Miradas
Domingo 19 de Agosto de 2018

El hombre y esa mujer

"Ya no bastan cuadernos, fotos, declaraciones o arrepentidos para tapar tantas urgencias, que se acrecientan día a día, sumando gastos y más gastos al tiempo que reducen los ingresos. Por si fuera poco, ahora también apelaron al famoso fondo sojero, que le saca ingresos a los municipios, los primeros que tienen la tarea de la contención de sus vecinos, los que están cara a cara con la crisis".

El tipo, sentado en la comodidad de su silla ergonómica, mira la pantalla de 25 pulgadas de la PC de la manzanita. Por abajo, el calor de la losa radiante de su enorme departamento le entibia los pies mientras mantiene caliente su ambiente. Es un hombre mayor, que supo andar tras los operativos, en plena dictadura, registrando en su libretita cómo se hacían, a quiénes se llevaban, recreando crónicas edulcoradas sobre atropellos a la razón y al derecho.

Acomoda los brazos y los finos y delicados dedos comienzan a teclear sus columnas que irán a páginas de diarios. En ellas, se muere por una foto de su archirrival femenina entrando en tribunales, para que trone el escarmiento sobre esa mujer que sigue desafiante a todos. Y a él.

El calor sigue en sus pies. Y comienza el clásico ruidito de las teclas, mientras, en la pantalla van apareciendo las afirmaciones, las sentencias, las órdenes. Porque ya a esta altura de su carrera, traspasada por dictaduras y cercanías al poder, ya en democracia, solo interrumpida por 12 años, cree contar con el poder suficiente para ordenar. Esos 12 años que detesta con todo su corazón.

Afuera, lejos de su cómodo hogar, millones de gentes sufren un agosto que se empeña en humedad y frío. Esa gente que mira de reojo los famosos cuadernos, que solo le remiten a los que pueden comprarle a sus hijos. Porque la realidad hoy en día pasa por sacar cuentas para parar la olla. Sabrá poco del guisito que se arma con 200 mangos para que vaya caliente a la panza familiar, mientras ya van pensando qué sigue para la cena o rogando que sobre algo del almuerzo. Una simple suma de 200 por 30 días, te deja 6.000, todo para cuatro integrantes de una familia tipo. Y después viene lo otro. El resto. Impuestos, luz, gas, moverte, nafta, bondi. Todo va sumando a la vez que achica los ingresos de la gente.

Pero el tipo está más allá de eso. Poco le importan los padecimientos de esa gentuza que tiene el tupé de votar y de votar mal, como él piensa que lo hacen. La pantalla de la Mac sigue largando pensamientos limpios. Rechazando la corrupción de todos y todas, pero solo de ese lado. Del lado que le gusta nunca lo hubo. Él sigue detrás de esa mujer. La quiere tras las rejas, con fotos, esas que él nunca sacó cuando los uniformes arreciaban.

En medio de esto, sus diarios siguen anunciando aumentos de la nafta (el segundo en 15 días), que siguen mermando los ya flacos bolsillos de todos y todas. No hablemos de los remedios, con jubilados que volvieron a elegir entre uno y otro, algo que hace años no se padecía en el país, mientras desde arriba bajan sentencias sobre ahorros, lebacs, dólares y lo que sea. Lenguajes que el hombre de la calle no entiende, enfocado en cómo parar la olla, en la diaria, en el vivir el padecimiento cotidiano.

Pero el hombre sigue. No descansará hasta buscar la imagen ejemplar que recorra el mundo para que él, y su cruzada, descansen tranquilos en la tibieza que le regala su losa radiante, que supo ganar tras años pensamientos impolutos, fervorosos de aquella Civilización o Barbarie que llega desde los inicios de los tiempos argentinos.

Y la gente sigue padeciendo todo, preguntándose hasta cuándo le seguirán sacando y sacando, con urgencias y padecimientos ciertos, palpables en cada vecino, en cada escuela, en cada universidad, en cada negocio que baja sus persianas por la innegable pérdida de poder adquisitivo de todos y todas.

Ya no bastan cuadernos, fotos, declaraciones o arrepentidos para tapar tantas urgencias, que se acrecientan día a día, sumando gastos y más gastos al tiempo que reducen los ingresos. Por si fuera poco, ahora también apelaron al famoso fondo sojero, que le saca ingresos a los municipios, los primeros que tienen la tarea de la contención de sus vecinos, los que están cara a cara con la crisis.

Pero, para el señor mayor estas son menudencias. Él va por algo mayor. Reserva moral de la Patria, dedo acusador constante a la corrupción, todo bajo la tibieza de sus pies calentitos y cómodos. Como bien relató un colega suyo y que él se encarga de alimentar "si no hay pan, que haya circo".

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