Huracán María
Miércoles 22 de Noviembre de 2017

Un Puerto Rico en ruinas sufre un éxodo masivo

Más de 150.000 boricuas se fueron a Florida desde el huracán María, en una estampida que podría llegar a ser la mayor ola migratoria de la historia

San Juan.- El éxodo, causado por las extremas dificultades para vivir en un Puerto Rico devastado, ya está al nivel o ha superado al de los cubanos del Mariel en los 80 o a los desplazamientos provocados por el huracán Katrina.
Su ritmo vertiginoso no tiene freno. "Todo parece indicar que se acelerará y se convertirá en la ola migratoria más grande y sostenida en la historia de la isla y quizás del Caribe", dice Jorge Duany, especialista en Puerto Rico de la Florida International University.
Entre 1945 y 1965 hubo un flujo de 640.000 boricuas –gentilicio de la isla– a EE.UU., y de 2000 a 2016 otro de 696.000, apunta Duany, intensificado desde hace una década por la interminable recesión puertorriqueña.
En 2016 residían en EE.UU. 5,4 millones de personas originarias de la isla, 2 millones más que los 3,4 millones que vivían en la isla antes de María.
La nueva estampida agravará el despoblamiento de Puerto Rico y su crisis económica por más que se disparen las remesas.
Los efectos del huracán son tan demoledores como sus vientos: mientras el país sigue en ruinas, con las infraestructuras en un estado deplorable, la mitad de la población sin energía eléctrica y con el pronóstico de que no se recuperará hasta 2044 –según José Alameda, catedrático de la Universidad de Puerto Rico–, otra generación en edad productiva hace las maletas.
La idea de marcharse es "un ansia generalizada", dice a El País de España desde Puerto Rico la escritora y periodista Ana Teresa Toro, de 34 años. "Es dolorosa la sensación que impera de que muchos estarían mejor en cualquier otra parte. Pero también es doloroso preguntarse: ¿qué calidad de vida alcanzaremos como país después de esto? Es triste. La casa se nos fue. Metafóricamente para unos. Literalmente para muchos".
María destruyó en su totalidad 57.000 viviendas, dejó daños mayores en 254.000 y menores en 205.000. La casa de Jesús Caldera, de 31 años, perdió el techo, y emigró a Orlando para tener un techo nuevo. Hace unos días que alquiló un apartamento donde su hijo Rohan, de 5 años, disfruta rodando por la moqueta de un hogar aún vacío de muebles y en el que duermen en un colchón en el suelo. El niño ya va a la escuela. Jesús por ahora no tiene coche y lo lleva cada mañana en un carrito enganchado a una bici. Son cinco kilómetros, 45 minutos de pedaleo. "Me viene bien", bromea, "en Puerto Rico había dejado de hacer deporte".
"Mi plan es quedarme aquí", afirmó Caldera, que también ha traído a su hija Zoe, de 4 años.
Puerto Rico es un Estado Libre Asociado a EE.UU. y los boricuas tienen derecho a voto si residen en uno de los 50 estados americanos.
Caldera dice que no es "muy político" pero tiene claro que si Donald Trump se presentase a la reelección "jamás" lo votaría. Lo mismo dice Zuleyka Rivera, que no olvidará su grosería cuando visitó la isla tras el huracán y lanzó rollos de papel de cocina a la gente como si estuviera jugando al baloncesto. "Eso dolió mucho. Fue una falta de respeto", dice.
Florida es un Estado determinante en las presidenciales y suele decidirse por la mínima.
Trump lo ganó en 2016. Si se vuelve a presentar, su mala imagen entre los boricuas podría costarle caro por el aumento del peso demográfico de esta comunidad, de por sí de tendencia demócrata, en Orlando y en el resto de Florida Central.

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