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Crisis institucional en Venezuela

Maduro adelanta la Navidad para maquillar la crisis socioeconómica

"Somos felices en la Venezuela bella. Por un lado el trabajo y el estudio, por el otro la rumba" clamó el insólito presidente chavista

Sábado 02 de Noviembre de 2019

Acorralado por la crisis y el temor a que la ola regional de descontento golpee también a Venezuela, el régimen chavista que preside Nicolás Maduro decretó el adelantamiento de la Navidad. Desde la noche del 1º de noviembre, Venezuela vive oficialmente en Navidad. El mandatario hizo el insólito anuncio por cadena nacional de radio y televisión, con un pesebre de fondo. “Que se prepare todo el pueblo de Venezuela, la clase obrera, los trabajadores, todos los gobernadores y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Somos felices, la Venezuela bella, la que sí puede. Por un lado el trabajo y el estudio, y por otro la rumba (fiesta)”, clamó un sonriente Maduro para anunciar que Venezuela adelantaba oficialmente la Navidad. Venezuela, sumida en la peor crisis social y económica de su historia, con hiperinflación desde hace años, desabastecimiento crónico de alimentos básicos y medicinas, es “feliz y bella”, según el chavista Maduro y por eso adelanta las navidades.

El sorprendente anuncio forma parte del plan ideado por el chavismo para inmunizarse ante el efecto contagio de las protestas en la región. Además de las “Navidades Felices”, como se denominan, herederas directas de la “Chavidad” inventada por Hugo Chávez al final de su mandato, el régimen de la autodenominada “revolución bolivariana” ha desplegado una batería de acciones para apaciguar los ánimos: más persecución política y amenazas contra diputados opositores y contra el entorno del presidente interino designado por el Parlamento, Juan Guaidó, además de usar las negociaciones con pequeños grupos opositores para profundizar las diferencias entre los contrarios al chavismo.

Un viaje de Maduro a la ciudad de Baku, sobre el Mar Caspio, para entregar la presidencia de los Países No Alineados (“¡Llegué victorioso!”, resumió Maduro al bajar del avión) y las protestas en América Latina, han provocado esta euforia presidencial. “Nos emociona que los pueblos en las calles digan ‘constituyente’. Sabemos que es el camino de América Latina, la democracia participativa y la libertad de los pueblos”, confesó el autodenominado “hijo de Chávez”, quien en 2017 impuso una Asamblea Constituyente para bloquear al Parlamento democráticamente elegido en diciembre de 2015.

Pero una cosa es el fantasioso plan bolivariano y otra muy distinta la realidad. “¿Navidad? Aquí no tenemos nada que celebrar, si ni siquiera tenemos esperanza”, resume la kiosquera Alsira G. en el barrio caraqueño de Santa Mónica, de una clase media que subsiste a la caza de los dólares en un país que de hecho ha perdido su moneda nacional, el “bolívar fuerte”, despreciado aún en montos millonarios. Hasta las “hallacas”, el plato navideño favorito, se comprarán este año con dólares. Maduro ha anunciado una inversión de 11 millones de euros para la importación de perniles de jamón, otra de las liturgias gastronómicas de los venezolanos. Entre 2015 y 2018 el “presidente pueblo” ha fallado estrepitosamente en la distribución navideña de los perniles, acusando a EE.UU., Colombia y hasta al gobierno de Portugal de su propio fracaso.

El líder chavista también ha anunciado la entrega del bono “Venezuela Victoriosa” para los “patriotas” que poseen el carné de la patria, herramienta de control social tomada del modelo cubano. Los elegidos recibirán 75.000 bolívares, algo más de 3 euros al cambio.

