Educación
Lunes 28 de Noviembre de 2016

La escuela sentada en el banquillo de los acusados

Violencia escolar. Asesoras pedagógicas coinciden que no hay más casos, sino que están más visibilizados y, en algunos casos, sobredimensionados. Sí hay nuevos modos, más virulentos, y escasa contención de la impulsividad.

Un chico internado en el hospital San Roque tras una golpiza recibida por compañeros de la escuela; una alumna que golpeó a una docente en San Benito y que derivó en la intervención de la Policía; un alumno que amenaza con una navaja a sus compañeros; diaria repercusión de casos de bullying, con dispares y gravísimas consecuencias; habituales maltratos psicológicos y verbales en el ámbito educativo; ataques grupales o peleas individuales, son algunos de los últimos hechos en Paraná y en la región, con características que parecen haberse generalizado y tornados como problemáticas cotidianas acerca de la realidad educativa.
Rodeada de una conflictiva realidad social, existe una sensación o percepción de más casos de violencia. Creciente discriminación, hostigamiento verbal y agresión física, humillación escolar, que no es privativo de un sector social, sino que abarca y se extiende, de distintas formas, en instituciones públicas y privadas. ¿Es la escuela hoy más violenta? ¿Su margen de acción es mínimo, ante una comunidad propensa a la resolución violenta de los conflictos? ¿Tiene herramientas para intervenir? ¿Qué hace y qué deja de hacer para contribuir a la convivencia pacífica y al desarrollo de valores sociales? ¿Hay instituciones que no reconocen y esconden los problemas, y demoran las intervenciones?
Una cosa es un conflicto, y otra, la violencia. Una pelea entre alumnos a la salida de un establecimiento escolar, las agresiones en las redes sociales que explotan luego en las aulas, patios o en la vereda, o incluso hasta una discusión o agresión verbal se han impuesto genéricamente en los últimos años, como violencia escolar.
En verdad, hay una sociedad cada vez más virulenta, que ejerce poco los valores de la convivencia, el respeto o el reconocimiento del otro, con poco apego a la resolución de los conflictos por otras vías que no sean la agresión o el ataque, sino el diálogo o incluso la prevención.
En ese marco, la escuela recibe el dedo acusatorio por lo que no hacen los padres, las familias o incluso las políticas públicas. Y resulta obvio, pero la institución escolar no es ajena a la realidad social.
De todos modos, en torno a esa percepción de incrementos de los casos de violencia escolar se basa también en la mayor visibilidad de estas situaciones –que constituyen una saludable conducta para enfrentar las problemáticas–, y también un sobredimensionamiento generado a través de la multiplicación mediática de un asunto.
En estas consideraciones coinciden muchos especialistas en Educación, y fueron avaladas por asesoras pedagógicas de instituciones escolares de la provincia, consultadas por UNO.
"Considero que no hay más casos de lo que se denomina violencia escolar. Son los mismos, solo que uno al trabajar con los adolescentes se les enseña a que hagan visible esto, que puedan contar lo que les está pasando, y a nivel institucional también. Al haber más conocimiento de lo que es violencia, uno intenta que la contraparte sea que se haga visible", opinó la psicóloga Carolina Maidana, integrante de gabinetes psicopedagógicos de las escuelas técnicas Nº 2 Almirante Brown y Nº 3 Enrique Carbó.
"El conflicto es parte de lo diario. Lo que pasa es que los modos que tenemos de resolver últimamente no son los más adecuados" "El conflicto es parte de lo diario. Lo que pasa es que los modos que tenemos de resolver últimamente no son los más adecuados". Carolina Maidana, asesora pedagógica.
, acotó la profesional. Y ante la consulta de UNO acerca de lo que sucede en el entorno social, planteó: "Hoy uno va por la calle y antes no se veían estas situaciones de violencia; hay un manejo de la impulsividad diferente, o no hay manejo. A alguien se le ocurre decir algo y no tiene en cuenta al otro. Entonces creo que las escuelas estamos teniendo el mismo nivel de violencia que existe en la sociedad, porque uno va viendo que al ser seres sociales, los chicos van observando situaciones, viven situaciones y luego las reproducen en las escuelas. No creo que los adolescentes sean los responsables, también los adultos que no manejamos algunas cuestiones sociales".
En línea con esa idea se expresó Rita María de la Paz Gotardo, profesora de Ciencias de la Educación y asesora pedagógica en instituciones secundarios de La Paz. "La escuela no puede hacer todo, y menos sola". Y consideró que "la violencia nunca ha sido ajena" a las aulas: "El tema es qué hacemos con eso. Y la escuela es, ha sido y sigue siendo reflejo de la sociedad".
"Hechos de violencia hubo siempre; pero es verdad que de un momento para el otro hablar de violencia en las escuelas se puso de moda, tanto como el problemático bullying. Si creo que hay nuevos casos y modos de violencia. Por ejemplo: la escuela surgió bajo ciertos mandatos en donde el castigo físico y verbal era parte del trabajo pedagógico. Por suerte, y gracias a nuevos paradigmas pedagógicos, esto se pudo revertir. Pero lamentablemente se fueron dando lugar a otros modos de violencia: antes era el docente el que castigaba, y ahora son los padres y alumnos los que castigan al docente. Y también es cierto que los medios han sobredimensionado este tema".

