Hoy por hoy
Miércoles 17 de Enero de 2018

La gran prensa y el Papa en Chile

La gran prensa nacional parece estar descolocada frente a la presencia del papa Francisco en Chile, tan cerca de Argentina pero a la vez en un escenario diferente. Ayer, cuando el Obispo de Roma se refería a los abusos sexuales cometidos por curas, durante un encuentro con religiosos en la Catedral de Santiago, la tevé pública ponía al aire una película en blanco y negro, de no menos de 60 años, sobre unos tangueros; y TN -el canal oficial políticamente hablando- comparaba los precios de veraneo en Mar del Plata con los de Miami.
Parece que el Papa argentino no es tan noticia, pese incluso a que se lo podría haber castigado mediáticamente a la luz de las dificultades que tiene Bergoglio para manejar el tema de los curas pederastas. Ayer -se sabe- el obispo de Osorno, Juan Barros, acusado de haber encubierto los crímenes del pedófilo Fernando Karadima, participó de la misa campal en el parque O'Higgins, en Santiago, y eso le valió numerosas críticas al sumo pontífice. Incluso la esposa del expresidente Eduardo Frei, Marta Larraechea, salió a explicar que no le cree nada al jesuita argentino. En ese parque las fuerzas de seguridad tuvieron que dispersar con agua a los numerosos manifestantes que le reclamaban al Papa que, además de hablar, hago algo concreto con los pedófilos y sus protectores, como el obispo Barros.
Sin embargo, el grueso de las crónicas de los medios argentinos, especialmente las televisivas, hacen hincapié en nimiedades como que los chilenos reciben bien a los argentinos, o que "no todo Chile con los shoppings y el Zapallar, como nos habían vendido; sino que también hay sectores muy pobres", según explicó Mercedes Ninci.
Más allá de la valía que tiene lo hecho por Papa en varios aspectos de su apostolado; parece que a la gran prensa nacional -y a nosotros los provincianos por efecto cascada- le cuesta reconocer la preponderancia del Papa en el mundo y el peso de su prédica. Ya sea que hablemos del medio ambiente, del proceso de paz en Colombia, de lo hecho para atenuar la confrontación entre países con poderío nuclear, del trabajo para visibilizar y proteger a los migrantes, de su preocupación por los jóvenes y -justamente en Chile, pero al igual que en todos los otros países donde ha estado - por el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios.
Hay medios de comunicación nacionales (porteños) que le dedicaron más tiempo a paneles y debates sobre por qué el Papa no viene a la Argentina, que a la cobertura de su visita al hermano país de Chile. Demás está decir que esos debates mezclaban conjeturas, sandeces, y mandados políticos sazonados por dosis de falta de respeto a la trayectoria y personalidad del Papa.
Incluso una de las dos Fiscales de la Patria, Mirtha Legrand, le reclamó al Papa "como católica prácticamente" una visita al país y que deje de recibir a Juan Grabois, el líder de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, con quien Berboglio trabaja desde hace décadas. Con quien se va a reunir, sino con sus colaboradores de siempre.
En fin, parece que resulta más sencillo querer usar al Papa para los temas domésticos que verlo -e incluso criticarlo- en su verdadera dimensión. Decir, por caso, que no viene al país por una supuesta distancia con el presidente Macri, cuando en realidad tampoco vino durante el gobierno anterior. O suponer que en Roma se tejen operaciones políticas contra el gobierno.
Hoy el Papa argentino estará en Temuco con las comunidades de aborígenes (mapuches) y seguramente abogará por el reconocimiento de sus derechos, incluido el de la tierra. Seguramente lo que diga no será del agrado de un gobierno que tomó a un grupo de mapuches como excusa de una política represiva y de entrega de la soberanía en la Patagonia a capitales y potencias militares extranjeros, como lo es el gobierno argentino. Y seguramente a Bergoglio volverá a criticarlo buena parte de la prensa nacional, pero siempre desde el mismo punto de vista, el de los intereses locales.

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