Hoy por hoy
Miércoles 02 de Mayo de 2018

No hay olvidos

Más de una vez empecé a escribir la misma crónica, casi todos los años para estas fechas. Pero salvo excepciones, siempre me pasó lo mismo y la abandoné, dejé la página en blanco, me puse a buscar otra cosa, otro tema. Me escapé como quiero escaparme ahora porque sé que va a terminar siendo algo personal, aunque todavía no existan las últimas líneas de esta columna.

Hace 15 años por estas fechas todo era confuso y por más que trato de acordarme de algunos detalles, de la cronología, hay momentos sin completar en donde no sé qué fue primero o después, quiénes eran las personas, si realmente ocurrieron de esa manera o de otra. Sé también que el ejercicio es necesario y por eso lo intento de nuevo. Me acuerdo de una frase que alguna vez dije o escribí: "El río siempre vuelve", y por más que la pongo en un buscador de Internet no aparece nada relacionado con este tema, capaz la dijo otro u otros tantos; y aunque esté confundido creo, como creen los que simplemente creen, que es una verdad. El río siempre vuelve y para estas fechas vuelve una y otra vez, y con él esas imágenes salteadas que más o menos trato de recomponer. Y toda esta vuelta es para decir que como otras familias –miles de otras familias– una noche desde el 29 de abril el río Salado se metió también en mi casa, y dormimos hasta la madrugada arriba de la mesada de la cocina a la espera de que no suba más de la cuenta. Me acuerdo de los hombres que lloraban sentados en los cordones de la avenida, de las mujeres con la cara endurecida mientras sostenían a sus hijos y a sus maridos, de gente que caminaba por todos lados sin saber a dónde ir, de otros que gritaban nombres para ver si encontraban a quienes habían perdido.

Y días atrás, cuando tenía que sentarme a escribir esta columna estaba dispuesto a opinar sobre el aumento de las tarifas, tenía datos y números, pero el recuerdo, la memoria, volvió otra vez con todas esas partes rotas, pero con más de una verdad. Otra vez la página se puso en blanco como cada vez que me senté a escribir sobre estos mismos hechos, como ya lo hice en otros aniversarios que me agarran desprevenido.

Alguien nos vino a buscar al otro día, salimos con el agua en el pecho y caminamos lento varias cuadras, a los brazos los llevábamos en lo alto y cuidábamos la ropa que habíamos rescatado. La memoria está ahí, firme, cuando me acuerdo de quienes hacían las colas para recibir ayuda y dejaban pasar a los más viejos primero, que alguien después entró en mi casa y nos dejó algo para comer como ya había hecho con otros vecinos, que hubo quienes llegaron hasta la puerta para ver, pero que la mayoría lo hizo para limpiar, ordenar y preguntar. Me acuerdo de un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Educación: habían juntado plata desde Paraná, agua, ropa, y un montón de cosas más. Hasta el día de hoy, alguien aparece y me dice: "Yo estuve en tu casa", y le doy un abrazo. Fueron mis amigos, la mayoría siguen hasta el día de hoy, los que estuvieron presentes.

La solidaridad de aquellos días fue impresionante y cualquier lector podrá decir: "Más vale, fue así", pero uno se enteraba después. Hasta hoy, cada tanto, algún paranaense hace un comentario, algo que hizo por entonces, una ayuda brindada. Todavía, en los documentales o programas de televisión se ven imágenes de mi barrio o de otros cercanos y parecen mentira, como algo que le pasó a otro y allá lejos.

Más de un mes después de la inundación todavía quedaban familias hacinadas en carpas enormes en canchas de fútbol, con la ropa que les habían donado, con los chicos que no volvían a las escuelas, pero con las ollas llenas de alimentos no perecederos que viajaron desde todas las latitudes.

Las otras certezas tienen que ver con las ausencias. La primera vez que apareció el Estado o alguien del gobierno de Santa Fe, fue mucho después: hacían un relevamiento para saber hasta dónde había llegado el agua en mi casa. Leí por estos días una frase que repiten unos y otros, y que a la distancia del tiempo y de esas calles las siento necesarias; dicen muchos en Santa Fe que no olvidan ni perdonan. Una frase hecha que la siento propia y con la que voy a terminar, aunque desde hace rato este texto se haya vuelto algo personal.

Comentarios