¿Qué sería de la historia sin el interés de aquellas personas que se preocupan por recuperar y reconstruir fragmentos de lo ocurrido en el pasado? Rescatar una parte o distintas partes de lo que puede considerarse territorio del olvido se vuelve una tarea loable. Pero los modos de revisitar el ayer pueden ser muy diversos, uno de ellos es a partir de la escritura y de plasmar distintos sucesos es un documento, el cual posiblemente después sirva como fuente para otros documentos o investigaciones. En tanto que otra manera valiosa de hacerlo es a través de los elementos, como por ejemplo las fotos y las imágenes, y los objetos que fueron parte de la cotidianidad en algún momento, y que hasta en algunos casos cumplieron una función tan elemental y necesaria como brindar información sobre el día y la fecha que transcurría o sumamente importante como conocer la melodía del himno nacional argentino en tanto símbolo patrio. Ambas maneras de rememorar la historia posibilitan tener viva la memoria. Este es el caso del paranaense de 88 años de edad, Ermelino Rodríguez quien por lo menos lleva casi 70 años dedicándose a la colección de diversos objetos. Tal es así que cuenta con piezas muy añejas que se remontan al siglo XVII.
Ermelino Rodríguez: un recuperador de "un tiempo que fue"
Foto UNO/Mateo Oviedo
Cuando el reloj marca las 17, con una tarde cálida de otoño, Ermelino abrió a UNO las puertas de su casa ubicada en el centro de Paraná para mostrar con entusiasmo cada una de sus colecciones. Allí vive desde que se casó y donde crecieron sus cuatro hijos, quienes desde pequeños vieron muy de cerca lo que significa la pasión de reunir piezas con muchísimos años de antigüedad. Una práctica que requiere de constancia y esfuerzo, aunque no sólo hablemos del aspecto económico sino también de tiempo, logística, espacio, y conocimientos en la materia.
Al ingresar a su vivienda ya se puede apreciar un importante número de objetos. Sobre la mesa, el coleccionista tiene un compendio de almanaques y calendarios de todo el mundo, algunos se encuentran en carpetas al resguardo de cualquier factor externo que los pueda dañar.
Con huellas y marcas que evidencian el paso del tiempo del papel, Ermelino mostró un almanaque inglés de 1778 (dedicado a las fuerzas armadas de Inglaterra) y desde allí en adelante la serie también comprende los siglos XIX y XX.
Un detalle importante que compartió y que da cuenta de sus conocimientos en torno a esta colección en particular es la distinción entre almanaque y calendario: “Almanaque es el libro que ofrece distintos tipos de información. Por ejemplo, tengo almanaques de los que brindaban las marcas de medicamentos, y otros que son agrícolas. Y después están los calendarios que sólo tienen día, mes y año”.
A propósito de los calendarios, una de las colecciones más significativas que tiene el paranaense es la de Molina Campos y al respecto referenció: “Tengo toda la colección completa de Molina Campos, el primero que tengo es de 1931 y aparte cuento con este almanaque que hizo el dibujante y pintor en Estados Unidos. A este me lo habían robado en la Aduana cuando llegó a Argentina y en ese momento la jueza federal que estaba en Paraná, era una compañera de estudio, y me ayudó a recuperarlo. Es anecdótico porque se hizo un gran movimiento para que llegara a mis manos”.
La concentración de material que ha realizado a lo largo de este tiempo es sorprendente. “Entre almanaques y calendarios tengo un total de 700 piezas”, dijo.
En este sentido, la agudeza en su búsqueda le han permitido acceder a objetos que no se encuentran en otro punto del país y que al momento de adquirirlos le insumieron, además de dinero, una importante gestión.
Luego de cerrar las carpetas con los distintos dispositivos que registran el paso del tiempo, nos dirigimos a otro sector de la sala de ingreso donde se encuentran distintos tipos de aparatos musicales.