Miradas personales
La psicóloga Carolina Maidana remarcó la importancia de visibilizar los conflictos o casos de violencia. En tal sentido, ejemplificó: "Cuando damos un taller de educación sexual y damos violencia de género, y el cuidado de sí mismo, aparecen muchas situaciones que ya estaban y no eran invisibles. En muchos talleres de educación sexual, después va el alumno y cuenta lo que le está pasando, y hablamos de situaciones de abuso. Por eso creo que no hay más de violencia, sino que se ahora hacen más visibles, y es mejor porque las instituciones que están encargadas de solucionar, de acompañar, de hacer el tratamiento pueden ver esas cosas que antes se ocultaban más".
"Hace pocos días –amplió– coincidió una situación similar en cada escuela que estoy. En un caso una chica le pegó una cachetada a otra, y en el otro, un empujó sin querer. Las dos nenas me dijeron 'Se me fue la mano'. Es como que socialmente hay mayor impulsividad y se pasa al acto inmediatamente. Se ha perdido un poco la capacidad de reflexión, de conocimiento de un mismo, de poder identificarse sentimentalmente qué nos está pasando a partir de algunas conductas que pasan".
–Hay una incapacidad social para medir los impulsos, y hay también hasta casi una negación del otro.
–Sí, no se miden los impulsos. Y también los chicos en esta hiperactividad y tanta información que manejan, es como que madurativamente no tienen capacidad de procesar esa información. Entonces tenemos que estar los adultos como guías para ayudarlos en el proceso de elaboración de lo que sienten y lo que pasa, para que puedan actuar de una manera más saludable. Lo que pregona la escuela es que haya una convivencia armónica, democrática y más justa, que exista el respeto y el cuidado de sí mismo y del otro. Ese es el trabajo para prevenir la violencia, porque yo no creo que tengamos que trabajar después que pasa una situación de violencia. Considero más importante el trabajo previo, preventivo, de enseñarles a los chicos a superar realidades sociales de frustración, situaciones donde el otro me dice algo verbal o maltratando, no para aceptar eso, sino para responder de una forma no agresiva ni violenta como ejerce el otro.
–Qué puede hacer la escuela en este contexto? Tiene margen de acción pese a su entorno? Alcanza para cambios concretos o tiene que asociarse a un proceso lento, de cambio cultural?
–Las escuelas somos como una sociedad más chica, donde lo que pasa y se produce en la sociedad, también pasa a la escuela. Todos los docentes cuando planifican el aspecto disciplinar de la materia, planifican los modos de transmitir los valores, la vinculación entre ellos. La mayoría de los Profes hacen consignas grupales para trabajar esta cuestión, con contenidos transversales que apuntan a la formación integral del adolescente, el acompañamiento en la formación disciplinar, y de ellos como seres humanos para la vida adulta. Lo que pasa es que obviamente hay muchos factores: en mi caso trabajo en dos escuelas con gabinetes interdisciplinarios, con distintos profesionales, pero no todas las escuelas tienen la misma conformación.
Por otro lado, se hacen días de convivencia, recreativos, campamentos, donde el objetivo es que se conozcan y que trabajen juntos.
¿Alcanzan? Frente a la realidad diaria, seguro que no, pero sí sé que hay modificaciones de actitudes después de que los chicos pasan por experiencias recreativas, de compartir. Cambian. Soy una defensora de la educación y fundamentalmente de la educación pública: creo que la educación brinda otros parámetros de relación, otras formas de vinculación, además de lo familiar. Por eso uno insiste tanto en que los chicos terminen la escuela, más allá de que es ley la obligación de tener secundaria cumplida. Creo que la escuela los forma en otros aspectos más allá de lo disciplinar. En general tampoco significa que todos los chicos sean violentos, en la escuela puede haber tres o cuatro chicos con dificultades de relación, pero tampoco no todas las situaciones conflictivas son de violencia, porque violencia tiene mucho que ver cuando está en juego el manejo del poder, y a veces son estilos de relación disfuncionales, que no llegan a ser violencia.

