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Por qué rechazan trabajar en el campo

En las últimas décadas se viene produciendo un proceso de despoblación del campo, de las zonas rurales.

Domingo 04 de Agosto de 2019

En los últimos días, conocidos de la zona rural de Nogoyá, Gualeguay y Paraná Campaña coincidieron en marcar un problema que tienen y que por el momento no logran superar. No consiguen personas para trabajar en el campo.

La crisis laboral en el país es real, duele y aumenta la pobreza por la falta de sustento diario que padece la población. Esto ocurre por políticas del gobierno de Mauricio Macri que afectan directamente a la clase media y baja del país.

En las últimas décadas se viene produciendo un proceso de despoblación del campo, de las zonas rurales.

En la Entre Ríos interna solo quedan los viejos. Los hijos se van a estudiar a los pueblos y por distintas circunstancias no regresan: por la falta de oportunidades, porque no tienen el impulso para iniciar una explotación productiva, o bien porque no tienen ni presente ni futuro en el campo.

Los pocos que quedan son pequeñas familias, algunos microemprendimientos agroganaderos y los dueños de las estancias. También llegaron los pooles de siembra que arriendan los campos para sacar la máxima ganancia.

Estos pooles de siembra, por lo general están compuestos por sociedades de abogados, médicos, políticos, deportistas que invierten del modo más sencillo pagando lo que quieren a los dueños de los campos.

Más allá de esto, no llamó la atención que con todos los contratiempos el campo se arremangara y siguiera produciendo. De Allí la cosecha récord y el crecimiento de otras actividades.

En ese presente, donde mínimamente se empezó a mover la rueda del trabajo, por la falta de población rural se les hace muy cuesta arriba a los pequeños o grandes productores conseguir personal que es contratado con todos los derechos y beneficios de ley.

En las últimas semanas aparecieron en las redes sociales y medios del interior de la provincia avisos de empleo rural para personas mayores de edad que estén dispuestos a contar con un empleo, crecimiento laboral, además de aprender varios oficios.

Doy varios ejemplos del norte del Departamento Nogoyá o Gualeguay, pero lo mismo ocurrió con parajes rurales de Paraná.

Para el trabajo rural en un establecimiento se debe realizar el manejo de corral de vacunos, de maquinaria agrícola, mantenimiento de alambrados, desmonte, preparación de campos para cosecha fina y gruesa, tambo, entre otras actividades rústicas, pesadas y que se realizan de sol a sol, con lluvia, viento, frío o calor.

Los encargados de las pequeñas o grandes explotaciones debieron recorrer no solo las zonas rurales, sino las poblaciones aledañas como Hernández, Aranguren, Nogoyá, Viale, Seguí, Camps o Betbeder para encontrar postulantes.

En un principio hubo interés, pero los tres o cuatro que iniciaron el trabajo a los pocos días renunciaron por no estar acostumbrados a cumplir con las tareas rurales. Si bien había estímulos, como el pago de dinero acordado con el interesado, la comida, el cobro de un premio por productividad, y hasta ser llevado periódicamente a su lugar de origen, decidieron renunciar.

Se quejaron de la exigencia laboral y de lo interminable que era estar en el campo alejado de la familia.

Hoy estos emprendedores rurales debieron contratar a personas que gozan de la jubilación y que pese a su edad están acostumbrados a trabajar.

Algunos de los “viejos” que volvieron a las producciones dijeron sentirse útiles y capaces de trasladar sus conocimientos a los más jóvenes, claro que esa instrucción gratuita choca hoy con la falta de personas que tengan ganas de trabajar en el campo.

Es posible que en las ciudades se trabaje con intensidad como en el campo: en el mundo de la construcción, en obras viales, estibadores, recolectores de las comunas, obras sanitarias, puertos, pero la gran mayoría goza de otras condiciones mucho más “livianitas”.

Trabajo falta, es verdad, pero también hay personas –no digo la totalidad– que miran dos veces qué tipo de trabajo pueden conseguir a la hora de tomarlo y aceptarlo. Mientras tanto, se quedan en la casa quejándose del Gobierno esperando el utópico maná.

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