Héctor de los Santos / De la Redacción de UNO
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Atractivo, pero peligroso
Uno de los nuevos espacios que quedaron totalmente accesibles luego de la apertura de la Costanera Isla del Puerto en Concepción del Uruguay, fue la escollera que conduce hasta el faro con la imagen de la Virgen Stella Maris.
El lugar es elegido por mucha gente que quiere ver de cerca el faro que, en muchos casos, pudo ser accedido por primera vez por aquellos que no lo habían podido hacer por medio de embarcaciones.
La novedad atrae a grandes y chicos, sin embargo, supone un riesgo más que importante, ya que el camino, que tiene unos 130 metros de largo, está conformado por bloques de piedra, tipo escombro, con filosos ángulos y puntas que obligan a una caminata con mucho cuidado y los riesgos de sufrir caídas y golpes importantes de producirse algún accidente.
A esto se suma que muchos han tomado como entretenimiento el arrojar estas piedras angulosas al agua, con la pérdida paulatina de material que presupone una práctica que hoy no registra efectos de envergadura, pero que de proseguir con los años, podría afectar la consolidación del camino.
Como si todo esto fuera poco, la profundidad a ambos lados de la escollera supera en algunos lugares los ocho metros, cuyo lecho también contiene las peligrosas piedras.
Algunos caminan haciendo equilibrio por los costados, mientras hay gente que usa el lugar para pescar, lo que genera una reducción en los espacios de un camino que apenas supera los dos o tres metros, no tiene barandas y está en el eje de una fuerte corriente donde el río Uruguay está siendo contenido por la misma escollera y en un espacio hasta donde las embarcaciones sufren el embate de la fuerza del agua cuando intentan pasar por el lugar contra la corriente.
Este espigón estuvo en su momento cubierto por lajas, que con el paso del tiempo, las crecientes, y algunos golpes de embarcaciones, hicieron que se fuera rompiendo de forma gradual. Finalmente, como parte de la obra de la nueva costanera, la empresa constructora optó por este nuevo recubrimiento de piedras que tiene ahora.
Historia
La escollera y el faro de la Stella Maris nacen en virtud del Decreto del 25 de abril de 1899 que dio comienzo a la construcción del ‘malecón-escollera-espigón’- en el veril (orilla) sur del canal de acceso al Puerto local, de piedra labrada de 130 metros de largo para protección del canal de la acción del río, obra que realizaron obreros picapedreros italianos especialmente contratados por el ingeniero Henri en Buenos Aires. Este trabajo finalizó en abril de 1901.
Según las investigaciones realizadas por el prefecto Andrés Rousseuax en el espigón o escollera se había instalado primeramente una “torre-semáforo” que mediante balones durante el día y faroles a querosén durante las horas nocturnas, se indicaba a los navegantes el ingreso al puerto. Esta “torre-semáforo” fue reemplazada posteriormente por una “torre-faro” con iluminación alimentada por gas de acetileno.
El 23 de mayo de 1947, en circunstancias que el vapor MOP “71-B” de la División Río Uruguay navegaba por el canal de acceso en dirección al puerto local remolcando dos barcazas, una de ellas debido al fuerte viento y estando el río crecido, se recostó fuertemente contra la estructura de hierro de la torre, produciendo su caída al desprenderse de su basamento, quedando totalmente sumergida.
Según el mismo autor, esto motivó que una comisión reuniera dinero y reemplazara esta “torre-faro” por la actual que en el remate de su pedestal tiene emplazada una imagen de la virgen Stella Maris, patrona de los navegantes, con una columna similar a una antorcha con una farola para demarcar la entrada al canal y la punta del espigón.
El 11 de setiembre de 1949 se inauguró el actual pedestal con la imagen citada y la “torre-faro” fue retirada y durante unos cuantos años estuvo tras la verja de la Costanera hasta su retiro definitivo.













