Miradas
Sábado 14 de Abril de 2018

El verdugo que llevamos dentro

A quienes hoy en día aún pueden darse el lujo de pagar mensualmente la plataforma de streaming Netflix, les sugiero ver una película que me resultó interesante: El experimento de Milgram. Quizás hay quienes ya conocían el caso, pero esta fue la primera vez que oí del asunto y, en un principio, la miré porque las actuaciones de Winona Ryder y Peter Sarsgaard siempre me han parecido garantía de buenas películas.
El filme se enfoca en un experimento realizado en 1961 por Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale que buscaba medir la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad, incluso cuando estas órdenes pudieran ocasionar un conflicto con su sistema de valores y su conciencia.
La pregunta de Milgram era: ¿Puede un hijo de vecino cometer los más atroces crímenes contra la humanidad solo por obediencia a la autoridad? La respuesta resultaría sorprendente.
Vale destacar que Milgram era de ascendencia judía y el experimento se dio en un contexto de posguerra, cuando los campos de exterminio del Tercer Reich todavía olían a sangre y gas venenoso. El Holocausto se dio en circunstancias en que la violencia y la muerte eran percibidas con indiferencia por una parte importante de la población.
El científico reclutó a 40 participantes por correo y por anuncios en el periódico en el cual se les invitaba a formar parte de un experimento sobre memoria y el aprendizaje. Se les hizo saber que para el experimento hacían falta tres personas: el investigador (que portaba una bata blanca y ejercía como autoridad) el maestro y el alumno. A los voluntarios siempre se les asignaba mediante un falso sorteo el papel de maestro, mientras que el papel del alumno siempre sería asignado a un cómplice de Milgram. Tanto maestro como alumno serían asignados en habitaciones diferentes pero contiguas. Al supuesto alumno se le conectaban electrodos, mientras que al maestro (el voluntario) se lo colocaba frente a un generador de descarga eléctrica con interruptores que regulaban la intensidad de la descarga que oscilaba entre 15 y 450 voltios y que, según el investigador, proporcionaría la descarga indicada al alumno. Pero, en realidad, dicho generador era falso, pues no proporcionaba ninguna descarga al alumno y solo producía sonido al pulsar los interruptores.
Cada "maestro" era instruido para enseñar pares de palabras al aprendiz y de que, en caso de que cometiera algún error, el alumno debía ser castigado aplicándole una descarga eléctrica, que sería 15 voltios más potente tras cada error. Por supuesto, el alumno nunca recibió descargas. Pero para dotar de realismo la situación, tras pulsar el interruptor, el "alumno" cómplice de Milgram gritaba y se lamentaba. Si el maestro se negaba a continuar aplicando descargas, el investigador le respondía "continúe por favor", "es esencial que continúe", "usted no tiene otra opción, debe continuar". Y en caso de que el sujeto preguntara quién era responsable si algo le pasaba al alumno, el experimentador se limitaba a contestar que él era el responsable.
Durante la mayor parte del experimento muchos sujetos demostraron angustia cuando escuchaban los alaridos en la habitación contigua. Tres de los voluntarios se negaron a continuar y, si bien la mayoría se sentían incómodos haciéndolo, siguieron aplicando descargas hasta el nivel máximo de 450 voltios, una intensidad que podría haber causado serios daños o hasta la muerte del "alumno". Así, Milgram concluyó que la obediencia a la autoridad, explicaría la violencia institucionalizada.
Hace un día, EE.UU., Francia e Inglaterra, lanzaron 105 misiles sobre territorio sirio, para "paliar" la situación luego de que un ataque con armas químicas dejara un saldo de al menos 70 niños, mujeres y hombres sirios muertos. Aún se desconoce quién es responsable del ataque. Pero hubo soldados, o integrantes de alguna milicia, que no tuvieron empacho en eyectar las bombas, pues sólo cumplían órdenes.
Dijo Galeano: "El torturador es un funcionario. El dictador es un funcionario. Burócratas armados que pierden su empleo si no cumplen con eficacia su tarea. Eso y nada más que eso. No son monstruos extraordinarios".

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