Cine
Martes 24 de Octubre de 2017

La vida de Van Gogh, al cine con la estética de sus geniales obras

El primer largometraje compuesto por pinturas animadas. Más de 100 pintores trabajaron en el filme

La premiada película "Loving Vincent", el primer largometraje compuesto por pinturas animadas, llega mañana a los cines de Rosario. Se trata de un homenaje al trabajo de uno de los grandes maestros de las artes plásticas, Vincent Van Gogh. Cada fotograma es un cuadro pintado a mano sobre óleo –tal como el propio Vincent lo hubiera hecho– al que se le ha dado movimiento. El resultado es una original película de animación que repasa la carrera del pintor y que llevó cinco años de trabajo. El filme recibió premios en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy y en el Festival Internacional de Cine de Shangai.
La historia, que está basada en 800 cartas del propio pintor que han servido para desarrollar el guión, refleja la borrascosa vida de Van Gogh: una vida llena de incomprensiones y rechazos artísticos, desamores y penurias económicas. La película, además de presentar la faceta más íntima del pintor, también indaga sobre su misteriosa muerte.
Más de 100 pintores han trabajado imitando 120 cuadros de Van Gogh en constante movimiento. La ambientación de cada escena también se inspira en las obras más famosas del genial artista. Así toma vida "El dormitorio en Arlés" (1888), "La noche estrellada" (1889) y "Campo de trigo con cuervos" (1890), por citar algunos ejemplos.
Dirigida por la pintora polaca Dorota Kobiela y el cineasta Hugh Welchman, "Lovin Vincent" cuenta con las voces de Aidan Turner, Saoirse Ronan, Eleanor Tomlinson, Helen McCrory, Chris O'Dowd y Douglas Booth. La banda sonora está compuesta por Clint Mansell, responsable de la música de películas como "Requiem por un sueño" y "El cisne negro".

Una técnica alucinante
La técnica detrás de la película es tan sencilla como alucinante: 120 artistas han pintado cada cuadro sobre una proyección de un fotograma de una secuencia grabada con actores de carne y hueso sobre una pantalla verde. "Apenas pudimos realizar decorados, tuvimos que usar la pantalla verde, porque los cuadros de Van Gogh desafían las leyes de la física y la perspectiva"; explicó Dorota Kobiela, la artista polaca y directora debutante. Se pintaron un total de 65.000 cuadros para dar la sensación de movimiento. Cada escena se inspira en un cuadro de Van Gogh. Cuando el protagonista, el joven Armand Roulin, se acerca a hablar con el barquero de la localidad, nos encontramos con una versión de "Orilla del Oise en Auvers" (1890); cuando recibe el encargo de su padre de encontrar a alguien a quien entregar la última carta escrita por el pintor, Armand está durmiendo en una mesa de "El café de noche" (1888).
En un principio Kobiela se había planteado un corto, que pintaría ella misma, licenciada en Bellas Artes. Pero cuando decidió dar el salto al largometraje, con el respaldo de la productora BreakThru Films, tuvo que abandonar esa idea: "Me di cuenta de que no podía pintarlo todo yo sola, me llevaría unos 21 años, según mis cálculos. Así que me hice la directora", bromeó. Empezaron con un equipo de 20 pintores en Polonia, que pronto ascendió a 40. "Pero por lo que parece no quedaban más pintores en Polonia, así que pasamos a reclutar artistas ucranianos, que también tienen una formación muy académica. Pero también se nos acabaron los ucranianos", relató. La casualidad quiso que un youtuber (Douglas Booth Italy) publicara un video sobre el rodaje que se hizo viral y ha sido visto ya por dos millones de personas. "Gracias al video recibimos unos 5.000 currículums de todo el mundo. Al final, 120 artistas internacionales han trabajado con nosotros", contó.
El resultado es un auténtico festín visual, entre naif y onírico, al que Kobiela y su pareja (profesional y personal), el cineasta británico Hugh Welchman (Oscar a mejor corto de animación con "Pedro y el lobo"), han dedicado más de cinco años. "El misterio de la muerte de Van Gogh me fascinaba", dijo Kobiela sobre la historia de la película. "Y es un personaje por el que siempre he sentido una afinidad especial por su espíritu, por su entrega tan absoluta a su arte. Fracasó de una manera tan terrible y no se cansó nunca de seguir buscando quién era", agregó.

¿Fue asesinado?
El misterio al cual hace referencia la directora apareció en la biografía de Steven Naifeh y Gregory White Smith en 2001, que plantearon (para gran disgusto del Museo Van Gogh en Amsterdam) la posibilidad de que hubiera sido asesinado. La película refleja esta novedosa y polémica teoría. Como un detective inesperado, casi obligado, el protagonista Armand Roulin, el hijo del cartero Joseph, gran amigo de Van Gogh en Arlés (el pintor era un prolífico escritor de cartas), recorre el pueblo de Auvers, donde Van Gogh pasó sus últimos días, intentando recrear las últimas horas del artista y los posibles motivos para el suicidio. Roulin se pregunta por qué no hubo nota de suicidio, y por qué la última carta que escribió el pintor antes de morir, a su hermano, estaba llena de optimismo. También quiere saber por qué se disparó en un lugar tan improbable como el estómago, lo que le provocó una agonía dolorosa de 29 horas. El protagonista se interna en estos enigmas y a partir de allí se reconstruye la vida del genial artista.

Una "tarea de chinos" con cada movimiento
Cada cuadro que los directores de la película filmaron les tomó desde medio día hasta tres días de trabajo. "Cada movimiento de un personaje, por ejemplo una cabeza que gira, significaba pintar una vez más y tomar una fotografía", explicó Hugh Welchman, codirector de "Loving Vincent". "Es lo mismo que se hace en stop-motion con las fotos de maquetas, como en 'Wallace y Gromit'. La diferencia es que nosotros pintábamos y tomábamos la fotografía, hasta llegar a los 65 mil cuadros", añadió. Sin embargo, antes de que los equipos de animación se pusieran a trabajar, Welchman y su coequiper, la pintora Dorota Kobiela, se encargaron de rodar una historia con actores de carne y hueso. Ellos serían luego pintados a mano por sus técnicos. "Una verdadera tarea de chinos", concluyó Welchman.

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