El Mundo
Miércoles 10 de Abril de 2019

Netanyahu y Gantz, virtualmente empatados en los comicios de Israel

Sin resultados oficiales a la vista, tanto el primer ministro como su rival se adjudicaron el triunfo basándose en sondeos de boca de urna

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, no ganó ayer las elecciones generales como esperaba, pero la mayoría de los sondeos de boca de urna pronosticaban que su partido y sus aliados de derecha alcanzarán la mayoría necesaria en el parlamento para formar gobierno y garantizar su quinto mandato consecutivo.
En las elecciones más reñidas desde hace una década, los pie de urna apuntaban a un empate técnico. El derechista Netanyahu y su rival centrista, el ex general Benny Gantz, obtendrían cerca de 36 de los 120 escaños del Parlamento, que quedaría muy fragmentado entre otra decena de partidos.
Algunos medios televisivos asignaban 37 diputados a la alianza Azul y Blanco de Gantz frente a los 33 del jefe de Gobierno saliente.
Sin resultados oficiales a la vista y con el escrutinio en ciernes, tanto Netanyahu como Gantz se apuraron a festejar a la medianoche y anunciar sus respectivas victorias.
"El bloque de derecha liderado por Likud obtuvo una clara victoria. Agradezco a los ciudadanos de Israel por confiar en mí. Comenzaré a formar un gobierno de derecha con nuestros socios naturales esta noche", escribió el primer ministro en su cuenta de Twitter, mientras en su bunker electoral reinaba un clima de cautela.
Gantz, por su parte, apareció al frente de sus seguidores en su bunker electoral, donde primaba un humor mucho más festivo, y gritó: "Ganamos, el pueblo de Israel habló".
Poco después, en su discurso de cierre de la jornada electoral y frente a seguidores sonrientes y optimistas, reiteró: "En las elecciones hay ganadores y perdedores y nosotros somos los ganadores."
Además, adelantó que "en los próximos días" hará "lo necesario para formar gobierno", lo que implicará intentar atraer a alguna de las fuerzas ultranacionalistas y religiosas que conformar el llamado bloque de derecha que lidera Netanyahu.
Tanto Netanyahu como Gantz eligieron el sondeo de boca de urna que más le convenía.
De los tres sondeos que realizó y publicó la televisión local, dos de ellos le daban al premier y a sus aliados ultranacionalistas y ortodoxos una mayoría absoluta del Knesset (parlamento) de entre 64 y 67 bancas, por encima de los 61 diputados que necesita para formar gobierno. Según esos dos boca de urna, Netanyahu empató con Gantz o perdió la primera minoría por apenas una banca.
Gantz, en cambio, se basó en la tercera encuesta de boca de urna que le dio la ventaja clara de 37 bancas contra 33 de Netanyahu y dejó al premier a un diputado la mayoría parlamentaria necesaria.
Lo cierto es que las diferencias entre los boca de urna y los festejos simultáneos de Netanyahu y Gantz crearon un clima de incertidumbre que recién se disipará hoy o en los próximos días, cuando los resultados finales oficiales definan.
Desde que el premier decidió adelantar los comicios generales a finales del año pasado para conseguir una base aliada en el Knesset más amplia, estas elecciones se convirtieron en una suerte de referendo sobre su continuidad.
En el medio de la campaña, tres ex comandantes del ejército, liderados por Gantz, y el experiodista y exministro Yair Lapid sorprendieron al forjar una coalición que podría amenazar la década en el poder de Netanyahu, quien contestó aliándose con partidos de extrema derecha, que hasta ahora habían quedado afuera de sus gabinetes.
La tensión escaló a lo largo de toda la campaña.
El premier, el protagonista incuestionable de la vida política de Israel de los últimos años, votó temprano y luego se fue a la ciudad mediterránea de Netanya, al norte de Tel Aviv.
"Estoy acá en la playa y hay mucha gente acá. Pero si ustedes se quedan en la playa y no van a votar, entonces se levantarán mañana con Yair Lapid encabezando un gobierno de izquierda", aseguró el premier frente a algunas personas en malla y varios periodistas.
Poco después, canceló un viaje que tenía planeado a Ashdod, en el sur del país, para volver a Jerusalén y "salvar a la derecha", según afirmó en una transmisión de último momento que hizo a través de la red social Facebook.
La gran incógnita es cuántos partidos más pequeños –tanto ultranacionalistas, religiosos ortodoxos como palestinos o de izquierda– logren superar el umbral electoral del 3,5% e ingresen al parlamento.
Aunque sumen sólo tres o cuatro bancas, su ingreso o exclusión del Knesset pueden terminar siendo claves para formar de la próxima coalición de gobierno.




"Salid del agua y votadme, sino despertaréis con un gobierno de izquierda"

Con las escuelas, fábricas y oficinas cerradas, muchos israelíes se dirigieron ayer hacia las playas en uno de los primeros días cálidos y soleados tras un invierno inusualmente largo en Oriente Medio.
"Salid del agua y votadme", fue el mensaje que lanzó el primer ministro Netanyahu a quienes sacaban partido de la semifestiva jornada electoral en una playa de Netanya, al norte de Tel Aviv. El líder del Likud prosiguió su campaña hasta el último minuto. "Si queréis que sigamos gobernando el Likud y yo tenéis que ir a los colegios electorales antes de venir a la playa", recriminó a los bañistas, "o mañana os despertaréis con un primer ministro de izquierda".
Netanyahu, de 69 años, en el poder de forma ininterrumpida desde 2009 y acosado por los escándalos de corrupción, regresó a primera hora de la tarde a Jerusalén y reunió a su equipo de crisis electoral. Luego dio su habitual campanada para movilizar a los indecisos de la derecha. Si en 2015 la voz de alarma fue el mensaje de que los árabes estaban votando "en manadas" frente a la abstención de los judíos, esta vez el grito de aviso fue la posibilidad de un vuelco izquierdista.
El exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el teniente general Benny Gantz, de 59 años, no es el izquierdista que describió Netanyahu sino un centrista moderado, partidario de una negociación con los palestinos que apenas altere el statu quo de la ocupación y poseedor de una cierta conciencia económica y social, frente al neoliberalismo que caracteriza al Likud.
Mientras el primer ministro parece contar en principio con el apoyo de más de 60 diputados para forjar una coalición gubernamental, su rival centrista no alcanzaba anoche la mayoría absoluta.

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