A Fondo
Lunes 30 de Marzo de 2015

Las canciones prohibidas por la dictadura militar argentina

El 24 se marzo se presentó en el Encuentro Nacional de la Palabra la lista de los temas que no se podían escuchar durante el proceso más negro del país

Gillespie / Télam
editor@uno.com.ar

 

 

Vienen a mi memoria algunos vagos recuerdos. Las calles desoladas de mi barrio ahora visitadas por algunos camiones pintados de verde oscuro. Soldados iban haciendo una “especie” de censo por las casas. Esa mañana tocaron el timbre del departamento. Mi vieja les abrió y conversaba con ellos mientras recorrían las habitaciones. Recuerdo que le preguntaron sobre unos libros de la biblioteca de mi hermano, que estudiaba Ciencias Económicas. Varios soldados revisaban el departamento. Yo les hice una broma con un revólver de juguete, se miraron, mi vieja hizo alguna broma de ocasión. Se fueron. Fin.


La dictadura militar ya estaba instalada desde hacía unos pocos meses. Yo estaba en sexto grado de la escuela primaria y la realidad se me mezclaba con las películas de acción. Lo cierto es que bajo la superficialidad funcional, una maquinaria oscura se ponía en marcha.

 

En su afán por controlar todo lo que pasaba en el país, los militares tomaron todos los medios de comunicación, canales, radios y diarios, que ahora funcionarían bajo su estricta supervisión. Designaron interventores en todos lados y comenzaron a circular las famosas “listas negras“ de artistas que pasaban a estar prohibidos.


La relación entre la dictadura y el rock fue áspera. Aunque en otros géneros la cosa fue aún más brava. Folcloristas como Mercedes Sosa, Cesar Isella, Horacio Guarany, Ariel Ramírez fueron prohibidos. En el caso del rock, el flaco Spinetta, Charly García, León Gieco, Litto Nebbia, Miguel Cantilo y Piero encabezaron las listas. El criterio de censura abarcaba un amplio abanico donde se combinaban política, espiritualidad, sexo, amor libre y hasta la prohibición por contener en la letra una palabra inconveniente.


Las listas de temas prohibidos incluyen clásicos como Me gusta ese tajo de Spinetta, interpretado por Pescado Rabioso, por tener connotaciones sexuales; o Ayer nomás¨ de Moris y Pipo Lernoud, por su melancólica crítica a la sociedad represora de los sesenta.

 

Algunas prohibiciones son llamativas, como la del tema La canción de los tontos del grupo bailable Katunga, solo por incluir la palabra “tontos” o Cara de tramposo, ojos de atorrante de Cacho Castaña, por la palabra “atorrante” que remitía a personajes callejeros que deambulaban por la ciudad en busca de diversión y no de trabajo o estudio.


Alguna vez se escuchó a Massera teorizando acerca de las perturbaciones que trae a la juventud el ejercicio de la libertad. En su preciso Rock y Dictadura, Sergio Pujol rescata un encendido discurso del almirante Cero: “El estremecimiento de la fe terrorista, derivación previsible de una escalada sensorial de nítido itinerario (...) continúa con el amor promiscuo, se prolonga en las drogas alucinógenas y en la ruptura de los últimos lazos con la realidad objetiva, común y desemboca al fin en la muerte, la ajena o en la propia, poco importa ya que la destrucción estará justificada por la redención social”.


El estado de sitio imperante en el país cambio por completo la forma de vivir de las personas. La sola idea de agrupaciones de gente era un delito. Los músicos dejaron de tocar en vivo en los pueblos y ciudades chicas (no se podían realizar recitales a excepción de teatros céntricos) y los temas de los principales artistas dejaron de sonar en las radios. Como si fuera poco, a muchos de estos artistas los empezaron a perseguir y a hostigar para que dejen por completo la actividad y se dediquen a otra cosa.


En muchos casos esa persecución derivó en el exilio, en otros casos como el de Charly García o Spinetta, la presión externa se tradujo en un repertorio donde los autores mediante sofisticados giros poéticos trataban de decir las cosas sin que los censores lo comprendieran.


El disco El fantasma de Canterville de León Gieco, editado justamente en 1976, fue censurado y el autor tuvo que cambiarle la letra a seis canciones y borrar del disco otras tres. Poco tiempo después Gieco se radicó en Los Ángeles, destino que atrajo a otros amigos como Gustavo Santaolalla, Aníbal Kerpel, Edelmiro Molinari y la cantante Gabriela, por mencionar algunos.


Litto Nebbia , por su parte, dejó el país rumbo a México, con su compañera, la cantante y poeta Mirta Defilpo, donde compuso el clásico “Solo se trata de vivir”.


La guerra de Malvinas en 1982, resultó un aventón inesperado para el alicaído rock argentino. La prohibición impuesta a los medios de reproducir música cantada en inglés derivó en el renacer del rock argentino. De un día para otro, todos los perseguidos empezaron a sonar en las radios. Se organizaron grandes festivales patrióticos solidarios y la mayoría de los artistas retornaron al país.


El cantautor César Isella, cuyo cancionero estuvo prohibido, regresó en 1983. Con él también viajó su pequeño hijo Fernando, que poco tiempo después se destacaría como músico y productor discográfico de talentos como Soledad Pastoruti, entre otros.

 


El recuerdo

 


El 24 de marzo, en el marco del Encuentro Nacional de la Palabra, se presentó la lista de las canciones prohibidas por la dictadura, en las versiones de otros artistas. La propuesta fue doblemente atractiva por la elección de las canciones y quienes aceptaron interpretarlas.


Cara de tramposo, ojos de atorrante de Cacho Castaña, interpretada por Leo García; Ayer Nomás de Moris y Pipo Lernoud, interpretada por Pablo Dacal y Pipo Lernoud; Bésame amor de John Lennon y Yoko Ono, por el grupo femenino Las Taradas; La mujer que yo quiero, de Serrat, por Lucio Mantel; Te recuerdo Amanda, de Víctor Jara, por Gabo Ferro; Adagio a mi país de Alfredo Zitarrosa en la versión de Tonolec. Estas y otras tantas emocionantes versiones fueron parte de un concierto notable en Tecnópolis.

 

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