El coleccionista se acerca a una de las cajas musicales, que en su fachada se asemeja a un ataúd pequeño, y al abrirla se puede observar un cilindro giratorio de metal con relieves que al moverse reproduce melodías. “Esta es una caja de música de 1856 de las que regalaba el General Urquiza porque tiene una parte del Himno Nacional Argentino”, sostuvo el coleccionista. El aparato suena a la perfección y se distingue con claridad la pieza musical que suena.
El acervo de Ermelino comprende alrededor de 11 colecciones completas de objetos diversos que están en condiciones de ser expuestas en muestras. Bajo la denominación de “Elementos de uso diario de un tiempo que se fue”, la lista engloba a: Mates de porcelana, pipas para tabaco y para opio -fabricadas en madera, hueso, metal, marfil y espuma de mar-, tragamonedas, radios, fonógrafos, lámparas de luz, afeitadoras, espejos, abanicos, pantallas, celulares, máquinas de escribir, lapiceras, lentes, estufas, entre otros más.
Al respecto, afirmó: “Me gusta coleccionar objetos que reflejen parte de la vida cotidiana de la gente y exponerlas de tanto en tanto para compartir".
Sobre la importante colección de mates de porcelana destacó: “Es una de las más importantes en el país. Yo que he recorrido distintas tiendas y lugares de Argentina diría que no hay otra serie como esta”.
Compartir con otros
El coleccionista ha llevado sus series a museos de la capital provincial como también a otros puntos de la provincia, como la de mates de porcelana y la de carnaval a la localidad de Gualeguaychú, donde el carnaval es un rasgo distintivo de la cultura de la ciudad. Esta serie con la que cuenta Ermelino consta de medallas, lanza perfumes, pomos de espuma, tarjetas telefónicas con motivos del carnaval, máscaras y caretas del carnaval de Venecia, de Buenos Aires, instrumentos, medallas, fotos, notas de diarios, grabaciones de música, entre otras tantas cosas.
Asimismo, otras de las colecciones de relevancia que tiene es la que reúne ejemplares de diarios y revistas que tienen más de un siglo de antigüedad.
No sólo se trata de coleccionar
Por otro lado, Ermelino remarcó que todos los objetos de sus colecciones privadas están en funcionamiento, como por ejemplo las cajas de música o tocadiscos que requieren de un cuidado particular. “No sólo se trata de coleccionar en mi caso, sino también de conocer cada parte de las cosas para poder armarlas y desarmarlas para, de esta manera, arreglarlas en caso de que presenten un desperfecto o se rompa alguna pieza”, aseveró Ermelino sobre otra de las aristas que se abre al desarrollar esta práctica.
Su casa es prácticamente un museo más que una casa, ya que los diferentes espacios de la vivienda guardan objetos antiguos en vitrinas, cajones, y estanterías. Allí también supo tener una colección de autos antiguos que, con el tiempo, por una cuestión de reiterados robos y de espacio, decidió no tenerla más.
Para adquirir cada pieza, le han sido de gran utilidad los viajes a ferias y tiendas de antigüedades. “Se volvió habitual viajar a ferias de Santiago de Chile, Montevideo, y Brasil donde he conseguido cosas muy interesantes. En algunos de estos lugares ya soy conocido y era también algo que compartíamos con mi esposa que ya falleció”.
Su esposa fue más que su compañera de vida ya que juntos fueron nutriendo e incrementando las piezas de las colecciones. Con ella fue con quien también tuvo durante algunos años una casa de antigüedades en Paraná.
Por lo tanto no sólo se ha tratado de una actividad que lo atrapó por completo sino que ha sido una manera de compartir en familia un legado y una herencia, la cual incluye objetos pero también experiencias y conocimientos históricos.
Asimismo, con orgullo el coleccionista referenció que todo lo que se encuentra en su casa fue adquirido con sus propios recursos: “A mí nadie me regaló nada y es una gran satisfacción porque cada objeto fue comprado con un argumento y con una intención, es decir que no fue aleatorio”.
Por último, Ermelino destacó que principal propósito es rescatar cosas que ya no son parte de la vida actual y que ya no se producen más. “Es rescatar algo del olvido porque las personas vamos destruyendo nuestro pasado”, concluyó.

















