Hoy por hoy
Martes 17 de Julio de 2018

Hora de volver al fútbol nuestro

Se fue el Mundial de Rusia. Largamente esperado por nosotros, los futboleros de alma, los que paramos en cualquier lugar cuando una redonda anda por el césped (o la tierra directamente) para mirar un poco, porque ya las bisagras no nos dan para andar corriendo. Lo disfrutamos mirándolo. Esa ilusión con la que esperamos el Mundial pasó casi de largo, haciéndonos sufrir bastante también a partir de la pérdida de identidad, confusión y hasta cierto desamor de nuestra Selección.

La ansiedad por ver un poco de buen fútbol en estadios coquetos e ideales para jugar se fue desvaneciendo con el paso de los juegos. Un par de jugadores para alimentar el corazón como Hazard, Modric, Iniesta (en su último Mundial), Marcelo, un par de arqueros y las corridas de la nueva figurita de los medios, Mbappé, aceleraron en algún momento nuestro pulso futbolero. Ese pulso que pareció reventar con el control de Messi con el muslo y la definición de derecha en su único gol, ante Nigeria.

Nada más. El resto terminó preso de las tiranías de los técnicos, cada vez más empecinados en tornar este juego aburrido, defensivo, miedoso. Pocos se divirtieron dentro de la cancha o jugaron como saben. Temor que los llevó a regresar rápidamente, con la excepción de Brasil, con una apuesta ofensiva e injustamente eliminado, o Uruguay, que al menos murió de pie, respetando su historia.

El mejor ejemplo de lo que fue este Mundial lo dio el campeón. Francia fue lo que llaman práctico. Privilegió primero defender, luego ver qué pasaba, apostando a la velocidad de su estrella. La vieja receta del "Calcio Italiano": sacrificar belleza en pos de practicidad. Ganar a como sea. Si se debe sacrificar a Griezman (un buen jugador), este lo aceptará, resignando potencial por resultado. Fue campeón. Eso parece eximirlo de todo. A los campeones no se los discute, reza un viejo refrán. Puede que sea cierto. Pero también es cierto que nos quedamos siempre esperando algo más. Brillo, gambeta, alegría.

Me dirán que es un mundial. Ajá. ¿Y? Sacando esa payasada del VAR, todo es igual. Once contra 11, una redonda y a jugar.

Ahí está el ejemplo de nuestra Selección. Recibimos cachetadas tremendas de equipos de corredores (excepción de Croacia, que al menos mostró una saludable rebeldía). Y seguimos igual. Nuestros jugadores aceptaron, por imposición de charlatanes de feria, que se debía jugarse así, como ellos. Esa fue su gran responsabilidad. Ser demasiados obediente ante la colonización futbolística a la que fueron sometidos. Se olvidaron de las fuentes, del campito, de todo.

En medio del Mundial, leímos una emocionante carta que cuenta la historia de Di María, algo similar ocurrió con Caballero, con Agüero, con Messi. Pero ellos se entregaron mansitos a los escribas pataduras y a los sofistas. Miles de post y palabras intentando explicar algo sencillo, analizando desde cierta superioridad intelectual, un juego.

Ya fue el Mundial. Depositamos la esperanza en Messi y el pibe terminó devorado por la confusión generada por un entorno que poco sabe de fútbol.

Tuvimos miedo a perder y perdimos. Salimos a jugar a no perder. Y perdimos. Ahora, tiene que llegar el momento que entremos a jugar. Esto no nos asegura que ganemos, pero al menos, respetaremos nuestra rica historia futbolera. Vayamos con un diez, un nueve, mandemos a Pavón a desbordar, no a marcar. Volvamos a atacar, no a esperar. Es el momento ideal para intentar un cambio en todo nuestro fútbol. Comenzamos por casa. Llegó la hora que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) deje de improvisar, en torneos, en estructura, en la elección de los que conducirán el seleccionado. Volvamos a las fuentes. Pongamos el amor del Diego como bandera y apostemos a lo nuestro. Dejemos de copiar las dinámicas extranjeras, miremos un poco para atrás, paremos la pelota y comencemos otra vez. No nos garantizará levantar la Copa en Qatar, pero el camino será más fácil sin tanto miedo.

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