Educación Sexual Integral
Martes 18 de Septiembre de 2018

El dilema de la ESI

Que se busca "homosexualizar" a los niños y que busca "introducirlos a prácticas masturbatorias" son solo algunos de los argumentos falaces y virulentos que esgrimen los que ahora se oponen, dejando así al descubierto una noción medieval de los hijos como propiedad.

A principios de agosto, en medio del debate por el proyecto para legalizar el aborto, los sectores más conservadores, en su mayoría vinculados a la Iglesia y a grupos evangélicos, se negaban rotundamente a la ley y clamaban por más y mejor educación sexual. Una adaptación ATP del "cierren las piernas" tan leído en redes sociales, tan vociferado en las sobremesas familiares e impuesto en las clases de catequesis. Apenas un mes y medio después, aquellas consignas conciliatorias quedaron atrás y los pañuelos celestes también: ahora se identifican con el modelo binario celeste y rosa, e impulsan campañas en contra de la modificación de la normativa vigente en materia de Educación sexual integral (ESI).
La ESI está vigente desde 2006, pero solo se aplica en nueve de las 24 provincias, según un informe solicitado por la Fundación Huésped al Ministerio de Salud de la Nación. Que se busca "homosexualizar" a los niños y que busca "introducirlos a prácticas masturbatorias" son solo algunos de los argumentos falaces y virulentos que esgrimen los que ahora se oponen, dejando así al descubierto una noción medieval de los hijos como propiedad: "con mis hijos no te metas", dicen, como si los niños, niñas y adolescentes fueran cosas, y no sujetos con derechos.
Se puede entender esta resistencia como una respuesta al cambio radical que propone la ESI en la forma de pensar la educación sexual, que trasciende el paradigma biologicista situando a la sexualidad y a la construcción de la identidad sexual en el orden de lo sociocultural, para pensarla desde una perspectiva integral, mucho más allá de lo estrictamente biológico.

En otras palabras, ya no busca solo que chicas y chicos sepan cómo evitar embarazos no deseados y enfermedades, sino hacer posible una forma de vincularse a partir del ejercicio de los derechos humanos y el respeto a la diversidad sexual; el reconocimiento de las diferencias, la perspectiva de género, la valoración de los sentimientos, del propio cuerpo y la prevención del abuso infantil;

"La educación sexual se hace en casa", dicen, ignorando el informe de Unicef, que asegura que el 70% de los abusos sucede en el ámbito familiar. En este contexto, contar con docentes capaces de detectar casos de abuso se hace fundamental, sin embargo, a 12 años de sancionada la ley, la capacitación a los docentes es, al menos, insuficiente: según reveló Cecilia Valeriano, coordinadora del Programa de Movilización y Redes de la Fundación Huésped, solo un 20% de los docentes argentinos fue capacitado en la materia.
En Entre Ríos la aplicación es parcial, a todas luces insuficiente. Desde la Red de Docentes por la ESI explican que las falencias son muchas, pero destacan la falta de decisión política para la plena implementación de la ley, que se expresa, en primer lugar, en la casi nula capacitación de los docentes, que cuentan con una mano las capacitaciones recibidas al día de hoy.

También la falta de perspectiva de género en la formación, casi invisible en las currículas propuestas, lo que también es fuertemente reclamado por los estudiantes secundarios como necesidad urgente.
Son los mismos sectores que defienden o al menos callan frente a la innegable red de pedofilia dentro de la Iglesia católica los que también se oponen a una política púbica necesaria para que los adultos pierdan poder sobre los cuerpos de los niños.
Diferente hubiese sido la vida de las víctimas del cura Ilarraz si alguien les hubiese explicado, desde chiquitos, que ningún adulto puede tocar el cuerpo de un niño o niña sin consentimiento y si alguien les hubiera hablado del límite entre la caricia afectuosa y la perversión. "No se metan con mis hijos", dicen quienes confían la educación de ellos en la institución que calla e invisibiliza cientos de miles de víctimas de abusos sexuales en todo el mundo.
El desfinanciamiento del Programa Nacional de Educación Sexual Integral acompaña este contexto y anticipa un retroceso que se percibe aún más desde el rechazo a la ley del aborto.
Más educación es mayor poder de decisión, y parece que eso es exactamente lo que algunos no quieren.

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