La responsabilidad de los adultos
Como reseñó inicialmente, para Maidana no todos los conflictos son situaciones de violencia. Y en ese marco planteó: "Cuando aparece un conflicto lo vemos como una oportunidad para el aprendizaje de otros modos de relacionarnos. El tema de la comunicación se trabaja mucho en las escuelas: cómo nos comunicamos y que sea una comunicación efectiva. Y cuando trabajamos con los padre, también le explicamos que cuando el papá le dice al chico 'vos tenés que defenderte', le marcamos que la defensa es no solamente contraatacar al otro cuando me ataca, sino que una forma de defendernos es buscar ayuda del adulto, que sea otra forma de defensa al ataque, porque si no estamos respondiendo de la misma forma".
Finalmente, acerca de las redes sociales que constituyen una de las herramientas actuales más usadas para la agresión y discriminación entre jóvenes, Maidana contó que en las escuelas donde se desempeñan se realizan talleres con papás y con los chicos, acerca del uso responsable de las redes sociales.
"Muchas de las situaciones de conflictos de los chicos pasan porque estando en la casa a la tarde, 'tiran' un estado de manera general, con el que identifican y al otro día cuando se encuentran en la escuela, discuten. Ante estas situaciones, muchas veces es importante el que no está en el conflicto, trabajando sobre la responsabilidad y el compromiso, porque al conocer y saber puede anticipar algún motivo de tensión que exista, y de ese modo participar en la resolución del conflicto.
También se hace hincapié en el uso responsable de información que se sube a las redes, o de fotos. Hay papás que cuando trabajamos no tienen ni idea de esos usos, y cuando empiezan a recibir explicaciones, entran en pánico al conocer los riesgos. Entonces se les enseña, sin invadir la privacidad del adolescente pero trabajando en el cuidado y resguardo, a que generen un diálogo de confianza con los chicos.

Una realidad que compromete a todos
"Trabajar la violencia en las escuelas es una tarea que nos sigue demandando como docentes, y que no se puede negar. Pero insisto en esto: la escuela no puede hacer todo, y menos sola", planteó la profesora en Ciencias de la Educación Rita Gotardo, que además de ser asesora pedagógica en el Instituto D-207 San Isidro Labrador y en la Escuela de Jóvenes y Adultos D-52 de La Paz, es docente de nivel secundario, universitario y terciario.
–¿Qué puede hacer y qué está haciendo la escuela, para frenar la violencia en su ámbito? ¿Tiene margen de acción, frente a una sociedad violenta?
–La escuela, además de tener un rol pedagógico, también tiene una tarea social. "La escuela, además de tener un rol pedagógico, también tiene una tarea social". Rita Gotardo, profesora de Ciencias de la Educación. Ante esto tiene la urgente demanda de abordar no sólo la violencia sino también otras problemáticas como las adicciones, la educación sexual, la violencia de género. ¿Cómo? Desde la prevención. ¿Y qué sería prevenir? Sería actuar 'antes de que las cosas sucedan'. Es decir, mediante talleres, charlas, trabajos en red con otros profesionales, talleres para padres, y no 'dar la espalda nunca ni pasar la pelota a otros actores o instituciones". Si nos ponemos a pensar, la escuela es un lugar de referencia muy fuerte, y los niños y adolescentes que la transitan.
Muchas veces buscan que otro los escucha o simplemente los entienda. En estos últimos años, desde Nación se han brindado materiales y capacitaciones sobre el tema. Y es la responsabilidad de cada docente seguir formándose, interiorizándose y preocupándose por poder adquirir las herramientas para trabajarlo en las aulas y fuera de ellas.
–¿Qué se puede hacer con los chicos, cuando los adultos en la familia o en la vida comunitaria no cooperan?
–Es un trabajo de hormiga. Desde la escuela siempre se avisa a las familias, se los trata de incluir bajo todos los medios posibles. Hasta el Acuerdo Escolar de convivencia de cada institución se construye con las familias. Desde el año 2013, en las instituciones se realiza una Jornada propuesta por Nación llamada Escuela-Comunidad y Familia, en donde se busca fortalecer los vínculos entre los tres contextos.
La idea es poder trabajarlo por lo menos dos o tres veces al año, mediante actividades en donde se aborde la enseñanza, los derechos, el respeto, entre otras temáticas adaptadas a lo que cada escuela necesita. En estas actividades se invita a los padres a trabajar conjuntamente. No es fácil que vengan todos los padres, pero con los pocos que asisten se aprovecha al máximo para poder reflexionar sobre lo que pasa, nos pasa y les pasa a los jóvenes.

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