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¿Son intocables los cirujanos plásticos?

Viernes 01 de Febrero de 2019

Iris Paulina Amaro Batista tenía 45 años y llegó a Concordia junto a su marido desde Paysandú, República Oriental de Uruguay, para someterse a una cirugía estética. La mujer se descompensó cuando aún no había abandonado la clínica y estaba al cuidado de una empleada administrativa. Fue trasladada al hospital Masvernat, donde falleció el lunes.
Por el hecho está detenido Daniel Ojeda, el cirujano que la practicó una lipoaspiración. Se dispusieron 60 días de prisión preventiva para él y 30 para la enfermera Romina Durae, que estuvo presente en la intervención.
Está en duda si el título de cirujano de Ojeda lo habilita a realizar intervenciones estéticas, y se constató que la clínica no está habilitada por el municipio ni por la Secretaría de Salud de la Nación.
La Asociación Médica de Concordia señaló en un comunicado que Ojeda "no es socio de la institución", y aclararon: "Hacemos saber que no es competencia de esta institución, sino de la Secretaría de Salud Pública de la Provincia el manejo de la matrícula provincial, de las especialidades médicas así como también la habilitación y fiscalización de los quirófanos y/o consultorios". Sin embargo, cabe preguntarse: ¿En una ciudad como Concordia en la Asociación Médica no sabían a qué se dedicaba Ojeda y pedir que se lo investigue?
En el país hay miles de denuncias contra cirujanos abocados a la estética por víctimas fatales tras pasar por consultorios que muchas veces no están habilitados para el fin al que se los destina, o no reúnen las condiciones necesarias para el tipo de intervenciones que se hacen. En otros casos, porque las sobrevivientes a una operación que les trae consecuencias nefastas a su salud, a veces irreversibles, deciden exponer lo que debieron atravesar y las secuelas que les trajo haber confiado en un profesional que no es idóneo. Pero son muy pocas las condenas.
Algunos hechos trascienden porque son figuras públicas las mujeres perjudicadas por médicos que terminan arruinándoles la vida. El caso de Silvina Luna es uno de los más conocidos. En 2011 decidió aumentar el tamaño de sus glúteos y el doctor Aníbal Lotocki le inyectó metilmetacrilato en los glúteos y en los músculos de las piernas. Las consecuencias fueron dramáticas: la sustancia le provocó una insuficiencia renal e hipercalcémica; uno de sus riñones funciona al 33% de su capacidad, tiene dolores constantes en las articulaciones y debe tratarse con una droga que es abortiva que le impide ser madre.
Hay quienes juzgan a las víctimas por querer mejorar su apariencia e intentar reafirmar su autoestima en un mundo en el que se sobrevalora un canon de belleza y se defenestran las estrías, las arrugas, la celulitis, la obesidad, el sobrepeso y otras marcas que el tiempo o el estilo de vida van dejando en el cuerpo. Pero pocos hablan de la falta de controles que los organismos oficiales deben garantizar para que estas clínicas no autorizadas, ni los profesionales que no son idóneos, ejerzan con total impunidad.
Muchas ahorraron pesito por pesito, o sacaron un crédito para poder lograr llegar a un quirófano y someterse a una cirugía con la que anhelan verse bien y amigarse con el espejo, o en muchos casos evitar la discriminación, las burlas o el acoso por un lunar en un lugar inadecuado, senos muy pequeños o muy grandes, una nariz prominente o una cicatriz por un accidente. Tienen derecho a hacer con su cuerpo lo que quieran, si eso les hace bien, y en lugar de salir a criticarlas hay que repudiar la ausencia de inspecciones que ayudarían a cerrar consultorios truchos y así evitar más muertes y consecuencias flagelantes.
Por otra parte, desde hace años la Argentina se transformó en un destino de "turismo estético", que la devaluación y las subas del dólar acrecentaron. Por años cientos de mujeres de otro países llegan aprovechando la conveniencia cambiaria para hacerse algún retoque, optando por los procedimientos quirúrgicos que se ofrecen. Hay cirujanos que cobran en dólares y es un mercado en el que se mueven cifras exorbitantes que muchas veces no son facturadas ni declaradas para evadir impuestos. En esto también hacen agua los controles, y muchísimos cirujanos plásticos dedicados al rubro de la estética se mueven con total impunidad, como si fueran intocables.

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