Hoy por Hoy
Miércoles 18 de Abril de 2018

Las habladurías del mundo

Sentada modosamente en la mesa de una señora mayor que almuerza por televisión, una de las tantas figuras mediáticas lanzó afirmaciones incomprobables (¿o sí?) sobre figuras "serias e independientes del periodismo argentino".
Desparramó acusaciones por doquier sobre un tema doloroso, ocurrido con menores en un club de fútbol. Pero eso no era lo importante, lo importante son ellos y cómo fueron salpicados por alguien que no ofreció pruebas. Y está bien que las pidan, porque esas acusaciones, esas operaciones, son por demás rastreras e ilegales, de la peor inmundicia que pueden tener las alfombras de las democracias.
El grupo que se sintió agredido y ofendido utilizó el mismo método con sus rivales políticos durante años. Con operaciones sutiles algunas, burdas otras, de las cuales nunca pidieron disculpas.
Ensuciaron gente con el simple método de repetir una y otra vez actos que nunca fueron, que nunca ocurrieron. Basta recordar aquel show mediático, con cámaras que llegaban al lugar antes que los funcionarios judiciales, de las palas mecánicas buscando valijas repletas de dinero en el sur argentino. O las estrellas de un poderoso monopolio viajando a las Islas Caiman o a Panamá (ja¡ justo ahí donde ahora no van) en busca del dinero de los lavadores que pertenecía, decían ellos, al gobierno anterior. O las escuchas ilegales que mandan al aire graciosamente, conversaciones entre dos personas, en un ámbito privado, que presentan, ampulosamente, como pruebas de nada.
Utilizaron los mismos métodos que ahora repudian porque los roza a ellos. Cuentas K en Suiza, las palas mecánicas en el sur, la secretaria que no era secretaria, la Morsa que no era Morsa, Cristina golpeada por Néstor, el ataúd vacío, la ruta del dinero k, López tirando bolsos que no se ven en las cámaras, los depósitos de Garré y Máximo que no eran, Vandenbroele al final era socio de Brito y no de Boudou. Nada. Todas denuncias sin pruebas que fueron cayéndose una a una. Porque es así, señor/a mío/a. Todo fue desestimado por la Justicia, una por una. Seguro que hubo corrupción en el gobierno anterior. Sería de necios no negarlos. Pero justo es decir que los denunciantes seriales jamás presentaron prueba alguna sobre lo que denunciaban en su cadena de honestidad durante la mañana, tarde y noche.
Hoy les regresa todo. Una mediática les paró un espejo enfrente y reaccionaron corporativamente, ajustándose, con razón, a la presunción de honestidad. Pusieron, esta vez, a la Justicia delante. Bienvenida sea esta solución. Con la Justicia siempre. Ella es la que debe condenar con las pruebas en su haber o desestimar si se trata de difamaciones, esas que tanto se encargaron de diseminar durante mucho tiempo. Y que esto les permita, también, alzar sus voces y poner sus plumas en defensa de gurises inocentes, que terminan nuevamente siendo las víctimas principales y silenciadas en todo este cambalache.

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