Secciones

Domingo 23 de Junio de 2019

“Sentí culpa… porque me podía haber ido, porque no tenía que haberme puesto a hablar con gente que no conozco, porque me separé de mi amigo, porque me quedé sola en una ciudad que no conocía. Me quitaron las ganas de hacer cualquier cosa…”. Esto dijo la víctima de “La Manada” en el primer juicio contra sus cinco violadores, ante el Tribunal de Navarra, que en abril de 2018, los condenó a nueve años de prisión por “abuso”. Pero el viernes el máximo tribunal de Justicia de España revocó ese fallo y amplió la condena al calificar los hechos como “delito continuado de violación” y aplicar como agravantes el “trato vejatorio” y la “actuación conjunta de dos o más personas”. Así, José Prenda, Alfonso Cabezuelo, Ángel Boza, Antonio Guerrero y Jesús Escudero, los cinco amigos que atacaron a la joven de 18 años en la Fiesta de San Fermín, en 2016, fueron condenados a 15 años de prisión.

La joven llegó a Pamplona con un amigo para “el encierro de San Fermín”. Allí fue violada bucal, vaginal y analmente varias veces por estos cinco sátiros que, además grabaron y difundieron un video de la violación. Uno de ellos (Guerrero) fue condenado a dos años adicionales por robarle a la víctima tras el hecho. El mal nacido, además, era un guardia civil. Pero la joven sevillana no solo fue violada por “La Manada”, también la vejaron jueces y abogados durante un proceso judicial, en el que pusieron en duda su testimonio. Las preguntas giraron en torno al alcohol que consumió o si hubo “flirteo” con los victimarios. También cuestionaron su actitud pasiva ante la agresión, ignorando que eran cinco contra ella, haciendo oídos sordos a las negaciones al ser consultada si había consentido una relación sexual grupal, como si no se entendiese que en una violación se impone la fuerza, sea con violencia o con intimidación, y que –como bien señaló la fiscal– “no se puede pedir a la víctima una actitud peligrosamente heroica”.

El defensor de los violadores, Agustín Martínez dijo que “ella quería hacerlo”; que “no le habían hecho suficiente daño” y que no dijo la palabra “No”. De sus argumentos se desprende que los hombres necesitan ayuda para controlar el depredador sexual que llevan dentro. En contrapartida insinuó que una mujer debe saber refrenar esos instintos de macho cabrío, no provocándolos. Según Martínez, una mujer virtuosa debe pelear hasta sangrar y dejarse matar, si es necesario, para defender la honra, de lo contrario es puta y le gusta que la violen. Estos argumentos también deberían ofender a los hombres ya que los rebaja a la categoría de animal. Se debería entender, de una vez por todas, que las relaciones sexuales requieren consentimiento de todas las partes intervinientes, inclusive el de los hombres, que deberían dejar de sentirse culturalmente obligados a decir que sí y a estar sexualmente predispuestos todo el tiempo.

El fallo es histórico para la Justicia española y se alineó al reclamo de los colectivos de mujeres que acompañaron a la víctima y le dijeron #HermanaYoSíTeCreo. Imposible haber llegado a esta condena sin ellas en las calles. Y si bien sienta jurisprudencia, no basta para un cambio profundo. Este solo llegará con funcionarios judiciales sensibles y formados. Porque la Justicia sin perspectiva de género no es justicia. Si no veamos lo qué pasó en Entre Ríos, con la defensa corporativa que recibió en su jury Carlos Rossi, el juez que liberó al violador y femicida de Micaela García.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario