Miradas
Miércoles 21 de Noviembre de 2018

Música para el alma y la razón

El santoral recuerda hoy a Santa Cecilia, patrona de la música, los músicos y cantores. Es una de las mártires de los primeros siglos más venerada por los cristianos y se dice que fue perseguida por las autoridades del Imperio Romano debido a sus creencias religiosas y fue decapitada luego de cantar una alabanza a Dios. Es representada tocando un instrumento musical y cantando.
Y es justamente la música la que contagia saber y brinda una herramienta sobre todo a los niños, para que descubran su talento.
El razonamiento basado en el lenguaje, la memoria a corto a plazo y la planificación son algunas de las habilidades cognitivas que aumentan cuando los pequeños reciben clases de música, y esto conduce a un mejor rendimiento académico.
Después de alfabetizarse, la posibilidad de que un niño desarrolle el amor por la música es invaluable. Tanto como hacer un deporte, bailar o aprender un idioma.
Y algunos dirán que se saturan y no tienen tiempo para jugar si se les suman muchas actividades extracurriculares, que necesitan tiempo para aburrirse; sin entender que los pequeños absorben sin presiones, porque hacen algo que disfrutan. No a todos les gusta levantarse temprano para ir a la escuela o sentarse media hora a estudiar, lo hacen porque los padres los motivan; en cambio ir a fútbol, dibujo, danza o a coro es natural porque lo eligen y se sienten bien.
Formar parte de una orquesta o de un grupo coral facilita la integración con personas que viven en contextos diferentes y les permite conocer experiencias y explorar nuevos conocimientos.
La neurociencia encontró una clara relación entre la música y la adquisición del lenguaje. Los especialistas refieren que aprender música en los primeros años de la escolarización puede ayudar a que los niños aprendan a leer. Ambas actividades comparten una red superpuesta en el cerebro. Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano desarrolló la adquisición de la música mucho antes que la del lenguaje y luego usó esa habilidad para crear y aprender el lenguaje.
Cantar en grupo es también desarrollar valores como el respeto, la solidaridad y escuchar al otro. Agudiza la atención y el oído para reconocer los ritmos, melodías y si se superponen ritmos diferentes. Permite manejar la respiración y también aprender a relajarse. Favorece la autoestima, el criterio, la responsabilidad, disciplina, socialización, actitud creativa. Ni hablar de la memoria, porque recordar varias letras de canciones significa almacenar un repertorio, recordar el tono, las palabras y su sonido.
Está comprobado que la música tiene una estrecha relación con el desarrollo cognitivo, de las destrezas psicomotrices, emocionales y sociales de los niños.
Hay estudios que lo demuestran. Por ejemplo, a finales de 2017, la revista de la Sociedad Internacional para la Educación Musical publicó el artículo "Beneficios del entrenamiento musical en el desarrollo infantil, una revisión sistemática". En él, investigadoras argentinas aseguran que la educación musical en preescolar ha experimentado en las últimas décadas una mayor relevancia en el ámbito global. Tanto que diversas investigaciones han demostrado que la estimulación musical multimodal influye positivamente en el desarrollo académico y social de las personas. Interpretar el cancionero popular con una guitarra, charango, violín, contrabajo, percusión, flauta traversa, quena o acordeón significa compartir riqueza cultural.
Además, cada presentación de una orquesta en una escuela o un encuentro coral en un auditorio es la posibilidad de reflejar el trabajo de chicos y también de los profesores que con gran entusiasmo llevan adelante su tarea. El esfuerzo que dedican a cada ensayo semanal se ve reconocido en una actuación donde el aplauso es la medida.
Es mucho más que aprender a tocar un instrumento o colocar una nota musical con la voz: se trata de un trabajo familiar y colectivo donde cada uno pone dedicación y amor a lo que hacen. Buscando que niños y jóvenes transformen su realidad social a través de la interpretación.
Hacer música con la voz o a través de un instrumento enriquece el alma, contagia sentimientos e invita a viajar con la imaginación.

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