—¿Siempre jugaste al básquet?
Román González: Un gigante del básquet
—Sí, desde los 5 años. Hice vóley y patín.
—¿Patín?
—De muy chico en Punta Alta. A los 8 años iba con mi prima, ja.
—¿Cuándo te diste cuenta de que ibas a jugar al básquet?
—Cuando jugaba en Cebollitas y cuando llegué a Mini me reclutó Bahiense del Norte, vivía a 26 kilómetros. Y ahí arranqué hasta infantiles. Después dejé un par de años porque mi viejo laburaba en los barcos pesqueros y nos mudamos a Puerto Madryn.
—¿Y que ibas a ser profesional?
—Después de jugar un Argentino de Juveniles. Me reclutó Comodoro con 16 años y me hizo el primer contrato. Ahí empecé a ver que tenía chances y le di con todo.
—¿Recordás cuál fue tu primer sueldo y en qué lo gastaste?
—En Comodoro. Vivía con ocho jugadores y lo gasté en un celular. El famoso Star Tac.
—¿Un triunfo?
—Mi primer Liga Sudamericana con Libertad. Era muy chico y le ganamos la final al Vasco Da Gama. Le ganamos en Brasil y en Sunchales. Fue el primer título sudamericano de la ciudad y el segundo a nivel nacional.
—¿Qué partido te gustaría volver a jugar?
—Argentina-Estados Unidos en el Preolímpico de Las Vegas
—¿Un equipo?
—En todos saqué cosas positivas. Pero un equipo muy ganador fue el segundo año mío en Peñarol. Si bien no llegamos a coronarlo con la Liga, ganamos muchos partidos. Además ganamos la Liga de las Américas de México. Marcó una plenitud.
—¿Un técnico?
—El Oveja Hernández, lejos. Un tipo que me marcó en el momento justo, un tipo que con el que estuve ocho años en la Selección Argentina, dos años en Peñarol y es un tipo con el que hoy en día puedo llamarlo y me va atender y vamos a hablar no solo de lo deportivo.
—¿Un jugador?
—Manu (Ginóbili). Por lo que es, por lo que fue y lo que seguirá siendo. Es el deportista más destacado de la Argentina junto a Messi.
—¿Más que Diego (Maradona)?
—Son dos cosas distintas. Estoy hablando a un nivel global, lo que significan personalmente, deportivamente y culturalmente. Diego es Diego. Es un tipo que nos dio un título del Mundo. Si hoy hay que tomar un referente deportivo de los últimos 20 años me quedo con Manu. Si hay que tomar un histórico, Diego.
—Con Diego estuviste dos veces en el vestuario de Beijing y cuando dio el salto inicial en el amistoso Argentina-Brasil en Venezuela ¿Qué te pasó en ese momento?
—Una experiencia hermosa. Son momentos históricos. Cuando fuimos a Venezuela nadie se lo esperaba. Había que jugar a las 19 y se corrió una hora porque dijeron que podía llegar. Y él fue cuando se enteró que jugaban Argentina-Brasil. Pidió ir a la cancha y de repente me encontré haciendo el salto inicial con él. Y después lo de Beijing fue increíble. Diego es el Libro Gordo de Petete, tiene mil historias, mil locuras y es una de las personas más admiradas a nivel mundial.
—¿Cómo es convivir en un vestuario con Manu, Scola, Nocioni, Oberto, Delfino..? Porque si estuviste con ellos es porque estás al mismo nivel.
—Ni hablar. Uno fue parte de la Generación Dorada. Tuve 10 años consecutivos en la Selección y compartí muchas cosas. Lo que tiene ese grupo es que es muy humilde y no le muestra al resto lo que tiene ni lo que quiere tener. Es un grupo que se junta y marca un hito y que lo puede dirigir cualquier técnico porque no hay egos y tiene en claro el rol de cada uno. Compartir tantos años con ese grupo y tantos viajes te enseña muchas cosas y mucha unión.
—Jugaron lo mismo, pero ellos tienen unos pesos más, ja.
—Ja ja ja, sí. Pero lo bueno es que no te lo muestran. Si la Generación ganó tanto es porque son humildes y nadie está por encima del equipo. Seguro que a la hora de pagar una cena se complicaba, ja.
—¿Y cuál es el jugador que más admiraste en un vestuario?
—En lo que es el manejo del grupo y personalidad, el Chapu Nocioni. Por lo que genera dentro del vestuario y en un campo de juego.
—¿Y de los rivales que enfrentaste?
