Miradas
Domingo 09 de Septiembre de 2018

Tristeza desde los ojos de un pibe

Son horas de tristeza las que cruzan el país todo, desde todas sus ventanas entra la tristeza, a modo de urgencias, penurias, desguaces de fábricas y derechos, día tras día, mientras que los mensajes de arriba llegan en tono de burlas, hasta de deprecio. La semana que pasó fue una muestra del inmenso lodo en el que estamos metidos.

La muerte de un pibe de 13 años en la provincia del Chaco pasó casi como si nada, como una más. Con gente discutiendo en las malditas redes si era un saqueador, un delincuente o nada. Patéticos humoristas, desamorados políticos publicando desde la ignorancia y el odio sobre el pibe chaqueño, como una mercancía más, como un número más rumbo a completar un casillero. Malditos a los que poco les importan la vida, justificando la muerte de una criatura por un simple robo de mercaderías, cuando a nuestro alrededor refinados contadores y doctores egresados de universidades privadas mantenidas con divisas públicas, montan una enorme timba financiera que arrasa con todo. Porque insisten con enfrentamientos o saqueos, cuando están a 1500 kilómetros del lugar y se dan en lujo de castigar, o sentenciar con firmeza, algo que no ocurrió, que no fue como ellos quieren que sea.

Ahí está la valentía de su maestra para ponerlos en fila, mandando al tacho en mil pedazos las versiones que hicieron circular, mientras su hermano pintaba a un gurí que soñaba con jugar al fútbol y con conocer alguna vez el Gigante de Arroyito, el estadio de Rosario Central. Los ojos de ese pibe chaqueño los interpelará por siempre, como fiel testigo de una bala disparada desde la desigualdad social y la injusticia, esa que crece cada día. Muchos piensan que son solo números, pero estamos hablando de vidas que se pierden.

El periodista económico que describe la crisis, devenido en funcionario, Nicolás Dujovne, dice que no son una banda de sádicos; la señora rubia defensora de "su" república manifiesta ante un auditorio de gente seria que ella disfruta de las crisis, la divierten. Ya no hay adjetivos para llamarlos a estos tipos y tipas, que desde hace tres años tomaron el país ayudados por voces, hoy silenciosas, que en su momento machacaron radios y canales en su favor.

Tipos que tienen campos por doquier a cargo de una cartera que expulsa a la nada a más de 600 trabajadores de la Agricultura Familiar para dos días después perderse en el silencio de su ministerio que ya no existe. Obvio no sin antes ayudar a sus amigos a vender todos los granos antes que les impongan retenciones mínimas. El pintoresco legislador entrerriano, que hace ya un siglo (a partir de todo lo que pasó después de la 125), cortaba la Ruta 14, obligando a la calco en las camionetas con la leyenda "Todos somos el Campo" (similar a aquellas repartidas a finales de los 70 que decían "Somos derechos y humanos"), hoy está a favor de las retenciones, "que hay que darle una mano al presidente y al país que lo necesita".

Pícaro el milagroso legislador, sabe que estas retenciones poco tienen que ver con aquella que el triste Cobos desempató. El pícaro sabe que no son iguales, que las de hoy apenas le restan unos pesitos a quienes "Somos Todos El campo". Pocas veces se ha visto semejante sadismo en gente con poder. O al menos lo disimulaban. Hoy parece ni importarles eso. Escupen sus intereses, ahondan brechas entre ricos y pobres como nunca antes había existido.

Hoy ya no se habla de la grieta. Hoy es eso. Acumulación de más y más contra los menos cada vez con menos. Docentes, universidades, jubilados, estudiantes, laburantes, todos arrasados en solo tres años. Retrocedimos en todo sin ganar nada, sin avanzar un casillero para nuestro pozo, para un cachito de sosiego y felicidad. Pacientes, aguardemos las elecciones para ahora si cambiar.

Comentarios