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Gabriel López y Castrillón, dos justicias

Martes 26 de Marzo de 2019

Roxana Monzón abraza a sus hijos: a su izquierda, Gisela y Gabriel, a su derecha Adriana, con una beba en brazos, y otra chica que sería de la familia. Los seis sonríen con un arbolito de Navidad de fondo. Es la foto que eligió Gabriel López para acompañar sus palabras que publicó ayer en Facebook. Después de seis días de conocerse la resolución del Superior Tribunal de Justicia que confirmaba la absolución de los imputados por el femicidio de su hermana, sus palabras expresaron la desolación de una familia humilde frente a la impunidad y frente a todo el sistema judicial. Y fue justo al mismo tiempo en que el presidente del STJ de Entre Ríos, Emilio Castrillón, abría el año judicial en un acto en Tribunales, con definiciones que valen la pena contrastar con las palabras de Gabriel. La carta de Gabriel, con la crudeza del dolor, y el discurso de Castrillón, quizá demasiado optimista, demuestran que en Entre Ríos hay dos justicias.

Primero, el joven de Santa Elena contó que el 20 de marzo viajaron hacia Paraná, presenciaron la audiencia y les dijeron que el veredicto se daría a conocer los días subsiguientes. Por eso emprendieron el viaje de regreso, pero en el camino les avisaron que los vocales ya dictaron la resolución. "Nos invadió el dolor otra vez más", escribió Gabriel.

"Algunos vicios podemos tener" pero "el Poder Judicial entrerriano nos enorgullece", dijo ayer Castrillón, frente a numerosos funcionarios judiciales y políticos.

Gabriel agregó: "Soportamos mil veces la revictimización que sufre y seguirá sufriendo nuestra Gise. Desde un inicio aguantamos la estigmatización de la familia, al tratar de hacernos responsables del femicidio", al recordar que aquellos días de incertidumbre, cuando Gisela estaba desaparecida, y luego también, fueron objeto de sospechas, sin sentido alguno, y esto instaló dudas sobre ellos en la ciudad donde viven.

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Los periodistas que nos tocó cubrir de punta a punta el juicio contra Elvio y Mario Saucedo, Matías Vega y Rocío Altamirano coincidíamos, por aquellos días de mayo de 2017, en que no se habían ventilado pruebas en su contra. La Fiscalía consideró que la cantidad de indicios sustentaban con firmeza la acusación y pidió la prisión perpetua. Llegó la absolución, luego la Cámara de Casación Penal ordenó hacer un nuevo juicio, pero este se truncó ya que la Sala Penal del STJ, la semana pasada, consideró bien fundamentada la sentencia en la que los jueces dijeron que no había pruebas.
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La familia de Gisela, confiada en lo que sostenía el Ministerio Público Fiscal, tenía esperanzas de que un nuevo debate arrojara más certezas. Ahora ya no confían en nadie: "Una sola reflexión nos es posible –escribió Gabriel–, una Justicia que afirma y reafirma su inoperancia y falta de praxis. Esta Justicia dice en su fallo que ella misma hizo todo mal y que el crimen de mi hermana, uno de los femicidios más aberrantes en la historia de la provincia, es un caso que queda en la impunidad. Esta Justicia además de demostrarse inepta deja a sus responsables de la ineptitud sin castigo. Nadie da un paso al costado, nadie renuncia, todos siguen con sus privilegios".

Por su parte, Castrillón destacó (mientras se refería a la independencia del Poder Judicial): "Entre Ríos puede tener alguna duda, pero nunca va a coincidir con que la sociedad entrerriana no cree en su Justicia, porque ve que ha llegado hasta donde nunca lo había hecho".

Luego, Gabriel interpeló: "Me pregunto qué mujer se puede sentir segura en las calles cuando el mensaje de la Justicia es de incapacidad. Es una vía libre para que otros asesinos se sigan cobrando las vidas de nuestras gurisas. ¿Quién nos da respuestas a la familia de una víctima de femicidio? ¿Quién se hace responsable de su incapacidad? ¿Quién se hace responsable y cómplice de la impunidad?".

Mientras tanto, en el coqueto salón de actos de Tribunales en Paraná, el presidente del Alto Cuerpo, afirmaba: "Nuestro Poder Judicial está en marcha. Esto es posible gracias al esfuerzo de muchos. De este lado del pupitre se nos terminan los colores. Nuestra única bandera es darle justicia a la gente".

"Hoy nos sentimos solos, somos una familia humilde y eso en esta sociedad se paga caro, total los pobres no valemos, nuestras muertes no cuentan y en todo caso son nuestra propia responsabilidad", describió Gabriel.

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