Secciones
Honduras

Tras el paso de los huracanes, Honduras y Guatemala piden ayuda a la ONU

Los dos jefes de Estado aseguran que Centroamérica es víctima del calentamiento global producto de la industrialización.

Martes 24 de Noviembre de 2020

Guatemala.- Cuando el huracán Iota avanzaba por el Caribe y comenzaba a cebarse con el archipiélago colombiano de San Andrés y Providencia, varios presidentes centroamericanos se reunían de emergencia con la directiva del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). No habían pasado ni dos semanas desde que Eta, un ciclón que llegó a alcanzar la categoría 4, dejara más de 260 muertos y un rastro de destrucción de viviendas, infraestructuras y cultivos a su paso por Honduras, Guatemala y Nicaragua, y otra tormenta todavía más potente los amenazaba de nuevo.

Entre frustrado e impotente, el mandatario guatemalteco lanzó la voz de alarma en ese encuentro: Centroamérica “se ha convertido en la región más vulnerable a los cambios climáticos producto de lo que los grandes países industrializados le han hecho al mundo y nosotros lo estamos sufriendo”, alertó Alejandro Giammattei al pedir acceso “inmediato” al Fondo Verde del Clima, un mecanismo de la ONU para ayudar a las naciones en desarrollo a combatir los efectos del cambio climático. “No nos parece justo que tengamos que seguirnos endeudando para reconstruir nuestros países, la infraestructura y los daños ocasionados a la agricultura”, añadió.

“Hoy más que nunca el pueblo centroamericano los necesita (a los fondos de la ONU)”, le secundó su homólogo hondureño Juan Orlando Hernández. “Y recuerden que su razón de ser es el reconocimiento de los países industrializados de que ellos son causantes de este fenómeno y nosotros somos las víctimas”. Mientras los presidentes hablaban, en la región comenzaba la evacuación de miles de personas ante la amenaza de Iota. Muchos tuvieron que dejar sus hogares cuando aún trataban de recuperar sus enseres entre los escombros tras el azote de Eta. La trayectoria proyectada del nuevo huracán, similar a la del primero, suponía un mayor riesgo de deslaves e inundaciones en las áreas que ya tenían los suelos saturados, como se comprobó tras su paso.

Todavía es pronto para hacer un control de los daños, porque buena parte de la región aún sigue en emergencia por el impacto de Iota, pero el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Mauricio Claver-Carone, estimó el viernes en una reunión con las autoridades centroamericanas que los dos ciclones dejaron a unos 4 millones de afectados, además de unas 400.000 personas en albergues y pérdidas económicas que podrían alcanzar los 5.000 millones de dólares. “Como nunca antes, se nos juntan tres fenómenos letales que dejan a Honduras en una situación de calamidad”, lamentó Hernández en esa reunión en la que también participaron los presidentes del BCIE y del Banco Mundial (BM).

Reconstrucción resiliente

“Ha tomado por sorpresa la severidad y frecuencia de estos fenómenos. Estadísticamente esto jamás nos había pasado. El cambio climático nos está causando un daño muy serio, muy grave”, reconoce en entrevista con El País el presidente del BCIE, el hondureño Dante Mossi. El directivo escuchó el lunes las demandas de los presidentes centroamericanos que le mostraron su preocupación por tener que seguir endeudándose para construir infraestructuras que acaban siendo dañadas por fenómenos climáticos como los huracanes y su frustración porque la comunidad internacional no reconozca que están sufriendo en mayor medida que otros países los efectos de la degradación del medio ambiente.

“América Latina es de las regiones que menos apoyo financiero recibe del Fondo del Clima. Se ha mencionado que el sudeste asiático es el más vulnerable, pero ellos (los presidentes) dicen: ‘Bueno, vengan acá a Centroamérica, y se van a dar cuenta de que somos la región más vulnerable porque año tras año la pregunta no es si vamos a recibir un huracán, sino quién lo va a recibir. La frecuencia y la intensidad de estas tormentas ha aumentado”, explica Mossi. Su organismo se ha comprometido a ayudar a estos países a presentar sus solicitudes para recibir asistencia del Fondo Verde en la próxima sesión de ese organismo de la ONU que sesionará en marzo de 2021, además de reorientar una cartera de 2.500 millones de dólares que tiene disponible el BCIE para obras de infraestructura, represas y construcción de vivienda social en zonas donde no haya peligro de inundación. También se ha ofrecido a trabajar de la mano con el BID y el BM y a servir de administrador para ejecutar proyectos de donantes públicos y privados que estén interesados en cooperar en la reconstrucción, para que estos tengan garantías de que las ayudas llegan a quienes las necesitan.

“Es factible que la reconstrucción sea financiada a través de los fondos verdes, pero deberían ser utilizados para desarrollarnos de mejor manera”, apunta por su parte desde Guatemala Ana Victoria Rodríguez, oficial de Cambio Climático de la organización ecologista World Wildlife Fund (WWF). “Si nosotros seguimos desarrollándonos de la misma manera, vamos a seguir teniendo los mismos problemas. Lo que los países tienen que hacer es cambiar la forma del desarrollo”.

Su organización defiende el concepto de la adaptación basada en ecosistemas y la reconstrucción verde, es decir entender los procesos de la naturaleza y los diferentes escenarios posibles para no repetir errores.

¿Una nueva ola de migrantes climáticos rumbo a EE.UU.?

Estados Unidos podría recibir una ola de migrantes climáticos, familias completas que perdieron todo que ven el norte como una salida.“La gente no tiene nada que perder: si han perdido su casa, su cosecha y no hay ayuda, no queda más alternativa que migrar. Es una consecuencia esperada si no se toma una acción rápida”, sostiene Dante Mossi. En esta complicada ecuación entra también la seguridad alimentaria, como apuntó el portavoz del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, Tomson Phiri. Según adelantó, las continuas inundaciones en Guatemala, Honduras y Nicaragua afectarán a las cosechas y ejercerán una gran presión sobre los agricultores de subsistencia. “Aunque todavía es temprano, está bastante claro que esto extenderá la emergencia incluso hasta mediados de 2021, añadió la semana pasada. En ese sentido, Ana María Rodríguez, de WWF, apunta que se deben buscar alternativas enfocadas en la adaptación que garanticen la seguridad alimentaria de la población para que no tengan que migrar. “Por ejemplo, hemos encontrado en Huehuetenango (Guatemala) comunidades que están trabajando en bancos de semillas promoviendo que el fruto del maíz sea un grano más intrincado, lo que permite tener más granos por mazorca”, explica. Eso, dice, será “clave para asegurar que las personas puedan quedarse en sus territorios contando con esa producción de subsistencia”.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario