Un patrón que se sigue repitiendo: con la final del sábado consumada, ya son cinco finales seguidas con destino brasileño. Pero, ¿a qué se debe esto?
Un patrón que se sigue repitiendo
Por Gerónimo Flores
Un patrón que se sigue repitiendo.
Poniendo en contexto, Argentina tiene el récord de 25 copas Libertadores ganadas a lo largo de la historia y eso lo hace el país más ganador de dicho torneo (dos más que Brasil). Pero en las últimas décadas su nivel se ha ido deteriorando a pasos agigantados.
Si bien Boca, River, San Lorenzo y hasta el mismo Lanús han sido protagonistas durante estos años en la Copa Libertadores, en el último tiempo se han visto eliminaciones más que tempraneras para nuestros representantes. Muchas de ellas bajo el siempre cuestionado arbitraje y con “complicidad” del VAR. Pero casi siempre por un nivel muy inferior al rival. Y según mi visión, ese sería el punto de quiebre.
Teniendo en cuenta que somos un país ampliamente exportador de jugadores al mundo, no se puede entender la poca competitividad de nuestro fútbol con el resto de las ligas. Ojo, no estoy desmereciendo a los otros países. Pero si vamos a la comparativa, el único cuco siempre es Brasil. Debido a sus grandes inversiones en los últimos años y al gran poder adquisitivo, que hoy en día está fuera de nuestro alcance.
Más allá de eso pareciera que en vez de apreciar nuestras grandes canteras y los potreros donde se forjan jugadores día a día, seguimos buscando nivel en otro lado. Haciendo así, que nuestros jugadores se vayan muy temprano de nuestro fútbol. Prácticamente sin madurar y hasta muchas veces sin debutar en Primera División.
En cambio otros países deciden apostar por sus mismas formativas hasta para ganar finales. El caso más cercano es el del mismo Fluminense, cuando apostó por un hijo de la casa para ir en busca del título. Y hasta el mismo DT tuvo palabras de aliento para el delantero, diciéndole que iba a marcar el gol del título. Dicho y hecho, así fue.
Entonces no es una cuestión de dinero, ni de nivel. Es simplemente confiar en lo que uno tiene, llevarlo de a poco y esperar el momento justo. Como también es el claro caso de Julián Álvarez, hoy en día, una estrella consumada. Pero recordemos que el pibe de Calchín debutó en 2018 y no fue hasta 2021, cuando realmente hizo su aparición estelar al mundo.
Lamentablemente, lejos quedaron esos grandes planteles del fútbol argentino donde en el 11 inicial se podía dilucidar hasta cinco jugadores salidos de las inferiores debido a intereses de los mismos representantes, que eligen llenarse los bolsillos antes de pensar en el futuro real del jugador, y también del mismo futbolista, que si bien es entendible su necesidad de hacer dinero y salvarse económicamente muchas veces, por elegir rápido, termina desapareciendo del mapa.
Otra cuestión es la de nuestro torneo, que vive cambiando su formato año a año, volviéndolo un verdadero dolor de cabeza. Haciendo así que se haya ido opacando, con el agregado de que la violencia y la corrupción han ganado mucho terreno. A eso debemos sumarle la cantidad irrisoria de equipos que lo comprenden y ni hablar del porcentaje de edad que se maneja en los planteles. La mayoría con un promedio de 30 años, y cada vez con la ausencia de referentes nuestros, y vaya si los hay.
Por eso creo que llegó el momento de frenar una rato la pelota y pensar en que tenemos todo para mejorar. Porque no olvidemos que somos la tierra de donde salieron dos de los mejores jugadores de la historia (Maradona y Messi) y no por nada somos campeones mundiales, ya que ahí nuestros pibes le hicieron frente a todos y cada uno de los rivales que tuvieron. Donde muchas veces se llegó a decir que no teníamos nivel para competir con las grandes potencias y les terminamos ganando a todos. Aunque no debemos mentirnos y creer que el nivel de la Selección Argentina es gracias a nuestro fútbol. Porque si fuera así nuestra liga destilaría champán y no es así.
Desafortunadamente no se puede hacer más que seguir aportando nuestro granito de arena como hinchas o profesionales para hacer de nuestro fútbol un lugar mejor. Que sirva como recreación de los más chicos s y donde puedan soñar en algún momento con llegar a Primera División.













