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Elecciones 2021: votar, por siempre, votar

Cuando un ciudadano deposita su voto en la urna, está toda la historia reciente sosteniendo su mano. Por eso, las elecciones son un acto simbólico contundente.

Sábado 13 de Noviembre de 2021

En pocas horas la ciudadanía podrá expresarse una vez más en las urnas, en esta oportunidad, en elecciones para designar a sus representantes en el Congreso de la Nación. Se renovarán la mitad de las bancas de Diputados y un tercio de las del Senado; esto significa que 151 argentinos y argentinas –127 y 24 en cada Cámara respectivamente– serán mandatados por el pueblo para legislar en su nombre. Son 34,3 millones de personas las habilitadas para decidir con su sufragio la conformación del Parlamento por al menos los dos próximos años.

Tras el filtro de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) quedaron habilitadas para competir en las generales a nivel nacional 134 listas en la categoría de diputados y 47 en la categoría de senadores. En Entre Ríos, donde se renuevan solamente cinco bancas de la Cámara baja, se presentan siete ofertas electorales, cada una compuesta por cinco candidatos y candidatas titulares y tres suplentes. Son, entonces 56 habitantes de la provincia los que proponen para representar a los más de 1,1 millones que conforman el padrón provincial.

Los números hablan de un puñado de ciudadanos que decidirán en nombre del conjunto. Esto es así porque lo dice la Constitución desde hace un siglo y medio y porque si bien la democracia es el gobierno del pueblo, el pueblo debe delegar este trabajo en los políticos mientras se ocupa de llevar adelante los problemas cotidianos de su propia existencia.

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Si se suman la totalidad de los cargos electivos que pueden estar en juego en una elección –aunque no es el caso de los comicios del domingo– la relación entre representantes y representados cambia bastante. El pueblo suele elegir también diputados y senadores provinciales, concejales, gobernadores e intendentes, y también parlamentarios del Mercosur, los que toman decisiones por el conjunto en los distintos niveles de gobierno y en dos de los tres poderes del Estado. La designación de jueces por voto popular está todavía lejos de concretarse.

Por lo tanto, los días como los de este domingo no pueden ser nunca un día más. Menos todavía en un país como el nuestro y muchos de América latina, donde la democracia es una conquista que costó vidas y enormes sufrimientos colectivos. Cuando el elector introduce el sobre en la urna, no solo está opinando sobre quién considera que debe actuar en su nombre –en este caso, en el Congreso– sino que está reproduciendo, sosteniendo y fortaleciendo un modo de vida. Un modo de vida en el cual quien es designado para un cargo público debe rendir cuentas ante la ciudadanía por sus actos y si las urnas no lo respaldan, no tiene chances de ejercer funciones de gobierno.

Distintas eran las épocas en que para conducir los destinos de la totalidad bastaba con tener el poder suficiente para implementar otros métodos: sacar los tanques a la calle, aterrorizar a la población, expulsar a los gobernantes, cerrar las legislaturas y dictar nuevas reglas sin más legitimidad que la sangre corriendo hacia el mar. Esa fue la historia de la Argentina hasta 1983, con sucesivos golpes de Estado que instauraron dictaduras, de las cuales la última fue la más cruel y genocida y devastadora en términos sociales y económicos.

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En Entre Ríos, por estos días, se realiza un nuevo juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos por quienes llevaron adelante esa última dictadura. Un militar del área de Inteligencia, Marino González, está en el banquillo acusado ni más ni menos que de robar dos bebés mellizos que una mujer secuestrada y luego desaparecida tuvo en el Hospital Militar de Paraná. Que haya un juicio más de 40 años después es el resultado de esta democracia socialmente conquistada y defendida.

De manera que cuando un ciudadano deposita su voto en la urna, con él está toda la historia reciente sosteniendo su mano. Es un acto simbólico contundente.

El sistema democrático tiene imperfecciones, por supuesto, pero para resolverlas se necesita más democracia, más participación, más compromiso y votar, por siempre, votar.

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