Hoy por Hoy
Viernes 16 de Noviembre de 2018

A tres años del debate presidencial

El miércoles se cumplieron tres años del debate presidencial entre el actual presidente de la Nación, Mauricio Macri, y su contrincante en el balotaje, el candidato del Frente para la Victoria Daniel Scioli.
Mirando en perspectiva, no resulta novedoso que aquellas promesas para captar votos –por parte de quien finalmente obtuvo la mayoría de los votos de los argentinos– no se hayan cumplido. O que determinadas medidas de acción de gobierno hayan girado 180° del plan original.
Ocurrió con Macri, como tal vez seguramente hubiese ocurrido con Scioli, porque los políticos siempre mienten en campaña, ¿no?
Se ha inmortalizado –y eternizado– el desvergonzado reconocimiento público del exmandatario nacional Carlos Menem, quien durante su gestión se sinceró y dijo que si hubiese dicho lo que iba a hacer, no lo votaba nadie.
¿Por qué el votante debería comprender que en realidad el actual Jefe de Estado no mintió, sino que se encontró con otra situación que desconocía?
Aunque el problema de fondo no es Macri, ni Menem, ni Scioli, ni los de antes o los de ahora, sino el frágil pacto que se establece entre el candidato y el votante. De tal modo vamos naturalizando esos engaños.
El famoso debate de ideas, auspiciado, demandado y promovido desde la silla vacía que dejó Carlos Menem –que lideraba las encuestas– en 1989, faltando a la discusión contra el candidato radical de 1989 Eduardo César Angeloz, fue motivo de recurrentes planteos públicos.
Hasta 2015 nunca se había podido lograr que los candidatos a presidente se reunieran y discutieran ante la ciudadanía sus propuestas de gestión y sus formas para llevarlas a la práctica.
El primero finalmente se realizó el 4 de octubre de 2015 con todos los postulantes a la Presidencia –sin la participación, en esa oportunidad, del oficialista Scioli– y el segundo en los días previos al balotaje.
Así fue que el 15 de noviembre de 2015, una ávida ciudadanía marcó inéditos registros de rating.
Allí, Macri hizo promesas que uno podía sospechar incumplibles, como Pobreza Cero. Pero muchas otras eran consideraciones sobre medidas concretas: entre otras, anunció que si llegaba a ser Presidente, la inflación iba a bajar a un dígito; que los trabajadores no iban a pagar impuesto a las Ganancias; que se iban a construir 3.000 jardines en todo el país, o que se impulsarían un millón de créditos hipotecarios a 30 años.
Habló de una revolución educativa, con un programa de una computadora para cada alumno de 1° grado. Prometió instalar radares para la seguridad y contra el narcotráfico, y crear centros de tratamiento integral de las adicciones (en Paraná se abandonó el Cepla en Anacleto Medina).
También dijo que desarrollaría el plan de infraestructura vial "más grande la historia". Y que se iba a poner fin a "la grieta".
Dijo, en aquella ocasión, frases como: "El problema en la Argentina no es el dólar, el problema de Argentina es el gobierno kirchnerista que no ha parado de mentir y destruyó la confianza en este país. La Argentina tiene que crecer con un gobierno que diga la verdad, que fije reglas claras de juego, que defienda el valor de nuestra moneda. En nuestro país no tenemos problemas de dólares; este país produce dólares".
Es cierto que cumplió con la eliminación del cepo, o la extensión de la AUH para hijos de monotributistas, o la Ley del Arrepentido.
De cara a un nuevo año electoral, habrá que pensar si estos debates presidenciales –comunes y tradicionales, como en Estados Unidos– realmente son importantes para nuestra sociedad, o se convierten solo en una puesta en escena para ver quién dice mejor las cosas.
Al final de este tipo de debates, en todas partes, la opinión pública mediática analiza quién lo ganó. Por estos lados, a la luz de los hechos, está bien en claro quién perdió, y no fueron ninguno de los dos postulantes.

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