Miradas
Lunes 05 de Noviembre de 2018

La lluvia en la soja y los árboles secos

Es un debate que por el momento no se puede saldar, y mucho menos buscar el consenso necesario.¿Quién tendrá razón? O al menos tratará de entender a la otra parte en la confrontación que se da como postura de que los agroquímicos son nocivos para la salud y que envenenan nuestro medio ambiente, y la posición que marca que es el modelo de producción del cual vive la ciudad, buscan argumentos teóricos para derribar el trabajo en el campo.
Una gran parte de la biblioteca es avalada por fallos judiciales, sin embargo, otra parte de la propia Justicia habilita su uso. En medio de esto, el propio Estado provincial apelaría un pronunciamiento del Superior Tribunal de Justicia que marca un límite de 1.000 metros para poder fumigar sin afectar los establecimientos educativos.
Dicho de otra manera, el gran responsable de que pase lo que está ocurriendo hoy es el propio Estado, donde una parte fomenta la producción sojera a gran escala, y otra trata de neutralizarla con precarios procesos de control.
Seguramente detrás de todo esto hay grandes intereses económicos en la defensa del mantenimiento del sistema de aplicación de agroquímicos, como también posturas extremas e ideológicas que se oponen a la producción.
¿Cómo llegar a dejar de lado los prejuicios, las posturas caprichosas y muchas veces amparadas por la desinformación? Para ello, quiero contarles dos comentarios recientes que escuché, uno de una autoridad del Colegio de Profesionales de Agronomía de la Provincia, que sin ponerse colorado dijo: "Muchos de los ambientalistas hablan sin saber, sin tener idea cómo es la producción y lamentablemente sin conocer la tierra, ya que hablan desde la ciudad".
Admitió el ingeniero agrónomo que "hubo problemas por la deslealtad de algunos productores, pero no se podía generalizar", añadió en su alegato el sábado a la mañana en LT 14 de Paraná.
Al otro dato me lo aportó un familiar que vive en el campo, en la zona rural de Gualeguay, desde hace 75 años.
Si bien ellos están acostumbrados a convivir con los agroquímicos, tratan en lo posible de ser los primeros en defender el medio ambiente. Realizan la rotación en la tierra, le piden al fumigador tener cuidado con el viento, con los campos y familias aledañas, con la escuela, pero más allá de esto, me explicaron lo siguiente: "Hace poco tiempo un mosquito (equipo fumigador terrestre) estaba fumigando en unos tres kilómetros y el viento era intenso. Sentí en mi cara la lluvia y el olor era insoportable".
El presente de la casa y su producción está totalmente trastocado. Los árboles frutales de la noche a la mañana comenzaron a menguar su cosecha. Las naranjeros, limoneros o mandarinos lentamente se empezaron a "apestarse", a secarse de arriba hacia abajo. Y por más remedios que se les aplicaron quedaron muertos.
Está demostrado con estudios serios que la fumigación perjudica la vida humana, los animales y el medio ambiente. Lo que está en debate, entre defensores y detractores de la aplicación, es si es mortal.
Particularmente estoy alineado con la idea de que estos productos perjudican al medio ambiente y que por su uso intensivo hay una afectación directa a la vida.
Sin embargo, en las grandes estructuras de poder hay un punto que une a peronistas, radicales, socialistas, macristas, etc, o quien quiera llegar al gobierno, ya que hasta la fecha todos han mirado para el costado, hablando de la teoría pero en la práctica dándole prioridad al desarrollo de la soja para poder tener las retenciones que le permitan obtener rápidos ingresos a las flacas arcas.
A la expresidenta Cristina Kirchner le pareció, desde el peor desconocimiento, que la soja era un yuyiyo que salía como una planta de zapallos en cualquier cuneta, y el actual titular del Ejecutivo, Mauricio Macri, no emite opinión tajante habida cuenta de estar ligado a los grande intereses de los terratenientes y los agroexportadores.
En definitiva, mientras la gente del campo se pelea con la ciudad por las fumigaciones, muchos de los que están en el poder solo quieren los fondos para hacer política. Mientras tanto, no habrá convivencia por la falta de políticas verdaderas del propio Estado.

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