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Una vuelta por el triatlón de La Paz

En donde se cruza el esfuerzo amateur de los atletas, los actores de la producción agroindustrial contaminante y la alegría potenciada por el consumo de alcohol.

Martes 21 de Enero de 2020

Cumplí con el objetivo de conocer cómo se vive el triatlón de La Paz por dentro y recopilé un montón de imágenes, sensaciones y emociones que intentaré contar en estas líneas.

Llegué el sábado a la ciudad del norte entrerriano, en donde viven cerca de 25.000 personas y lo primero que me sorprendió, ingresando por la avenida principal, que en un tramo lleva el nombre de Hermanos Kennedy, fue ver un mosquito fumigador estacionado a mano derecha en la puerta de un galpón.

Venía sugestionado porque el viernes a la noche escribí una nota basada en un video, y en la declaración del muchacho que lo filmó reclamaba que por los agroquímicos habían aparecido peces muertos en una vieja cantera de Maciá.

Hice el comentario de la máquina fumigadora, sacudí la cabeza y traté de pensar en el evento deportivo, que en la 36ª edición decidieron que las categorías principales corrieran el sábado. A las 10 las calles cercanas al centro neurálgico del triatlón estaban tomadas por atletas. Algunos pasaban corriendo y otros en bicicleta. Hombres y mujeres que, para controlar la ansiedad, comenzaban a moverse. Los que llegaron el día de la competencia, al parecer la mayoría, bajaban de las camionetas, dominantes en el parque automotor, y armaban las bicicletas en las veredas. Colocaban la rueda delantera y el bólido lleno de tecnología estaba listo para buscar su lugar en el parque cerrado que está en el Puerto de la ciudad.

En la calle que se encuentra entre una grúa enorme y el edificio de Prefectura Naval la organización acomodó unos bidones pintados de un anaranjado furioso que me llevaron a pensar en que eran los famosos “envases fitosanitarios” que los gobiernos todavía no resolvieron qué destino tendrán. Les saqué fotos y los comparé. Estoy casi seguro de que son los plásticos que contienen glifosato.

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El bidón de la polémica.

El bidón de la polémica.

Salí de la zona, caminé 100 metros y me ubiqué en un lugar privilegiado para observar la partida de los atletas, recién salidos del río, montando sus bicicletas. Los de la categoría Elite, al rato, bajaron a fondo por calle Belgrano dejaron las bicis y otra vez partieron para cubrir los cinco kilómetros corriendo. Tremendo espectáculo en movimiento lleno de energía en el medio de un tolerable calor de verano entrerriano.

Después largaron los que corrieron en las categorías “Sprint / MTB / Juv / Paratria” y en ese momento me fui por la misma Belgrano para recorrer España y San Martín en donde en cada cuadra había un equipo de sonido que estallaba de cumbia y reguetón. Los comercios y “emprendedores” estaban listos para hacer la diferencia grande en el año. Venden cervezas heladas y comida al paso para soportar las seis horas de competencia.

Mientras que los atletas dejan todo en las calles, en las veredas, familias enteras se ubican en sillones, sillas o el cordón de la calle, desde el mediodía a tomar Fernet, vino con hielo o cortado con jugo o gaseosa. El consumo de alcohol es tan alto como la pasión que genera la competencia deportiva que vive en las personas. Es genético. Los paceños entienden lo que sucede en cada metro de competencia. Un juvenil salió del río, buscó la bici, se subió en donde los partidores electrónicos le toman el tiempo y cuando intentó pedalear la rueda se trabó. Dos hombres del público intentaron ayudarlo hasta que llegó una mujer del servicio técnico, morocha, de rulos, con el chaleco negro del staff. Pidió calma, arregló el sistema de cambios bajo un sol de 32 grados, y logró que el gurí saliera a completar el recorrido. Pocos lo notaron pero el gesto fue enorme.

Calculé más de 900 inscriptos y descuento que cada uno de ellos tendrá una historia para contar. Como el grupo de atletas de Bajada Grande que viajó con la ayuda de la diputada nacional Mayda Cresto para seguir sumando experiencia en la disciplina.

El Tria, como esperaba, me impactó. Pero tratando de procesar la información entiendo que es por el cruce del inconmensurable esfuerzo amateur de los atletas, las señales de la producción agroindustrial contaminante y la alegría potenciada por el consumo de alcohol avalado con títulos repetitivos que hablan de “fiesta en las calles”.

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