Secciones
Discriminación

¿Acto de cuidado o acto de discriminación?

Familias de chicos con enfermedades crónicas no transmisibles manifestaron su disconformidad con respecto a la Resolución que los exime de asistencia escolar.

Miércoles 10 de Marzo de 2021

Desde principios de febrero ya se sabía que en el país se iba a volver a la presencialidad en las escuelas bajo protocolos sanitarios el 1° de marzo. El 9 de febrero el Consejo General de Educación (CGE) dio a conocer el documento Pautas para la organización y funcionamiento institucional en el retorno a la presencialidad, donde se detallaban los criterios a tener en cuenta por las escuelas de cada nivel y modalidad.

En todos los casos el regreso a las clases presenciales fue establecida como obligatoria para estudiantes y docentes -salvo que estén dentro de los grupos de riesgo-. Ahora bien, ya iniciado el ciclo lectivo 2021 en el territorio entrerriano, el lunes pasado las familias de chicos con enfermedades crónicas no transmisibles manifestaron su disconformidad con respecto a la Resolución Nº 156/2021 del CGE, que exime de asistencia a los grupos de riesgo. Así se lo menciona en los considerandos: “Tanto los/as estudiantes como el personal docente, administrativo y de servicios auxiliares en ‘situación de riesgo’, no asistirá en forma presencial a las instituciones educativas debiendo abocarse a actividades no presenciales que definan los equipos directivos”.

La disconformidad con esta normativa fue expuesta por Diego Fumiato y Carolina Ulrich, padres de Paula, una niña que debe cursar 1° año de la escuela Secundaria en el Instituto Cristo Redentor de la ciudad de Paraná. Sin embargo, como padece diabetes de tipo 1, la Resolución le impedía regresar a la escuela.

Cabe señalar que las sociedades de Pediatría, Nutrición y Diabetes elaboraron un documento en forma conjunta con el Ministerio de Salud de la Nación, en el cual argumentan que los pacientes con diabetes tienen buen control metabólico, por lo que pueden asistir a clases sin ningún impedimento de salud.

A propósito de la polémica, la jefa del Servicio de Endocrinología del hospital materno infantil San Roque de Paraná, Ángela Figueroa Sobrero, sostuvo que se trata de un acto de discriminación impedirle el acceso a las clases presenciales a niñas y niños por presentar la patología.

Toda esta situación desencadenó que finalmente este martes el CGE anunciara que avanza en la elaboración de una declaración jurada dirigida a estudiantes que forman parte de los grupos de riesgo frente al Covid-19 y que quieren asistir al aula. Esto implica que se cuente con el consentimiento de los padres y un aval médico donde se indique que el alumno no presenta contraindicaciones médicas para la presencialidad.

Las posiciones son encontradas porque durante muchos meses se solicitó la menor circulación posible de los pacientes de riesgo y por supuesto evitar las aglomeraciones con otras personas.

Los establecimientos educativos ineludiblemente son espacios de concurrencia, más allá de que se extremen las medidas sanitarias. Pero la virtualidad en la que se vieron atrapados los y las estudiantes durante 2020 también tiene su lado negativo, de la noche a la mañana niños, niñas y adolescentes dejaron no sólo de verse con sus compañeros y docentes, sino también que dejaron de estrechar lazos, socializar, compartir y de vivir experiencias de aprendizaje y de ocio con otros.

Entonces la pregunta es si desde el CGE sabían que iban a comenzar las clases el 1° de marzo, ¿qué pasó durante las semanas previas que perdieron de vista algunas variables y situaciones que se podían llegar a presentar como la de esta estudiante? ¿No hubo suficiente tiempo para prepararse? ¿No hubo un diálogo entre la cartera sanitaria de la provincia y el CGE para tener presente lo que las sociedades científicas sostienen sobre las personas con patologías crónicas?

Siempre se terminan tomando medidas sobre la marcha, para enmendar, solucionar, avanzar o retroceder, así funciona el sistema.

En estas cuestiones en los primeros que hay que pensar es en los estudiantes y en que sus trayectorias escolares sean significativas. Sin dudas es difícil para un chico o chica que deba atravesar un año más entre cuatro paredes y frente a la pantalla de su PC, debido a tener una enfermedad, tratando de aprender en las condiciones que puede.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario