Miradas
Viernes 11 de Enero de 2019

Por la libertad de la tierra

El Decreto N° 4.407 dictado el 14 de diciembre por el gobernador Gustavo Bordet, pero conocido recién el 2 de enero por su publicación en el Boletín Oficial, fue percibido como un paso atrás por el movimiento ambientalista de Entre Ríos. Esa norma fija las distancias de fumigación con agrotóxicos en los campos respecto de las escuelas rurales, con un rango mucho menor al dispuesto por el Poder Judicial en fallo confirmado por el Superior Tribunal de Justicia. Mientras el STJ dispuso una distancia de 1.000 metros para la aplicación de estos productos peligrosos para la salud por vía terrestre y 3.000 por vía aérea, el gobierno redujo estos rangos a 100 y 500 metros respectivamente.
En el texto del decreto se observa que prevalece la visión del tema desde la mirada de la producción y el negocio. En sus fundamentos, cita sobre todo las llamadas "Buenas Prácticas en Materia de Aplicaciones de Fitosanitarios" surgidas desde la Secretaría de Gobierno de Agroindustria del Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación. Dice que se dio intervención al Ministerio de Salud de la Provincia y a la Secretaría de Ambiente, desde donde no hubo objeciones, y se mencionan "estudios científicos y académicos", sin indicar de cuáles se trata, que avalarían las distancias fijadas.
Desde la Coordinadora Provincial Basta es Basta reiteraron la plena vigencia de la sentencia del STJ y aseguraron que este fallo no puede ser "contrariado" por un decreto del Poder Ejecutivo. Además anunciaron que realizarán las presentaciones judiciales pertinentes para que se determine la improcedencia e invalidez de la disposición del gobernador.
La Coordinadora, que lleva adelante cada semana la Ronda de los Martes en el perímetro de Casa Gris, es la expresión actual de una extensa tradición ambientalista entrerriana. Si se intenta una rápida historización, se puede encontrar un mojón de este movimiento en la oposición a la construcción de la represa del Paraná Medio. Aquella fue una batalla ganada, que se coronó con la sanción de la Ley Antirrepresas de 1997.
El día de su sanción, el 25 de septiembre, se conmemora como el Día Internacional de la Libertad de los Ríos. No fue casual esa lucha en esta provincia: en aquella década del 90 sangraba todavía la herida que provocó Salto Grande, con el traslado compulsivo de los habitantes de Federación y los cambios ambientales provocados por el represamiento de un río de llanura como es el Uruguay.
Además de los ríos, el paisaje natural de la provincia de Entre Ríos está atado a la ruralidad, con su población, su cultura y sus modos de producción. Se logró liberar los ríos –o mejor dicho, no reproducir su encarcelamiento– pero no ha sucedido lo mismo con el campo, con la tierra. La libertad de la tierra significa la libertad de poder cultivar respetando la relación con el entorno natural, los recursos naturales y los seres humanos. Y la libertad de poder vivir, estudiar y trabajar en el medio rural sin ser obligado a migrar por falta de oportunidades o a exponerse a los venenos. Porque el modelo disminuye el empleo y aumenta las enfermedades.
El modelo extractivista no ha parado de crecer desde la década del 90. Los intereses y las divisas en juego son proporcionales a la renuencia de parte de los sucesivos gobiernos a poner límites a esa forma de producir y permitir y apoyar un modelo agroecológico.
El extractivismo y su necesario uso masivo de agrotóxicos no ha sido frenado ni ante la mortandad masiva de peces que es frecuente en ríos y arroyos donde va a parar el glifosato; ni ante la intoxicación de niños, niñas y docentes fumigados en las escuelas rurales; ni ante el aumento de los casos de cáncer; ni ante los fallos judiciales.
Siempre han sido más escuchadas las entidades que agrupan a los productores agropecuarios que usan agrotóxicos y mucho menos aquellos que privilegian la salud de la población. Pero en Entre Ríos hay quienes sostienen la militancia por el medio ambiente, aunque sean pocos en una marcha y haya funcionarios que no tengan en cuenta sus reclamos. Saben que es la única manera de cambiar la historia.

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