—Con los monstruos de la NBA. Siempre me tocó enfrentar al Dream Team. En la Villa Olímpica nosotros comíamos carbohidratos antes de un partido y pasaban por al lado comiendo hamburguesas, papas fritas, malteadas y chocolates y a las dos horas te metían 300 puntos en dos cuartos. Son tipos increíbles, de un físico privilegiado y de una cultura muy deportiva que la maman de chicos. Compará con nosotros. Lebrom James lleva la pelota con 2,06 metros y 120 kilos y nosotros jugamos con pivote de 2,02. Son admirables. Los mejores son ellos, Estados Unidos.
—¿Alguna vez pensaste en dejar?
—Hace un par de años. Tuve problemas familiares muy grandes y no podía mantener la cabeza en el deporte y tenía que ocuparme de mi familia, más que nada de mi padre y en ese momento no estaba concentrado. Acá son 10 meses duros y Selección en los recesos y tuve que frenar un poco. Después del año nefasto que tuve después de haber tomado la decisión de irme a Quilmes con todos los problemas, me puse a pensar con mi mujer y dijimos o paro o vemos qué pasa. Ese año fue crítico, surgió lo de Atenas y fue un punto y aparte. Solucioné todos los problemas y tenía ganas de seguir y gracias a Dios salió esto de Sionista. Hoy me encuentro como hace 10 años atrás, con muchas ganas de jugar y de rendir y de volver a ser el jugar que siempre fui.
—¿Un lugar en el mundo?
—Me siento muy bien con mi familia en Mar del Plata y fuera de la Argentina, Puerto Rico.
—¿Una comida?
—Milanesas a la napolitana con papas fritas.
—¿Una bebida?
—Gaseosa: coca ligth. Para festejar el fernet con coca.
—¿Una mujer?
—La que tengo. La conocí a los 17 años en Comodoro y cumplimos 18 años en un mes.
—¿Una salida?
—A pescar tiburones.
—¿Sos de sacar?
—Sí, muchísimos. Tengo fotos y videos. Siempre me gustó la pesca. La primera vez que me llevaron a pescar tiburones en el sur sacamos tres en una noche y de ahí me quedó la locura. Me fui a vivir a Mar del Plata y siempre fui. Si es con amigos me gusta ir a pescar. Si es con la familia al cine o de vacaciones.
—¿Te arrepentís de algo?
—Haberme vuelto tan temprano de Europa. Tenía posibilidad de quedarme en grandes clubes, sobre todo en Italia y tomé una decisión apresurada para volver a jugar una temporada con Argentino y descendimos.
—¿Qué te hubiese gustado ser de no haber sido jugador de básquet?
—Me hubiese dedicado al estudio y algo relacionado con el campo, la agricultura o los animales. Si fuera por mí viviría en el campo toda mi vida. Si naciera hoy, portero de boliche o patovica porque no me quedaría otra.
—¿Qué te gustaría leer en el diario de mañana?
—Que a Sionista le va muy bien, que se armó un grupo excelente en un club serio y me gustaría lograr cosas como aquella vez que llegué a Santiago y no habían podido ganar nada y con el equipo que se armó ganamos cosas importantes. Que gane Sudamericana, Liga o Súper 8.
Bonus track tecno.
—¿Cuál es el contacto más groso que tenés en el celu?
—¿Groso, groso? Y... de la Selección los tengo a todos. Lo tengo a Mascherano.
—¿Sos amigo?
—No, tenemos un amigo en común.
—¿Cuál es la foto más cholula?
—Las Electrostar, ja ja ja. Esa época del básquet muy vedetonga. Y tengo varios, con Diego (Maradona) con Kobe (Bryant). Pero la foto más linda que recuerdo es una que me saqué al costado de la cancha con Jordan y Magic Johnson en el Preolímpico de Las Vegas, previo al partido.
—¿De quién te gustaría tener el celular?
—De Dios, imposible, el único.
Un pivote tremendo y con personalidad
Román González nació el 28 de enero de 1978 en Punta Alta, Buenos Aires. El pivote de 2,08 metros jugó en Welcome (Uruguay), Red Star (Catamarca), Atenas, Quilmes, Quimsa, Libertad, Peñarol, Regatas, San Andrés, Gimnasia Comodoro Rivadavia, Aguada (Uruguay), Basket Rimini (Italia), Basket Club Ferrara (Italia), Baloncesto León (España), Trotamundos (Venezuela).
Ganó la Liga Sudamericana con Libertad y la Liga de las Américas con Peñarol de Mar del Plata.
Integró la Selección Argentina durante 10 años donde logró la Medalla de Bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing, obtuvo dos Sudamericanos (Brasil 2004 y Chile 2008).
Además la Medalla de Plata en los Torneos FIBA Americas de Puerto Rico (2003), República Dominicana (2005), Estados Unidos (2007) y Bronce en Puerto Rico (2009).













