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Una pintura postpandemia

"La grieta Argentina llega hasta la posibilidad –o no– de estar inmunes al virus que paralizó al mundo en pandemia. Muchos desconfían del origen de la vacuna"

Miércoles 04 de Noviembre de 2020

Si algo caracteriza al mundo en pandemia es el desconcierto y la incertidumbre sobre el futuro inmediato. La irrupción del Coronavirus Covid-19 (SARS-COV-2) en el primer trimestre de 2020 provocó casi un estado de guerra, trastocando todas las dimensiones humanas, las sociales, las políticas, las económicas y las culturales.

Las medidas de la cuarentena alteraron los conceptos espaciotemporales del mundo y hasta, por unos meses, la globalización se detuvo, al menos físicamente. El espacio de acción se redujo a las dimensiones hogareñas, y la circulación a la ciudad, y a lo esencial. Y más que cualquier otro hecho de los últimos tiempos, la pandemia del coronavirus afectó al mundo entero en forma simultánea.

Si bien la enfermedad puso a toda la sociedad en alerta y en riesgo de muerte, no todos pudieron o supieron afrontarla de la misma manera, al igual que no todos, ante el aislamiento, tuvieron las mismas posibilidades de seguir trabajando, estudiando, produciendo, creando y llevando el pan al hogar, con la tranquilidad de un sueldo y de una cobertura social.

Por otra parte, la pandemia logró un impensado protagonismo del Estado, hasta en países donde el Estado tiene casi nula injerencia y la cultura del individualismo y el “sálvese quien pueda” son lo que prima.

En el plano geopolítico, las fuerzas que ya estaban en tensión por el poder, antes de la pandemia, continúan “midiéndose el tamaño” en el trazado del orden mundial.

Se observa, por un lado un imperio replegado y en transición por las elecciones presidenciales que está atravesando (EE.UU.), y un régimen fuerte y controlador, tecnológicamente vigilante y a las claras antidemocrático (China).

Luego está Europa, que desvarió bastante en el plano sanitario y que hoy afronta rebrotes con toques de queda y desarrollismo ecológico, enfriando la economía y subsidiando las consecuencias económicas de la pandemia.

América Latina, en estado de precariedad, quedó en “stand by” por la pandemia, tras una ola de ascensos y descensos de las derechas, y desencuentros en un “Mercosur desactivado”. Habrá que ver para qué lado la lleva el viento cuando llegue “la normalidad”.

Como pintura de la postpandemia los analistas políticos imaginan un mundo con más protagonismo de los Estados nacionales como tutores de las poblaciones en emergencia. En ese sentido ejemplifican que, hasta las sociedades más capitalistas, salieron a pedir soluciones keynesianas. En Argentina, desde el IFE, al ATP, pasando por créditos blandos y subsidios a productores afectados, todos demandaron respuestas paternalistas al Estado cuando apuraron los bolsillos.

Hasta quienes el año pasado se hacían eco de los fantasmas puestos a vagar por los antivacunas, hoy están a la espera de la inoculación contra el Covid-19 para seguir con la vida en la “nueva normalidad”, sea de AstraZeneca o la recientemente anunciada vacuna rusa Sputnik V.

La Sputnik –que lleva el nombre de “la primera mojada de oreja de los rusos a los "yankies"- se inoculará por primera vez en diciembre, según el anuncio presidencial, con 10 millones de dosis que tendrán una segunda entrega durante la primera quincena de enero del 2021, con otras 15 millones de dosis, teniendo en cuenta que el esquema se administra con dos inyecciones y 21 días de lapso entre una y otra.

Pero, la grieta Argentina llega hasta la posibilidad –o no– de estar inmunes al virus que paralizó al mundo. Muchos desconfían del origen de la vacuna que ya está en fase 3, de su efectividad y del anuncio gubernamental. Habrá que ver qué tan apurada está la sociedad argentina de comenzar a ser inoculada para iniciar el tránsito en esta “nueva normalidad”.

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