Hoy por Hoy
Domingo 04 de Noviembre de 2018

Votar sin que se note

La población de Argentina y Brasil está pasando por el mismo proceso de fuerte antagonismo ante posiciones políticas y sobre modelos de gobierno. Los fanáticos de uno y otro lado, en ambos países, parecen irreconciliables en la convivencia, y en ambos casos parecen impulsados por una enorme sed de venganza sin importar las consecuencias sobre sus propias vivencias cotidianas. En ambos países los que votaron por el gobierno ganador de las últimas elecciones sienten el alivio de no tener que soportar más el hostigamiento al que los sometieron los gobiernos anteriores.


Según el esquema básico esgrimido por este sector, ese hostigamiento tomó la forma de medidas que buscaron el respaldo de las clases bajas y las minorías, dándoles nuevos derechos, acceso al consumo y oportunidades de crecimiento que no habían tenido y que no merecían. Todo esto fue en detrimento de una clase media que es la única que paga impuestos, genera trabajo, y sostiene al país. Y, obviamente, todo esto perjudicó a la clase alta, generadora de empleo y movilizadora de inversiones, que dejó de ganar lo que merecía y debió resignar gran parte de esos dividendos en función de millones de haraganes que solo recibieron beneficios sin generar nada productivo, y cuyo único mérito fue ser pobres.


Para ellos, el objetivo final de todo esto fue ocultar la corrupción escudados en un populismo retrógrado. Del otro lado, y con el mismo plan elemental de análisis, se piensa, y se sostiene, que la mayoría de los votantes del nuevo gobierno no son otra cosa que pobres pelagatos que se creen de clase media, con ínfulas de ricos, pero que viven de un salario. Creen que pertenecen a una clase más alta, abominan de los pobres y se sienten amenazados por las minorías que corrompen a los chicos y solo generan planeros, putos y drogadictos. Son los mismos que denuncian corrupción pero no admiten que ahora se están robando un país entero a través de medidas económicas que engrosan las cuentas de las corporaciones mientras la gente común vive cada vez peor. Para los defensores del gobierno anterior, los votantes de los nuevos gobiernos, tanto de Argentina como de Brasil, son estúpidos, brutos y masoquistas. Son gente de derecha sin saber lo que eso significa, y en su estupidez no se han dado cuenta de que serán víctimas de lo que votaron. Lo cierto es que ambas posiciones han sido generadas, sostenidas e incrementadas por los gobiernos de cada época, los de antes, y los de ahora. Armaron una tropa leal y no dejan reforzar este pensamiento para sostenerlos en las trincheras. Con el voto popular Brasil acaba de comenzar este camino que en Argentina ya lleva tres años y es cada vez más estrecho e incómodo.


Ambos grupos se han radicalizado cada vez más, con posiciones tan extremas que mucha gente ya no se siente tan a gusto como al principio, cuando todo era revancha. Sobre todo, porque en ambos casos muchos se han dado cuenta de que algo de razón tenían los otros. Sobre lo que pasó antes y lo que está pasando ahora. Ahora la pregunta es: ¿Cómo volver de aquello sin darle la razón al otro? Y la única respuesta será: en la próxima elección votar sin que nadie se dé cuenta. Votar sin resignar lo que se piensa, pero por gente que no represente los extremos, aún sabiendo que pertenecen a uno u otro sector. Empezar a sumarse a esa ancha avenida del medio sin temor a ser calificado de tibio, y darle fuerzas a ese sector que solamente quiere tener un gobierno tan solo un poco más decente. Sin dirigentes que impulsen la pelea, el revanchismo y la venganza, quizás se encuentre el camino para no tener que andar dando explicaciones por lo que se ha votado. El país está dividido en tres grandes bandos: los unos, los otros y los que no se sienten a gusto en un lado ni en el otro, pero que quieren participar y ser protagonistas. Son esos los que votarán sin llamar la atención. Quien logre captarlos, sin dejarlos en evidencia, podrá sumar a un grupo cada vez más amplio.

Comentarios