Maduro intenta anestesiar la realidad con promesas, mientras en paralelo persigue ferozmente cualquier signo de rebeldía. El diputado opositor Juan Pablo Guanipa ha pasado a la clandestinidad tras ser acusado de ocho delitos y convertirse en el parlamentario número 20 a quien se arrebata su inmunidad. La batería de acusaciones es muy bolivariana: traición a la patria, conspiración, instigación a la insurrección, rebelión civil, concierto para delinquir, usurpación de funciones e instigación pública a la desobediencia de las leyes y al odio.

Guanipa es el líder opositor en el Estado petrolero de Zulia, donde se vive más cerca de la Edad Media que del siglo XXI. Esta región fronteriza con Colombia sufre apagones constantes, un problema que se multiplicó desde marzo y que incluye racionamientos por horas y bajas del voltaje. Las fallas son continuas en el servicio del agua, los teléfonos funcionan a duras penas y las colas kilométricas ante las gasolineras se llevan días de la semana de los venezolanos, ya resignados hace años a hacer filas interminables para todo. Las pocas industrias que trabajan lo hacen como si se tratara de servicios mínimos y los comercios muestran sus escasas mercancías solo unas horas al día.

Un panorama que supera por mucho la realidad que ha provocado protestas en otros países de la región. Pero la represión chavista, que dejó al menos 125 fallecidos entre los manifestantes en la ola de protestas de 2017, y la constante acción represiva de los servicios de inteligencia y los paramilitares “colectivos” han inyectado el miedo. De contar Venezuela con una democracia medianamente normal, Maduro habría sido destituido hace años. Pero el régimen es de hecho una dictadura: las elecciones de constituyentes de 2017 y de presidente de 2018 fueron fraudulentas, y por eso no fueron reconocidas por 56 países, la OEA y la UE, que sí reconocieron a Guaidó.

La última encuesta de la firma Consultores 21 revela que el 81% de los venezolanos cree que hay razones para protestar. Y muchos lo hacen, pese a todo. Esta semana las enfermeras en huelga fueron reprimidas por los paramilitares, armados y dispuestos a disparar. El paro de los profesores fue seguido en el 85% de las escuelas, lo que ha provocado que el oficialismo confeccione la lista de los maestros rebeldes. “A los guarimberos (manifestantes) guaidosistas (seguidores de Guaidó) lo que les queda es la cárcel”, amenazó Maduro, quien a la vez no duda en denunciar a las policías de Ecuador y Chile por su faena represiva, mínima si se la compara con la represión bolivariana. En Bolivia también cambia el guión: “Evo está enfrentando un golpe de estado oligárquico-imperialista. ¡Pueblos del mundo, a levantar sus voces en apoyo de Evo!”.

 “La situación social está en fase de pre-ebullición y esto lo saben perfectamente el gobierno y, especialmente, las fuerzas armadas”, asegura el politólogo Piero Trepiccione. “Este viernes, sábado y domingo vamos a arrancar con rumba (fiesta)”, prometió Maduro para dar inicio a sus “Navidades Felices”. Una fiesta fantasma en un país que resuelve la comida de cada día a golpe de inventos, como si fueran cubanos, pese a contar con las mayores riquezas en petróleo, oro y diamantes de todo el continente.

La inflación no da tregua

La inflación acumulada de 2019 en Venezuela se situó hasta septiembre en 3.326%. El indicador interanual alcanzó el 50.100,3 %, de acuerdo con el diputado opositor Alfonso Marquina. Septiembre cerró en un 23,5%, luego del 65,2% de agosto. Según las cifras oficiales del Banco Central (BCV) la inflación de septiembre fue del 52,2%, un salto con respecto al 34,6% de agosto y el 19,4% de julio. Entre marzo y julio, el Parlamento registró el índice por debajo del 50%: técnicamente Venezuela había salido de hiperinflación, pero resultó algo temporal. El Parlamento empezó a ofrecer en enero de 2017 su índice de precios luego de que el Banco Central dejara de publicar la inflación y otros indicadores. El país cerró 2018 con una inflación del 130.060,2%, pero el Parlamento la estimó en un 1.698.844,2 %.

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