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Humo negro para la Ley de Humedales

Con un grave panorama ante los incendios en el Delta, diputados nacionales eligen el silencio antes que la vida en los Humedales, hasta que los tape el humo.

Martes 31 de Agosto de 2021

El último reporte de incendios del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación informó el registro de dos focos en Entre Ríos, en los departamentos Islas y Gualeguay. El panorama, más que incierto, es desalentador: no se discute la sequía y la bajante del Paraná históricas, pero frente a esta situación la mano de productores que priorizan la rentabilidad sobre la salud y la vida misma no encuentra un freno. Mientras, las autoridades, con los legisladores nacionales a la cabeza, siguen mirando para otro lado a la hora de discutir y sancionar una Ley de Humedales. Pareciera ser que, si el humo no tapa el centro rosarino o la ciudad de Buenos Aires, o si los ambientalistas no interrumpen el tránsito en el puente Victoria-Rosario, el tema deja de ser un asunto de dominio público.

El año pasado quedó en la historia por la quema de 300.000 hectáreas en el Delta del Paraná, cuyas consecuencias aún están siendo estudiadas y medidas, con unas 700 especies de la flora y fauna del humedal que han perdido su hábitat.

En este contexto, cuando estamos a pocos días de las elecciones primarias previas a las generales donde se elegirán los representantes de cada provincia para la Cámara de Diputados de la Nación, la problemática está absolutamente afuera del debate electoral. Como si no fuesen quien serán electos los que deberán impulsar y tratar una legislación sobre los humedales, aunque no demuestren demasiada voluntad para ello.

El petitorio entregado al presidente de la Cámara Baja, Sergio Massa, y a los titulares de las comisiones implicadas en el tema (Agricultura y Ganadería, Intereses Marítimos, Fluviales Pesqueros y Portuarios, y Presupuesto y Hacienda), firmado por 381 organizaciones ambientalistas del país, describe: “El 2020 nos dejó las cenizas de un país en llamas: más de 1.200.000 de hectáreas afectadas por el fuego, miles de ejemplares de nuestra fauna muertos y cientos de casas perdidas. Pero el año pasado no nos trajo la sanción de una Ley de Humedales, y hoy, el proyecto unificado que aprobó en noviembre de 2020 la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Cámara de Diputados está trabado, sin que hayamos recibido novedades ni respuesta sustantiva alguna a ninguna de las notas que formalmente presentamos ante las Comisiones que restan tratarlo y aprobarlo (Agricultura, Intereses Marítimos y Presupuesto). Si la Cámara de Diputados no vota este año la Ley de Humedales, una vez más perderá estado parlamentario”.

Luego de la travesía por el río Paraná que terminó con una multitudinaria movilización en Plaza de Mayo de Buenos Aires, quedó claro que no se trata de un movimiento que representa una minoría con un reclamo justo, sino un grito con amplio consenso en la sociedad, particularmente en las generaciones que no quieren que sigan comprometiendo su futuro.

“Reclamamos por una ley fundamental que establezca presupuestos mínimos a nivel nacional para promocionar la conservación, el uso sostenible y la restauración de los humedales. La pandemia de la COVID-19 nos recuerda como nunca la importancia de los humedales. Cuanto más alteramos los ecosistemas, más peligro corremos. No hay vida ni producción posible con ecosistemas degradados”, afirmaron en el documento presentado a quienes todavía no quieren ver la realidad.

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Humo negro para la Ley de Humedales

Humo negro para la Ley de Humedales

Mientras el ministro de Ambiente de la Nación, Juan Cabandié, pregona e insiste en que no debería haber oposición entre producción y ambiente, y que impulsan un desarrollo sustentable para que se pueda trabajar, producir y convivir con el ecosistema, ni siquiera los integrantes de su mismo espacio político en el Congreso parecen estar de acuerdo, ya que no se explica el cajoneo del proyecto de Ley de Humedales si no es por el lobby empresarial.

La millonaria inversión del último año en brigadas, lanchas y faros de conservación, con muchas personas que se arriesgan en el combate al fuego en cada isla del Delta, es importante para esta emergencia, pero es un gasto inútil si no se invierte en prevención con una reglamentación clara, con sanciones a los responsables de los incendios intencionales.

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