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Morir por ser pobres

Hantavirus, cólera, meningitis, eventualmente shigella. Cualquiera de estas patologías serán la sentencia científica para explicar lo inexplicable.

Miércoles 16 de Enero de 2019

Hantavirus, cólera, meningitis, eventualmente shigella o alguna forma de intoxicación como trascendió luego de conocerse los primeros estudios de una de las nenas y otros dos niños que habían sido internados en Paraná, procedentes de Nogoyá. Cualquiera de estas patologías serán la sentencia científica para explicar lo inexplicable: la muerte de dos niñas de 10 y 13 años. El esclarecimiento técnico de lo ocurrido días atrás, versará sobre síntomas e impactos de virus en los organismos, pero dejará de lado la contundencia de la realidad: ambas criaturas fallecieron por culpa de nacer y ser indigentes.
Inicialmente, la situación envuelve aún algunos enigmas para los profesionales de la salud, acerca de la rápida evolución o drásticos cambios de los distintos cuadros, pero no resulta difícil desentrañar que lo que allí ocurrió tiene que ver con una extrema pobreza que pasa casi desapercibida a la vista de todos.
Testimonios de quienes realizaron trabajos de campo en la zona afectada de Nogoyá dieron cuenta de la absoluta precariedad en la que viven muchos de esos grupos familiares entrerrianos, sin agua ni alimentos seguros, conviviendo con todo tipo de agentes infecciosos, en contacto con basura y roedores, sin servicios públicos y en un sector periférico de la localidad que los hace menos visible al resto de la población.
Sucedió en Nogoyá, podía haber ocurrido en Paraná, Concordia, Concepción del Uruguay, Feliciano, Pueblo Bellocq, San Víctor o Ceibas.
La pobreza estructural es una condena eterna: quien nació en esa condición extrema, raramente pueda cambiar su destino. Los casos de quienes esquivaron ese rumbo se cuentan con los dedos de una mano, con mucha suerte.
La fácil condena social que arroja frases tales como "no quieren trabajar" o "no llevan sus hijos a la escuela", no comprende las dificultades que afrontan esas familias, en su intento solo por subsistir.
Ni la Iglesia, ni la solidaridad ciudadana alcanzan para cambiarles la vida; allí faltan duraderas políticas públicas de largo alcance, que realmente los considere y contenga. Porque tampoco se sale de la pobreza con herramientas dadas de un día para el otro.
Acciones aisladas ante las emergencias, campamentos sanitarios que se instalan una vez al año, no son la solución de fondo donde la mayoría está mal alimentada, sin los nutrientes para el correcto desarrollo físico, motriz y cognitivo, ni tampoco con la posibilidad de proyectar otra cosa que no sea la que ven en su entorno próximo.

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Con su testimonio, todos conocieron, se consternaron y angustiaron con la realidad de ser pobre. Entre tantas reflexiones, aportó su autorizada mirada sobre "Qué tienen los pobre en la cabeza". Al diferenciar pobreza estructural y esporádica, dijo: "Todos los argentinos saben qué es ser pobre esporádicamente, cuando toca comer fideos blancos. Pero los que siempre fuimos pobres vamos al colegio cuando podemos, no tenemos horarios y lo que no se aprende de chico es difícil de grande", dijo sobre el prejuicio de que muchos "no quieren trabajar".
Para quienes viven en la precariedad absoluta los spots publicitarios de descacharrización, desmalezado, hervir el agua y un sinfín de recomendaciones más no alcanzan, porque tal vez no sea lo prioritario en sus vidas: "Ser pobres es acostarte a las 6 de la tarde y soñar que comés", puede servir una de sus frases para comprender esa situación. "Cuando sos marginal, aceptás que tu único futuro es la pobreza", fue otro concepto de Mayra, que arroja claridad.
La realidad de miles de familias en el país puede ser ocultada, como ocurrió en los años del kirchnerismo; o puede ser ignorada o agravada, como sucede con el actual gobierno. Ambos, de distintos modos, no han podido o no han querido transformar la vida de millones de argentinos condenados a la pobreza o marginalidad más profunda.
Aquí y ahora, la tragedia sanitaria saltó en Nogoyá, pero las condiciones de vida indignas de otras familias se desparraman en toda la geografía provincial. Un penoso y funesto aviso para darnos cuenta de que hay pobres que realmente la pasan mal.

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