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Aguante corazón, aguante

"... Se acerca el inicio del campeonato. Durante cuatro meses la redonda monopolizará la atención de miles de fanáticos..."

Lunes 15 de Julio de 2019

Se acerca el inicio de la Superliga. El receso se hace largo y tedioso. El último juego oficial que se disputó en el certamen local se desarrolló el 2 de junio, pero esa historia solamente fue disfrutada (o sufrida) por fanáticos de Boca y de Tigre. Los hinchas de otros equipos que militan en Primera División se despidieron con anterioridad por la desprolijidad que gobierna al fútbol en nuestro país. El de Patronato lleva casi un trimestre sin vivir la adrenalina de alentar al club de sus amores en un partido por los porotos.

El aperitivo comenzó a digerirse el miércoles cuando la organización del torneo anunció el fixture de la competencia que comenzará el viernes 26. Ahí el hincha comenzó a imaginar el recorrido del equipo. En la mente comenzó a proyectar su presencia en el Grella donde el Rojinegro hará su presentación como local en la segunda fecha cuando reciba al Xeneize. Otros comenzaron a organizar su agenda para cruzar al otro lado de la orilla para trasladarse a Santa Fe donde el elenco de barrio Villa Sarmiento hará su presentación el sábado 27 ante Colón. Más allá que los organismos de seguridad prolongan la absurda decisión de evitar el ingreso al hinchas visitantes, en cada pleito hay presencias de simpatizantes que dominan sus impulsos y se mezclan entre los “enemigos” para observar a club de sus amores. Y en el Cementerio de los Elefantes no será la excepción.

En estas dos semanas el corazón latirá más fuerte. La ansiedad se manifestará de diferentes maneras. El apasionado por este deporte busca alternativas para matar la eterna y maldita espera. Jugar en los torneos libres es una gran excusa para distraer la atención. Quienes cuenten con tiempo y recursos económicos proyectarán una escapada familiar para comenzar a ganarse puntos sabiendo que, durante cuatro meses, la prioridad estará en otro sector. Primero está el equipo y se respaldará desde la tribuna cuando juegue en casa, o detrás de una pantalla cuando salga de gira.

El resultado que el equipo coseche en cada fin de semana determinará el humor de días posteriores. Estará en una playa paradisíaca cuando su equipo celebre la victoria. En cambio la derrota lo trasladará a un conflicto bélico. Porque el hincha es así, apasionado, loco, no entiende de razones y muchas veces no encuentra un equilibrio.

Luego el fanático comenzará a palpitar el siguiente desafío. Se preocupará si su equipo pierde a un jugador por lesión o por suspensión. También si el adversario llega dulce y se presenta como una amenaza para sus intereses.

Si el derrotero de su equipo es favorable se ilusionará con un desenlace más ambicioso de lo proyectado a inicios de campeonato. El deseo ingresar en el ámbito internacional es un anhelo que no se apagará si los números permiten mantener las esperanzas.

Pero no todo es color de rosa. La preocupación se hará presente si el equipo no encuentra el rumbo. Ahí aparece la figura de la calculadora. El hincha comienza a cursar un master de estadísticas sacando las cuentas que necesita (porque el fanático habla en primera persona cuando se refiera al club de sus amores) para mantenerse en la elite y cuántos puntos tienen que perder cada uno de sus competidores en ese campeonato.

Las promesas alocadas estarán a la orden del día. Los ateos prometerán a Dios y a todos los santos cualquier sacrificio que ellos mismos dudarán realizar. En el medio modificarán su postura si el escenario se presenta más favorable. En cambio redoblará la apuesta si el equipo no encauza su rumbo.

Se acerca el inicio del campeonato. Durante cuatro meses la redonda monopolizará la atención de miles de fanáticos. Es verdad que el fútbol es una cuestión secundaria en relación a los enormes problemas con los que convivimos a diario, a la cifra alarmante de desocupación que, por primera vez en 12 años, superó el dígito; a la cantidad de locales y pymes que cierran sus puertas; a la brecha de la desigualdad social que se agranda a pasos agigantados. Pero cuando la redonda comienza a girar el pueblo vive con mayor felicidad, porque hay momentos que solamente se disfrutan cuando se alienta al equipo de sus amores. Por eso, aguante corazón, aguante.

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