Miradas
Domingo 16 de Septiembre de 2018

Ser gobierno o ser responsable

Parece hecho a propósito. Resulta muy difícil creer que cada decisión que se toma para "enderezar" el rumbo del país termina siendo un nuevo retroceso en la calidad de vida de la gente.

Provocar problemas, fallar en la solución, generar un nuevo problema, volver a fallar en la solución, así hasta provocar la ruina total de un pueblo para evitar por todos los medios cualquier forma de independencia.

Pese a que la descripción de la metodología tiene más de medio siglo de antigüedad y fue una de las consignas de la lucha contra el imperialismo en la mitad del siglo pasado, es muy difícil no asociar cada uno de esos pasos con el derrotero que lleva la política económica argentina.

Parece hecho a propósito. Resulta muy difícil creer que cada decisión que se toma para "enderezar" el rumbo del país termina siendo un nuevo retroceso en la calidad de vida de la gente.

En diciembre se cumplirán tres años de este gobierno al frente del país.

Es muy difícil encontrar gente, de cualquier partido político, que pueda asegurar, seriamente, que el ciudadano de a pie, ese hombre o esa mujer que trabaja todos los días para sostener a su familia, está mejor que hace tres años.

La respuesta oficialista automática será una alusión al gobierno anterior culpable de todos los males. Pero aun coincidiendo en ese punto sobre la culpabilidad de los anteriores, la respuesta sigue siendo que no estamos mejor que antes. Y en diciembre ya habrán pasado tres años.

Estamos transitando por el tercer "segundo semestre" de esperanza. El primero fue aquel en el que llegaría la lluvia de inversiones, pero al parecer subestimaron la gravedad de la situación y falló. El segundo sería el de la recuperación, producto de la confianza que generaría Argentina en el mundo, pero los muy desconfiados solo multiplicaron sus dólares en la ruleta de las Lebac y se fueron. Este tercer "segundo semestre" debería haber sido el de la consolidación de la nueva Argentina abierta al mundo. Pero "pasaron cosas", y también falló.

Con cada "error" el número de pobres crece, la cantidad de comedores comunitarios aumenta y el número de desocupados avanza. Según plantea el propio gobierno, los números de las estadísticas oficiales ahora son creíbles, no como antes. Pero lo único que tienen para mostrar como positivo es la credibilidad de las cifras, nadie mira lo que realmente están diciendo esos datos.

Las cifras son horribles, pero son reales. A los más viejos nos quedó marcado a fuego que la debacle económica argentina fue producto de la gigantesca deuda contraída durante la última dictadura cívico militar. Los datos oficiales señalan que entre 1975 y 1983, la deuda se incrementó en 33.000 millones de dólares. Aquella cifra significó el fin de la soberanía económica y nos llevó más de 20 años sacarnos de encima aquel lastre.

Según cifras oficiales del Ministerio de Hacienda de la Nación, confirmadas por el sitio chequeado.com, a marzo de este año, con solo dos años y tres meses de gobierno de Macri, la deuda aumentó 91.000 millones de dólares. ¿Alguien puede calcular lo que significará esto para el futuro de la Argentina?.

Estas también son solo cifras, pero una planificación mínima necesita números, no explicaciones y culpas ajenas.

Con discursos flacos piden saltos de fe, y ante la falta total de alternativas hay mucha gente que todavía está dispuesta a darlos. Aun sabiendo que la red que hay debajo tiene los agujeros cada vez más grandes.

La mayor fortaleza de Cambiemos sigue siendo la división del peronismo.

Una oposición dividida, con las hilachas de pompas pasadas, todavía se comporta con soberbia y menosprecia alianzas, sabiendo que separados es muy probable que vuelvan a perder.

Es una verdad incontrastable que la maquinaria amarilla ha sabido cómo ganar elecciones, y lo hizo de una manera bastante simple: sumando a todos los que querían ganarle al peronismo. Las expectativas de entonces todavía eran florecientes y los errores aún eran ajenos.

En diciembre se cumplirán tres años de decisiones propias y con resultados que ahora tienen cifras oficiales. Los resultados ya no son producto de conspiraciones ni de operaciones mediáticas.

La responsabilidad de lo que sucede es cada vez más exclusiva.

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