan José Bahillo; el vicegobernador José Cáceres, el diputado nacional Julio Solanas y el provincial Marcelo Bisogni están anotados casi con certeza.
Como sea, la resolución de la fórmula tendrá el sello de Urribarri, principal elector de la provincia. La idea de un armado por afuera de su cobertura, que sería el de Bisogni, es por ahora un ejercicio de especulación. A eso hay que sumarle que el sciolismo no busca referentes y su desarrollo en la provincia no avanzará este año en la idea de sumar dirigentes.
Es casi un hecho que tras el Mundial no habrá un banderazo del gobernador para largar la campaña provincial, pero Urribarri sabe mejor que nadie que está en marcha y que esos tiempos de la política no pueden modificarse. Estará en su habilidad lograr que los dirigentes con aspiraciones aporten lo mejor se sí a la gestión que, como siempre, es la mejor campaña.
Los radicales se debaten entre los que quieren sumar a Alfredo De Ángeli, los que aceptarían sumarlo a regañadientes y los que creen que pueden sin él.
Casi todos rechazan en público una alianza con el PRO, pero el senador entrerriano y macrista es parte de ese bloque. La idea de muchos es mostrarlo como algo distinto al PRO, porque creen que en realidad se llevó consigo muchos votos que eran radicales. Los primeros pasos de la UNEN provincial y la elección de autoridades partidarias en octubre irán marcando un rumbo en ese sentido.
En el Frente Renovador es donde la cuestión parece estar más ordenada. Hay dos precandidatos a gobernador en campaña: el intendente de Villaguay, Adrián Fuertes, y el exdiputado nacional Gustavo Zavallo (con el apoyo de Jorge Busti).
Nada indica hoy que la situación se resolverá este año en favor de uno de ellos. Fuertes cree que el urribarrismo prepara una elección provincial anticipada, en el mes de marzo, para sorprender a la oposición desorganizada.
“Quieren madrugarnos”, sostiene el villaguayense presionando por definiciones acerca de la reforma electoral que anunció en febrero el oficialismo por boca de Urribarri.
Lo que parece claro es que esa reforma de la legislación electoral (Ley Castrillón) será la herramienta con la que le oficialismo marcará la cancha del partido que concluye en las PASO. La primera idea es de apertura, para permitir internas en las que todos sumen hacia arriba. En ese contexto la suerte de la precandidatura presidencial de Urribarri también será determinante.
Queda claro que en política, tras el Mundial, queda un largo partido por jugar.













