El Centro Amigos del Ciego de Entre Ríos (CACER) volvió a poner en marcha sus diversos talleres y, con ellos, una invitación abierta a toda la comunidad: acercarse, compartir y descubrir que siempre hay algo nuevo por aprender y por sentir.
El Centro Amigos del Ciego de Entre Ríos invita a distintos talleres abiertos a la comunidad
Yoga, ritmos, bachata, música y estimulación de la memoria son algunas propuestas que ya están en marcha en el Centro Amigos del Ciego de Entre Ríos
Por Vanesa Erbes
Vanesa Erbes
El Centro de Amigos del Ciego de Entre Ríos tiene diversas actividades para compartir
Se trata de un lugar lleno de movimiento, encuentros y afecto, que en octubre del año pasado cumplió 65 años de existencia. Ubicado en San Martín 1367, entre Villaguay y Carbó, en pleno centro de Paraná y a sólo dos cuadras de la Peatonal, CACER abre sus puertas a toda persona que quiera acercarse. No hace falta experiencia previa, ni condiciones especiales: sólo ganas. “Es tanto el amor que hay para dar al prójimo”, resumió con calidez Rosa Cabuche, presidenta de la institución, quien lleva más de dos décadas formando parte de este espacio que define, sin dudar, como una gran familia.
Variadas propuestas en el Centro Amigos del Ciego de Entre Ríos
Desde los primeros días de marzo, CACER retomó sus actividades con propuestas pensadas tanto para personas no videntes como para el público en general. La premisa es clara: nadie tiene que quedarse quieto.
El yoga fue uno de los primeros talleres en arrancar. Se dicta los martes y jueves de 17 a 18, y también cuenta con un espacio específico para personas no videntes los viernes por la tarde, de 16.30 a 17.30. “Es una actividad que sana del alma”, aseguró Rosa, convencida de los beneficios físicos, emocionales y espirituales de esta práctica que ella misma sostiene desde hace 13 años.
Para quienes buscan activar la memoria y la mente, los miércoles hay talleres de estimulación cognitiva, orientados especialmente a personas con discapacidad visual. Y para quienes prefieren el ritmo, la propuesta es tan variada como divertida: clases de bachata los martes y jueves de 20 a 22 y un taller de ritmos que se dicta por la mañana. “Nadie se puede quedar quieto”, afirmó Rosa entre risas.
La música también tiene su lugar, con encuentros pensados para adultos mayores que encuentran en el sonido una forma de expresión y disfrute. “Serán viejitos, pero les gusta la música, y hay que seguir el compás”, agregó Rosa con ternura.
Mucho más que talleres
Pero CACER no es solo un lugar donde aprender o ejercitarse. Es, ante todo, un espacio de encuentro. Un refugio para quienes buscan compañía, contención o simplemente salir de la rutina. “Hay gente que se siente sola en la casa. Acá viene y encuentra amigos”, contó Rosa. Y no es una frase hecha: los grupos que se forman en los talleres trascienden la actividad en sí. Se organizan cumpleaños, se comparten mates, se generan vínculos que perduran en el tiempo.
Además, la institución cuenta con un salón amplio y equipado, disponible en alquiler para eventos familiares, con importantes descuentos para los socios de CACER. El espacio se ofrece como una alternativa accesible para reuniones en un entorno cuidado y cálido, donde habitualmente se hacen desde cumpleaños hasta casamientos. “También, por qué no, se pueden hacer además festejos de divorcio”, propuso Rosa con humor.
Campaña de socios
En un contexto económico complejo, CACER mantiene abierta su campaña de socios con una cuota mínima que arranca en los 2.000 pesos, que permite a la institución sostener gastos básicos como limpieza e insumos. “Todo suma”, señaló Rosa, invitando a más gente a asociarse, colaborando y siendo parte de una red que se construye entre todos.
Inclusión y solidaridad
Consultada sobre las dificultades cotidianas que enfrentan las personas ciegas en la vía pública en Paraná, tales como motos mal estacionadas, veredas en mal estado, obstáculos inesperados, Rosa no dudó en señalar la realidad presenta desafíos. Sin embargo, también rescató un valor fundamental: la solidaridad de la gente. “Cuando uno está esperando, la gente se acerca, pregunta si necesitás ayuda. Eso es muy importante”, destacó.
En ese sentido, insistió en la necesidad de tomar conciencia como sociedad: estar atentos, ofrecer una mano, respetar los espacios. “Entre todos, con un granito de arena, lo vamos a lograr”, afirmó.
La historia de Rosa está profundamente ligada a la institución. Tras perder la vista, encontró en CACER un lugar donde reconstruirse, apoyarse y seguir adelante. “Para mí, el amor lo encontré acá”, dijo sin rodeos.
A través de CACER participó durante años en actividades deportivas como bochas para no videntes, actividad con la que registró grandes logros: formó parte de grupos, generó amistades y hoy lidera el espacio con la misma convicción con la que un día llegó buscando contención.
Su mensaje es claro: no detenerse, buscar, moverse, animarse. “Hay tantas cosas que todavía podemos lograr”, aseguró.
Una invitación abierta
Además de la capacitación, el Centro se enfoca en el aspecto humano, brindando contención afectiva y espacios de encuentro para las familias. “Si vienen aunque sea a tomar unos mates a nuestra institución, son todos bienvenidos”, afirma Rosa quien adelantó que está abierto de tarde, y martes y jueves también de mañana, para poder consultar e inscribirse en los cursos, o visitar la entidad. Porque, en definitiva, de eso se trata: de compartir.
En tiempos donde el individualismo muchas veces gana terreno, espacios como CACER recuerdan algo esencial: que el bienestar también se construye en comunidad. Y que, a veces, moverse un poco, no sólo con el cuerpo, sino también con el corazón, puede ser el primer paso para sentirse mejor.

















