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Más allá de la foto, se debe predicar con el ejemplo

El Presidente violó el DNU, y ahora debe cumplir con lo que él mismo dijo. Hacerse cargo de su irresponsabilidad, luego de la difusión de la foto

Jueves 26 de Agosto de 2021

El Presidente de la Nación Alberto Fernández fue imputado formalmente por la Justicia, por violar el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), que imponía restricciones ante la pandemia de Coronavirus. Todo se conoció tras la difusión de una foto.

El hecho en sí es un verdadero escándalo que afecta a la institución presidencial, más allá que este incidente se produjo en medio de una campaña electoral.

Es vergonzoso que una persona Presidente mienta, y mucho peor que se lo trate de justificar o salvar a como sea. Cuando se comete un error, sea quien sea, debe existir la grandeza de pedir disculpas, sinceras, sin especulación y demostrando arrepentimiento.

No es un ciudadano común el que cometió un delito, porque en definitiva, es de lo que se está hablando. Que el autor de las penalidades en el DNU, fue el que las violó. De allí es que no se pueden admitir algunas aclaraciones que para lo único que sirvieron fue para estirar esta mentira.

El incidente en sí fue un camino sin salida, solo por la propia miopía o torpeza de querer cambiar una realidad.

Recordar que una vez filtrada la bendita foto del escándalo, desde el Gobierno se intentó negar el hecho, se puso en duda la imagen, y tras la brutal confirmación, siguieron los errores no forzados de las autoridades nacionales, el de culpar a su pareja Fabiola; o como hizo el Jefe de Gabinete, alertando que por lo sucedido no se contagió a nadie.

Otro grupo de funcionarios y legisladores llegó a decir que se trató de un error, minimizando el incidente al punto tal de hacerlo ver como una cuestión superficial de los medios. O bien, marcar que todos cometimos esos mismos errores.

En otros países, hubo hechos parecidos o similares, donde debieron renunciar los funcionarios.

En la Argentina, del todo vale, el actual Presidente, como los anteriores, Mauricio Macri o Cristina Kirchner, padecen del problema de no pedir disculpas. Y si en alguna ocasión lo hicieron, fue por una mera especulación política, no por un verdadero sentimiento.

Es tan grande la idea de impunidad que tienen, que creen que todo se soluciona a cómo sea, incluso afectando la credibilidad, la institucionalidad y la responsabilidad.

Si un Presidente miente, cómo se recupera la confianza en la palabra. Cuando se rompe el código de lealtad con la población, es muy difícil volver a recomponer el respeto, por lo que en ese punto, sin retorno, se debe ser extremadamente justo y exigir lo que corresponde: un pedido de disculpas, luego asumir la responsabilidad y cumplir con la sanción correspondiente.

Sea Fernández, Macri, Kirchner o perengano, ser la máxima autoridad en un país, le da beneficios, derechos, pero por sobre todo obligaciones y responsabilidades concretas. Presidentes de Estados Unidos, sucumbieron ante la mentira, por más pequeña que haya sido.

Que sirva este ejemplo para toda la dirigencia política, muy desalineada y proclive al facilismo de tapar debajo de la alfombra la basura propia. La población -me dio la sensación- se cansó de ser "usada" de la peor manera. De tomarle el pelo con argumentos que ofenden a la inteligencia y tratando de justificar lo injustificable. Al menos, deberán entender que se debe predicar con el ejemplo.

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Más allá de la foto, se debe predicar con el ejemplo

Más allá de la foto, se debe predicar con el ejemplo

En medio de una pandemia, con más de 110.000 muertos por Covid, es inaceptable permitir que la autoridad que fijo ciertas pautas y conductas que afectaron a toda la población, se de el lujo de violarlas.

Deberá entender Alberto Fernández, que esto "no se lava" con dinero. Pagando una parte de su sueldo a un hospital. Tomo las palabras del propio Presidente en sus discursos: "quien incumple la ley, debe caérsele con todo el peso de la ley".

El Presidente debe enfrentar sus inconductas, y lo mismo deberá ocurrir con todos los dirigentes o personalidades del oficialismo y la oposición que, mientras la gente estaba obligada a estar encerrada en sus casas, o los comerciantes se fundían, se reían de los ciudadanos asistiendo a fiestas clandestinas o eventos no autorizados. Imperdonable por donde se lo mire.

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