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Mágica ciudad de Buenos Aires

Vecinos de Recoleta animaron un divertido baile callejero al ritmo de la célebre canción de Tan Biónica. ¿Será que cierto número de porteños creerá que el virus desaparecerá como "por arte de magia"?

Lunes 15 de Junio de 2020

Una pantalla publicitaria gigante a metros del Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires, antes sólo reservada a famosas bebidas “cola” o populares locales de comida rápida, hoy reza: “el esfuerzo que hicimos, valió la pena”. La comunicación oficial, perteneciente a la Jefatura de Gobierno porteño, está formulada en pretérito perfecto simple indicativo, es decir un hecho ocurrido en el pasado que se considera “terminado”.

Traducción para el ciudadano “de a pie”: la cuarentena se terminó. Pero no hace falta ver publicidades gigantescas pagadas por el pueblo en la avenida más importante del país para comprobarlo.

Basta observar los bosques de Palermo, las plazas, los parques de la ciudad capital, desbordantes de improvisados “runners” y caminantes, marchando a la par, departiendo amigablemente, casi rozándose mutuamente, para comprobar que en Buenos Aires, la cuarentena, el aislamiento social y cualquier otra medida de prevención contra el COVID-19 han llegado a su fin.

Es tan “mágica” la ciudad de Buenos Aires que vecinos de Recoleta animaron un divertido baile callejero al ritmo de la célebre canción de Tan Biónica, la banda de Chano Charpentier, titulada “Ciudad mágica”. ¿Será que cierto número de porteños –incluidos sus gobernantes- creerá que el virus desaparecerá como “por arte de magia”?

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Mientras los porteños de Recoleta se divierten al hipnótico ritmo, la letra parece ser una pintura de la realidad:

“Me quedo con vos, yo sigo de largo, voy a buscarte

Qué noche mágica ciudad de Buenos Aires

Se queman las horas, de esta manera nadie me espera

Como me gusta verte caminar así

Me quedo con vos, yo sigo de largo, voy a buscarte

Me mata como te movés por todas partes”.

Mientras a algunos porteños los “mata cómo te movés por todas partes”, no paran de batir récords de contagio, los números oficiales al cierre del presente artículo son:

Ciudad de Buenos Aires, que cuenta con menos de 3 millones de habitantes, tiene 17397 casos confirmados y 370 muertes.

La magnitud del descontrol se vuelve evidente si lo comparamos con la provincia de Buenos Aires, que con 16 millones de habitantes, posee 12561 casos y 362 muertes.

Seguramente, no lejos de allí, en la misma jurisdicción, en las llamadas “villas de emergencia”, (podrían ir eliminando tal caracterización pues la “emergencia” es algo transitorio, y los asentamientos suelen tener hasta 80 años), se debaten ante el coronavirus en condiciones sanitarias y socioambientales francamente deplorables.

Una vez más, la desigualdad social; y es que, si bien el virus no discrimina según la situación social del paciente, como se decía en un principio, no es menos cierto que los ciudadanos de clases sociales más altas cuentan con mayores medios para enfrentar la pandemia.

Lo evidente es que el discurso anticuarentena ha calado hondo en la sociedad, entre otras causas, merced a un dispositivo mediático encabezado por monopolios comunicacionales. Y, en rigor, no puede perderse de vista que gran parte de la clase dirigente de nuestro país teme más al juicio de estos grandes medios masivos que al de sus propios votantes.

La pandemia, propone realidades tan evidentes que ha sido muy fácil perderlas de vista. Lo sufrieron países de mucho mayor desarrollo económico y de infraestructura sanitaria que el nuestro. La única receta: el aislamiento. Lo entendimos por un tiempo, hoy la situación, parece haber cambiado.

Nos olvidamos rápido de las penurias italianas donde los médicos debían optar por asistir con respirador a una persona joven, con hijos, por sobre un adulto mayor con pocas posibilidades de sobrevida.

Nos olvidamos muy rápido del otrora lujoso centro comercial “El palacio del hielo” de Madrid, en donde su pista de patinaje debió improvisarse como morgue refrigerada pues las instalaciones oficiales no daban abasto.

Tampoco parecemos recordar los escalofriantes relatos de argentinos en Europa, quienes no podían conciliar el sueño en toda la noche por el interminable ulular de las ambulancias.

Y por estos lares, a ciertas autoridades se les ocurre desandar el camino en el momento de mayor propagación del virus, el invierno.

En medio de la pandemia, el infectólogo Pedro Cahn dijo: "Hay una vieja frase que se dice en educación que los que creen que la educación es cara que prueben con la ignorancia, yo diría que los que dicen que la cuarentena es mala que prueben con el coronavirus, con la terapia intensiva y con la muerte".

Ciertamente no es una sentencia muy popular por estos días, pues fue acusado de terrorista por la dirigente del PRO Patricia Bullrich (qué paradoja, una ex montonera), pero en verdad, a la luz de los hechos, no parece estar equivocado.

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