Miradas
Sábado 23 de Junio de 2018

La necesidad de contar la otra historia

La llegada de la fecha en que se recuerda la elevación al rango de villa de Paraná, el 25 de junio, que se toma como el aniversario de la ciudad a falta de una fundación, es una oportunidad para reflexionar acerca del pasado común de quienes la habitan y de qué modo esto se expresa en la sociedad actual.
Se enseña que el poblado se conformó a partir de una decisión de los habitantes de Santa Fe, que comenzaron a asentarse espontáneamente desde el siglo XVI en esta zona. Debido a su crecimiento lento pero constante se decidió levantar un fuerte para ofrecer seguridad en la frontera con las comunidades indígenas y una capilla para prestar servicios religiosos a los pocos pobladores de lo que se conocía como la "Baxada de la otra Banda del Paraná". En 1730 el Cabildo Eclesiástico erigió la Parroquia del Pago de la Otra Banda del Paraná bajo la advocación de la Virgen del Rosario, lo que es considerado uno de los hitos en el surgimiento de la localidad. Hasta que en 1813 fue declarada "Villa de Nuestra Señora del Rosario de Paraná", por una declaración de la Asamblea General Constituyente de ese año.
Desde varias décadas anteriores a esa elevación de rango que se toma como aniversario, Paraná ya poseía una compleja composición poblacional, que incluía a una importante cantidad de descendientes de los pueblos originarios y de africanos y de mestizos. Estos grupos, que eran parte del pobrerío de la época, no figuran con real trascendencia en los documentos que se toman para escribir la historia, y sus voces aparecen silenciadas a lo largo de los siglos, a pesar de ser nuestros antepasados.
El paranaense Alejandro Richard es arqueólogo, becario del Conicet e investigador del Museo Provincial de Ciencias Naturales y Antropológicas Antonio Serrano y del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente está en los inicios de un proyecto de arqueología histórica en la capital entrerriana, mediante el cual aspira a darle voz a esos grupos marginales de los años 1700 y 1800 que la historia tradicional ha mantenido callados. Para ello realiza investigaciones que se complementarán con excavaciones en el antiguo Barrio del Tambor –que se extendía entre la plaza Alvear y el río– en la búsqueda de objetos que permitan reconstruir la vida cotidiana de aquellos paranaenses olvidados. Y así suplir lo que no dicen los documentos.
El asentamiento de afrodescendientes y afromestizos –libres y esclavizados– en el Barrio del Tambor o Barrio del Candombe, dio lugar a la capilla de San Miguel Arcángel, el santo al que adoraban. Esa construcción de 1824, ubicada sobre calle Buenos Aires, fue la primera con ladrillos en Paraná, mientras que la iglesia matriz –en la ubicación del actual catedral– era por entonces de adobe, contó Richard en una entrevista con UNO TV, el canal de web tv de unoentrerios.com.ar.
También afirmó que estudiar la vida cotidiana de aquella Paraná permite construir un discurso contrahegemónico, ya que la historia de la ciudad se conoce a través de documentos escritos que fueron redactados por el Cabildo de Santa Fe y la curia de la capilla e iglesia matriz. "El desafío es recuperar las voces de los que no tuvieron voces; estudiar la dinámica de la sociedad en su conjunto, y particularmente de estos sectores humildes marginales que no tenían forma de expresarse en los documentos. Pero también esto nos permite repensarnos como sociedad, tanto en términos históricos como en la actualidad", sostuvo.
Este "repensarnos" a partir de saber que la herencia europea es solo una parte de nuestra identidad y que mucho hay del legado indígena y afro, es un aporte para derribar los mitos que fundan el racismo y la discriminación tan presentes en las relaciones humanas actuales.
"No siempre la genética se expresa en el fenotipo y la identidad no pasa siempre por la genética o por un linaje. Somos el resultado de una sociedad muy dinámica en el pasado", explicó el investigador.

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