Desocupación
Miércoles 27 de Junio de 2018

El boom de la economía informal

La crisis golpea cada vez con más fuerza a toda la cadena productiva y económica del país. Basta con interpretar un poco la realidad para darse cuenta de que el hilo se corta por lo más débil y que las capas sociales más vulnerables, en particular los asalariados, son los que peor la pasan en este modelo donde impera una receta neoliberal, donde los números tienen que cerrar a cualquier costo. Los que todavía tienen la suerte de conservar su fuente laboral siguen perdiendo el poder adquisitivo de su salario frente a una creciente devaluación de la moneda, el desmedido aumento de precios que alimenta la inflación y para terminar de rematarla la política de tarifazos que es la marca distintiva de este Gobierno. La ecuación, muchas veces, es más compleja que pensar solamente en llegar a fin de mes cuando el desafío requiere sostener económicamente a un grupo familiar. Se trata de una tarea que conjuga el instinto de supervivencia con la creatividad para sobrellevar de la mejor manera la crueldad de un sistema perverso.
La plataforma digital de UNO y su equipo de trabajo ha sabido reflejar con lucidez cómo se ha incrementado el trabajo informal en Paraná a partir de la proliferación de microemprendimientos –en su mayoría gastronómicos– que son desarrollados por grupos familiares. Los que antes era una postal propia de la zona de la Peatonal o de los grandes eventos deportivos o culturales, a cargo de vendedores ambulantes, se reconvirtió en medio de la coyuntura para pasar a ser un modo de subsistencia. Desde rotiserías, pizzerías, ventas de comida al paso, proyectos comunitarios de elaboración de productos artesanales, son las distintas facetas de una nueva tendencia traccionada por la necesidad de tener un mejor pasar económico.
"Con un sueldo no alcanza, sobre todo cuando hay un solo sueldo y tenés una familia de cuatro personas. Entonces tuvimos que buscar una salida laboral, porque mi mujer no consigue empleo. Esto tiene que ver con la economía del país, la suba de los productos básicos y con un sueldo no te das ni un gusto". Con estas palabras definió su situación a este medio uno de los nuevos habitantes de la economía informal, empujado por las nuevas condiciones pautadas del mercado laboral a tener que sumar más horas de trabajo. Es innegable que a este trabajador y otros que como él deben padecer un proceso creciente de flexibilización, no les queda otra alternativa que sumarse al engranaje de una economía con muchos actores pero que está sujeta a una fecha de vencimiento.
El rubro elegido por la mayoría de los microemprendedores es el de la gastronomía, principalmente la elaboración de comidas caseras (pizzas, tartas, sánguches, papas fritas, panes caseros, platos del día). "La verdad la materia prima es bastante rendidora: queso, harina, verdura. Entonces te puede dar más ganancia", dijo acerca de algunos de los secretos para ganarle a la crisis. Y se explayó aún más sobre un negocio temporal pero que ayuda a llegar a fin de mes. "No gastas más de 50 pesos en hacer una pizza. El tema está después en cuánto se la vendés a la gente. Yo no vivo de eso, entonces trato de no cobrarlo tan caro y así atraer más clientes. Con la ganancia que a mí me da me sirve", planteó.
Es la flexibilización del trabajo en su formal más brutal, protagonizada por los asalariados que se constituyen así en el último eslabón de una cadena que obliga al máximo esfuerzo.
La frase de un dirigente sindical de Paraná puede resumir el espíritu de este momento: "Toda la economía está dolarizada, los alquileres, las tarifas, menos los salarios de los trabajadores".
La gastronomía en todos sus niveles tampoco escapa a este momento de caída del consumo y de bolsillos flacos, pero los cuentapropistas siguen dando pelea en base a la solidaridad de su familia, pero también de los que destinan sus ingresos a sustentar a estos microemprendimientos que florecen en todos los barrios como una marca de la crisis.
La creatividad, el marketing casero y cada nuevo recurso son válidos para aumentar las ventas, también los clientes que buscan ofertas, pero además calidad y el sabor que lleva dentro un producto hecho en el ámbito familiar. Es un reflejo de la época en que vivimos, donde el ingenio y el esfuerzo pueden más que la resignación.

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