Hoy por hoy
Viernes 22 de Marzo de 2019

Que no se pudra la cebolla

La Asociación del Fútbol Argentino y Futbolistas Argentinos Agremiados anunciaron la profesionalización del fútbol femenino; la industria cultural comenzó a mostrar heroínas que no van un paso atrás del superhéroe ni necesitan príncipes que las rescaten.
Las publicidades, terreno donde el machismo resistía a fuerza de estereotipos de género, han ido adaptándose a los nuevos tiempos y rompiendo con el sexismo que dominó la actividad por décadas; y hasta las vidrieras de las librerías exhiben más portadas de escritoras, por mucho tiempo invisibilizadas.
Pasaron cuatro años de la primera marcha masiva del movimiento #NiUnaMenos y el panorama del feminismo es de una efervescencia creciente. Donde se mire, ha ido permeando ámbitos, segmentos etarios y condiciones sociales, con una revolución ruidosa, multicolor y transversal.
Así, la "Revolución de las Hijas" confluye con "Las Históricas". Y es que esta marea solo pudo gestarse y fluir porque hubo mujeres que abrieron estelas en mares tormentosos. Fueron pioneras entrañables y verdaderas puntas de lanza que generaron espacios y pensamientos; guerreras a la hora de saltar barreras y de mover mojones.
Basta recordar que a las mujeres no se les permitía heredar, ni trabajar fuera de la casa, ni ir a la Universidad, ni fumar en público, ni hacer deportes, ni votar. Los hijos fuera del matrimonio eran bastardos. Dentro de la institución matrimonial, las mujeres parían y cuidaban hijos pero solo a mitad de los 80, pudieron compartir la patria potestad con sus maridos. Lo comprendieron y la militaron las sufragistas, "las Julieta Lanteri", "las Alicia Moreau", "las Eva Duarte", que fueron las "feminazis" de cada una de las épocas en las que les tocó cambiar el mundo.
En este momento histórico, en que las mujeres luchan por decidir sobre sus vidas y sobre sus propios cuerpos, es bueno tomar dimensión de esos cambios que trazaron el rumbo y continuar caminando. De la mano de las hijas, las maduras se comienzan a redescubrir, se deconstruyen, entienden que lo que les pasaba por ser mujeres no era un padecimiento individual sino un hecho social que tenía que ver con un sistema, con el patriarcado.
Las mujeres están en plena revisión de conceptos aprehendidos, desarmando un puzzle de creencias, entendiendo que, por mucho tiempo, naturalizaron cosas que estaban mal.
El feminismo como movimiento, con todos sus matices, tiene el gran desafío de traccionar la enorme energía que concentra hacia un cambio político, social, económico y cultural que permita romper con las desigualdades propias del capitalismo, con las asimetrías en los derechos y que le permita alcanzar mayores oportunidades e inclusiones.
Aún hoy las mujeres tienen dificultades para ingresar y permanecer en el mercado laboral o en los ámbitos académicos y, por ende, para mantener su independencia económica. Muchas veces el rol de "cuidadoras" de familia no les permite desarrollarse profesionalmente, como sí se lo permiten las condiciones sociales al varón. Al contrario de lo que debería ser, el Estado se retira de los lugares más sensibles donde tiene que balancear estas inequidades. Todavía se siguen esperando los jardines maternales prometidos o más refugios para mujeres víctimas de violencia de género y otras tantas políticas que fueron promesas de campaña.
Hacia el interior del movimiento, el feminismo es como cebolla de muchas capas, con sus internas y sus posturas extremas que no hacen más que minar los fines más sublimes y alimentar los odios externos. Hacia el exterior, esta revolución ya pateó el tablero y está reorganizando el juego, ganando espacios y erigiéndose como una alternativa política, lo que pone muy nerviosa a mucha gente dispuesta a tergiversar cuestiones de fondo con las nimiedades de las formas. Porque para estas personas antiderechos siempre será más importante una pared impoluta que la muerte de una mujer cada 26 horas.

Comentarios