De acuerdo con las pruebas empleadas por los investigadores, el algoritmo permitió distinguir entre hombres homosexuales y heterosexuales en el 81 por ciento de los casos, mientras que en el caso de las mujeres es en el 74%.
Asimismo, la investigación cita que el algoritmo es más preciso que la clasificación que puede realizar un humano, al que le atribuyen un porcentaje de 61% para los hombres y 54% para las mujeres.
Las características faciales empleadas por el sistema clasificador incluyeron rasgos físicos (por ejemplo, la forma de la nariz) como transitorios (cuidado personal).
En este sentido, la investigación sostiene que "de acuerdo con la teoría hormonal prenatal sobre la orientación sexual, los hombres y las mujeres homosexuales tendían a presentar una morfología facial o de expresión atípica de género".
La publicación The Economist -que fue la primera que reportó la investigación- dio cuenta de varias "limitaciones" de este estudio vinculados a que se enfoca en estadounidenses blancos y en el uso de imágenes de sitios de citas, desde donde relevan la orientación sexual de los perfiles seleccionados.
"Los hallazgos permiten progresar el entendimiento de los orígenes de la orientación sexual y los límites de la percepción humana", sostiene el estudio sobre el algoritmo de reconocimiento facial.
Desde organizaciones de diversidad sexual cuestionaron el sistema por considerarlo "peligroso" porque apunta contra la intimidad de las personas.
"No va a faltar mucho para que en los países donde se persigue a las personas por su orientación sexual, los gobiernos utilicen este tipo de herramientas que han sido muy peligrosas para hostigar colectivos minoritarios", advirtió en diálogo con Télam el subsecretario de Diversidad Sexual del gobierno de Santa Fe, Esteban Paulón.
Para el funcionario, la orientación sexual es un rasgo de la intimidad que no tiene relevancia pública más allá del que la propia persona quiera darle.
"Hace años se ha intentado generar un sistema de determinación objetiva de la sexualidad de las personas, por ejemplo se decía que había una glándula que lo generaba. Pero la idea de que exista este tipo de mecanismos después genera una consecuencia posterior", que puede ser peligrosa, explicó.
"Yo tengo rasgos parecidos a mis hermanos y ellos no son homosexuales", resumió Paulón en referencia a la teoría vinculada con las características faciales sobre las que se basa la investigación de la Universidad de Stanford para entrenar al algoritmo.
Por su parte, Betiana Caseres, coordinadora del Laboratorio de Innovación Digital de Fundación Huésped, consideró que hay una cuestión que "no es inocente" respecto de quiénes y para qué desarrollan estas tecnologías.
En este sentido, coincidió con Paulón en que en el mundo todavía existen países donde está penalizado tener determinadas orientaciones sexuales, por lo cual este tipo de sistemas pueden poner en riesgo la vida de las personas.
"Por otro lado, los investigadores se basan en la teoría de cargas hormonales como si eso determinara la orientación sexual, y ya sabemos que no se puede circunscribir solo a lo genético",señaló Caseres.
"Tampoco podemos caer en el binarismo d. la homosexualidad y la heterosexualidad porque hay diversas formas de sentir", dijo Caseres, y agregó que esa fórmula binaria solo encasilla y no respeta la individualidad de las personas.
Fuente: Télam














