Hoy por Hoy
Miércoles 27 de Junio de 2018

Mascherano: corazón del consenso

Alguien calificó con un 4 sobre 10 la participación de Mascherano en el partido de la Selección argentina con su par de Nigeria. La nota nos da pie para señalar cierta tendencia extendida a analizar los aportes en compartimentos estancos, cuando cuadra la mirada integral.
¿Le pondríamos un 4 al corazón? Felizmente, otro apuntó después que Mascherano tiene que estar en la escuadra frente a Francia este sábado, porque el corazón no puede faltar.
En un momento de alta tensión en el grupo de futbolistas, cuando todo podía saltar por los aires, Javier Mascherano volvió a cargarse una responsabilidad adicional, tomó la palabra y logró exponer con criterio la situación del plantel, las desavenencias, el proyecto. Ese punto de inflexión permitió a los argentinos superar un estado de desconcierto.
Ante los errores y adversidades, habían acordado hacer pata ancha con una estrategia surgida por consenso. La palabra consenso fue tomada por algunos para descalificar por completo al entrenador, Jorge Sampaoli, y acusar a los futbolistas de rebelión, soberbia, alzamiento, o de adueñarse de la Selección, entre otros males. Consenso significaba, desde ese ángulo, algo así como usurpación.
Pero el martes mostraron un equipo, cada uno jugó para el conjunto y un gol de fuego en el último tramo provocó un desahogo hasta las lágrimas. Lo de Messi a cococho de Rojo, para la historia.

Un acierto
Los que salen a la cancha y sus técnicos parecen distantes. Sin embargo, con el diagnóstico en mano sobre el mal desempeño del equipo, dialogar y apelar al consenso ha sido un acierto. El entrenador de Casilda se mostró auténtico al confesar que había aprendido eso de escuchar más a los jugadores y atender su comodidad en la cancha, y que le servirá para futuros compromisos como DT.
En términos occidentales nos debatimos entre dos extremos, la imposición por dictadura y la imposición por mayoría, es decir, por cantidad. Los pueblos originarios del Abya yala prefieren la complementación a la competencia, la armonía y el consenso al triunfo. Saben que si uno gana tiene que haber necesariamente otro que pierda, y su mirada comunitaria no atiende al individuo sino al conjunto. Quien dio un 4 a Mascherano miró algún pase con imprecisión, un penal opinable, cierto apresuramiento, pero no vio el paisaje, la coordinación, lo colectivo.
Más allá de detalles, el consenso es el mejor consejero. Mascherano es más que un individuo, o que un mediocampista, porque su sola presencia, aun siendo menudo de talla, le da cohesión al grupo y quizá una mirada suya o un grito a tiempo vale más que el pase exacto (que, por supuesto, también es necesario).
En esta ocasión, antes que romper, hubo deportistas que antepusieron la tolerancia y el diálogo al despotismo y el capricho, supieron escuchar. Tal vez el presidente de la AFA, el sanjuanino Claudio Chiqui Tapia, fuera protagonista también. No sabemos. Los resplandores de su niñez humilde pueden darle un plus, en esto de entender al otro.
Entre el plantel de jugadores y el plantel técnico se espera que unos se subordinen a otros, pero esta vez operaron otros valores. En el altiplano llamamos yanantin a la relación de los opuestos complementarios.

Los iyambaé
Tras el tropiezo con Croacia y anticipándonos al choque con Nigeria señalamos el domingo pasado que en una de esas afloraba en la Selección el iyambaé, el hombre sin dueño, sin amo y en deuda con su comunidad, que es propio de nuestros pueblos milenarios. Eso es lo que se vio, un empuje de todos para todos, sin egocentrismos. Se sintieron en deuda y pagaron.
Consenso, yanantin, iyambaé, y lo que por ahora es fútbol y resulta competitivo al extremo podrá entonces volver a las fuentes: un juego de amistad como aquel que en sus inicios se llamó manga ñambosarái. Si el fútbol nació entre los guaraníes, no es raro que de tanto en tanto deje traslucir algunas fibras de su origen comunitario, propio de esa humanidad en armonía con la naturaleza, que encuentra el equilibrio en el camino hacia la tierra sin mal.
Ojalá y lo que nos espera este sábado con Francia en ese camino se parezca más al perfume que a la guillotina.

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