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Como en Relatos Salvajes, pero en Paraná

Martes 07 de Mayo de 2019

Una discusión de tránsito, como tantas otras en la capital entrerriana, terminó con un hecho inusitado de violencia. Un automovilista atacó a machetazos a un motociclista que, perplejo por la situación, solo atinó a defenderse con el casco mientras quienes circulaban ocasionalmente por el lugar silbaban en señal de repudio, pero muy poco pudieron hacer. Según lo registrado el lunes al mediodía en un video, todo comenzó porque el conductor del rodado de menor porte habría tenido un roce con una VW Surán que circulaba por calle Garay, a pocos metros de la intersección con Buenos Aires.

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Tras el incidente, el motociclista se detuvo en la esquina y, se ve en el registro fílmico, cómo un hombre muy alterado se acerca hacia él con un arma blanca en la mano. Más allá del susto y la situación de tensión, el motociclista no resultó lastimado. El hombre de la Suran regresó al vehículo y retomó su camino mientras el agredido levantaba su vehículo del suelo. Con el respaldo de la filmación, tomó intervención la Justicia y se logró ubicar rápidamente, por el dominio del coche que se ve en el video, al autor de la agresión. Este tipo de noticias se reproducen en los medios. El mismo lunes en su edición digital UNO transcribió lo sucedido en el barrio porteño de Villa Urquiza, cuando a un vecino que le bloquearon la cochera, en un ataque de furia, destrozó el auto del infractor. También en este caso el atacante quedó registrado en el video que tomó un vecino desde un edificio. Cuando se fue, le dejó marcado el símbolo de "prohibido estacionar" rayado en el capó.

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Las calles están al rojo vivo y cualquier chispazo es suficiente para concluir en una agresión. Cada vez es más común retratar hechos de violencia sucedidos por inconvenientes en el transporte o el tránsito –tal como ocurre en Relatos salvajes, la película argentina de antología y comedia negra-drama de 2014– pero en la vida real. Pareciera que ya nadie se asombra por los hechos de violencia que cada vez más ocupan las primeras planas de los diarios y placas de canales de televisión. Pero ¿qué hay detrás de cada hecho violento? ¿Por qué conducir o ser pasajero de colectivo nos pone tan violentos?
Hay factores que no contribuyen al tránsito ordenado, empezando por una pésima infraestructura vial, sobre todo en la capital entrerriana, exceso de vehículos en las calles y un sistema de transporte público deplorable, con unidades en malas condiciones, horarios incumplidos y un costo del servicio que claramente no lo vale.
Además, no se puede negar que estamos cada vez más intolerantes, y si encima le sumamos que ponemos las manos en el volante cargados de preocupaciones, problemas personales y mucho estrés, el combo es explosivo. Aún así, nada justifica el uso de la violencia en ningún orden de nuestras vidas. Llevar un machete en un auto implica por parte de su portador la posibilidad de usarlo para lastimar o amedrentar a alguien, es premeditado, no un arrebato en una situación que no puede controlar. El contexto actual expone a muchas personas a múltiples situaciones adversas, que amenazan su integridad: disminución del trabajo, pobreza, necesidades básicas no cubiertas, falta de contención, seres queridos en condiciones desfavorables, falta de modelos, etc., generan un entorno estresante, lo cual sumado a una vulnerabilidad previa, desencadena conductas o cuadros patológicos. Las personas se sienten impotentes, marginadas. La respuesta es la ira ante el fracaso de la resolución de conflictos mediante la palabra y también ante la pérdida de autoridad de las instituciones, porque la gente siente que ante la falta de respuesta por parte de las autoridades solo ellos pueden bregar por sus derechos y por su propiedad privada. El incremento de las expresiones de enojo e ira en las calles, en los bancos, en las bocas de pago de impuestos, en los supermercados, boliches, canchas y distintos espacios públicos constituyen el reflejo de un clima social imperante con lazos sociales totalmente resquebrajados. Como en Relatos Salvajes, cuando la sociedad y las buenas costumbres fallan, el individualismo y la justicia por mano propia toman el poder.

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