Hoy por Hoy
Miércoles 02 de Mayo de 2018

Llegar y quedarse a luchar desde adentro

Hay mucha gente que va al barrio Gaucho Rivero de Paraná, pero casi nadie permanece. Estamos los que vamos cuando hay un hecho delictivo o alguna historia de superación para contar; están los que durante una campaña electoral caminan sus calles y hasta alzan niños en busca de votos; no muchos más. Luego, el paisaje es siempre el mismo, con sus trabajadores, changarines y desocupados, con el esfuerzo y la solidaridad, pero también con la violencia y las cloacas que rebalsan por el asfalto. Quedarse en el barrio y luchar desde adentro, es cosa de pocos.
Elvira Bustos, conocida por todos como la hermana Mariana, llegó en 1987 y se quedó para siempre. Fundó la capilla San Francisco de Asís, el centro de día Virgen de la Esperanza y la escuela Privada de Recuperación e Integración Nº 207 Juana Teresa Crombeen, con capacitaciones en artes y oficios, apoyo escolar y un jardín maternal. Con esfuerzo, cumplió lo que tantos han prometido y luego olvidado. Ayer se pudieron escuchar y leer múltiples expresiones de pesar por su fallecimiento, a los 94 años. Algunos con un simple "gracias" resumieron lo que la monja brindó a los más excluidos. Otros, con frases solemnes recordaron su legado.
Más que recordarlo, seguirlo será un desafío para quienes pelean día a día tanto en el Gaucho Rivero como en Santa Rita, Anacleto Medina, San Jorge y Padre Kolbe: organizaciones religiosas, sociales, vecinales, educativas, deportivas, entre otras que aportan sus esfuerzos para cambiar una realidad que parece cada vez más difícil.
"Hay que mejorar las condiciones de vida de estas comunidades, a las que les falta más contacto con el pueblo de Dios. Por ejemplo, me gustaría reactivar la comisión vecinal del barrio Santa Rita, para que se visiten estos asentamientos", dijo Mariana a UNO en una entrevista en 2014.
En las últimas semanas, un sector del Gaucho Rivero volvió a ser noticia por la violencia: enfrentamientos armados a muy pocos metros de la capilla fundada por Mariana, con el trasfondo de siempre: la droga. También hubo un doble homicidio en el marco de un conflicto por similares razones. Un escenario repetido a lo largo de los últimos años en distintas zonas del oeste de Paraná, que culmina con la intervención de la Policía, la sanción de la Justicia (a veces) y nada más.
El Estado llega para reprimir y sancionar; la prevención que es trabajo, educación, salud y oportunidades, parece estar solo en manos de voluntades firmes como Mariana y tantos otros. Pero nunca alcanza si quienes tienen el deber y el poder de transformar realidades no toman las decisiones que pueden cambiar la vida de miles de familias. Mientras, se siguen contando las vidas jóvenes que quedan truncas por las balas, por las drogas o por el encierro cuando la desesperación parece empujar hacia un camino sin salida.
"Nos han robado y en los alrededores hay mucha droga. El paco es la peor, está generando muchos efectos desastrosos en los chicos", había dicho la monja en la misma entrevista hace cuatro años. ¿Alguien la escuchó?
En cercanías a la capilla San Francisco de Asís funciona la Huerta de Canán. Allí el pastor Héctor Larrea también recibe a los olvidados que buscan desde una intervención ante un conflicto entre familias, hasta un espacio donde un pibe pueda hacer algo para recuperarse de su adicción. Los recursos nunca alcanzan y la voluntad sola navega contra una corriente de narcos, balas y necesidades cada vez más urgentes como comer.
A la hermana Mariana la despiden con el recuerdo de todo lo que hizo y lo que dejó para que otros continúen. Con la tristeza de saber lo difícil de reemplazar a alguien que llega y no se irá nunca más. Como hace 31 años, cuando la monja llegó con una valija a un lugar con muchas necesidades, donde vio pasar y escuchó prometer a tantos funcionarios, y de donde se va en medio de incontables urgencias, pero pese a todo dejando muchas vidas transformadas y sobre todo un ejemplo.

Comentarios