FMI
Domingo 28 de Enero de 2018

Argentina, FMI y una historieta eterna

Como si no hubiésemos pagado con sangre, sudor y lágrimas las recetas que nos asestaron y que nos llevaron a recurrentes y dolorosas crisis políticas, sociales y económicas, volvemos a sumergirnos una vez más en ese pasado.

Un eterno déjá vu. Las noticias reproducidas en las distintas plataformas mediáticas acerca de las imposiciones que marca el Fondo Monetario Internacional (FMI) al país, nos retrotrae inevitablemente 50 años atrás.

Como si no hubiésemos pagado con sangre, sudor y lágrimas las recetas que nos asestaron y que nos llevaron a recurrentes y dolorosas crisis políticas, sociales y económicas, volvemos a sumergirnos una vez más en ese pasado.

Sus consejos, los de siempre, han vuelto a la primera plana de diarios y medios digitales "serios", repetido también por los radiales y televisivos, estudiosos y abnegados analistas políticos y económicos, y tomados como referencia para saber si el país va bien, o va mal.

"La inflación seguirá retrocediendo si hay moderación salarial", salió a decir esta semana el organismo internacional. Apenas iniciado el año, en la primera semana de enero, había dicho también que el peso argentino estaba sobrevalorado en un rango de 10% a 25%, y que para alcanzar el equilibrio de las cuentas externas, el dólar tenía que ubicarse en 22 pesos.

En diciembre de 2016, en su Reporte N° 16/346, elevó al país las propuestas de cambios para el régimen previsional, que finalmente se sancionaron casi un año después. También aconsejó eliminar barreras de comercio exterior y desarrollar los mercados de capitales locales; y llevar adelante una reforma de la legislación laboral.

Se pueden repetir hasta el cansancio, centenares de recomendaciones del FMI en las últimas semanas, meses y años. El punto es si no se aprendió de los errores del pasado, o si seguimos envuelto en el falso dilema de "Sin el Fondo no se puede vivir, con el Fondo tampoco".

Ya en los años 60, el FMI condicionaba el progreso soberano de un país. Esa situación fue caricaturizada en la célebre Mafalda –escrita por Quino en aquellos años–, que no pierde estricta realidad. La referencia muestra a Mafalda cuando quiso ser astuta ante un pedido de su madre, diciendo que ella era Presidente y que no tenía que obedecer a nadie, y su madre, marcándole su superioridad, le respondió que ella era el FMI, para marcar la diferencia de rangos, importancias y supremacías ya reconocidas por entonces.

En los años 70, y 80, el escenario social estuvo marcado por una consigna enarbolada desde el campo popular, que se repetía en cuanta movilización o grafitti en paredes era posible. Ese emblemático eslogan era un grito que clamaba interpelar a la opinión pública, para advertir el impacto negativo del FMI al entrometerse en asuntos internos del país.

El "Paz, pan y trabajo, el Fondo al carajo" también era acompañado por el "No pago de la deuda xterna". Ambas fueron referencias de varias generaciones. Pasó mucho tiempo, hubo nuevos y más apasionados romances con el organismo multinacional del país en estas décadas pasadas, como en los años 90.

"El no pago de la deuda externa" festejado en 2001 resultó a todas luces un camino equivocado. Años más tarde, la toma de decisiones soberanas y autónomas marcó distancia con el FMI. El organismo obró lo que Argentina le adeudaba, y también dejó de ser fuente de decisiones para las medidas estraté gicas de la economía.

Atrás quedó entonces la receta repetida de ajustes y recortes de "gastos" para que cierren las cuentas fiscales cada año. La política argentina, para bien o para mal, soberanamente tomó las riendas de la economía argentina. Pero el aislamiento del país en el mundo, en los últimos años, llevó a un déficit para acceder a financiamiento, a créditos internacionales.

Entonces, una vez más la solución parece ser ceder las riendas del andamiaje del país; una vez más, los consejos del FMI toman dimensión de verdad revelada. Tan archiconocidas como sus recetas, son sus inevitables consecuencias sociales a mediano o largo plazo.

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